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¿Y si en vez de bombardear nubes dejamos correr al río Nazas?

Autor/a:  Héctor Esparza

Crédito de la fotografía: 

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¿Y si en vez de bombardear nubes dejamos correr al río Nazas?

Autor/a:  Héctor Esparza

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Este jueves 3 de julio ocurrió algo poco común en la Comarca Lagunera: una tormenta y dos propuestas. Una, del gobierno de Coahuila, plantea bombardear nubes para provocar lluvia. La otra, desde la sociedad civil, propone algo más básico: dejar correr el agua del río Nazas.

La lluvia intensa cayó sobre la zona metropolitana y acumuló más de 34 milímetros en apenas un par de horas. El evento colapsó vialidades, anegó colonias y dejó al descubierto una infraestructura urbana incapaz de absorber el agua. Pero más allá del caos momentáneo, la sequía sigue: la presa Lázaro Cárdenas, principal fuente de abastecimiento de la región, continúa apenas al 16 % de su capacidad. Aun así, de ella sigue saliendo agua tanto para riego agrícola como para el proyecto Agua Saludable para La Laguna.

Frente a este panorama, el gobernador de Coahuila volvió a poner sobre la mesa la idea de bombardear nubes con yoduro de plata, una práctica que en México se realiza desde los años cuarenta. La técnica busca inducir lluvias artificiales mediante la estimulación de formaciones nubosas.

Sin embargo, desde la comunidad científica, la evidencia que respalde su efectividad sigue siendo débil. La variabilidad natural de la lluvia es tan alta que resulta difícil atribuir con certeza los efectos de la siembra de nubes. Aun así, gobiernos estatales la promueven como una alternativa viable, aunque efímera.

Ese mismo día, Prodefensa del Nazas presentó una propuesta con un enfoque completamente distinto: restituir al río Nazas un caudal ecológico, es decir, permitir que parte del agua que se almacena en presas vuelva a correr por su cauce natural, no solo como símbolo de identidad regional, sino como mecanismo para restaurar el ciclo hidrológico.

La lógica es simple. Las nubes no surgen de la nada: se forman gracias a la evaporación del agua de ríos, lagos y vegetación. Cuando un río se seca o se canaliza, cuando se impide su flujo libre, se interrumpe también el ciclo que permite la formación de nubosidad y, eventualmente, la lluvia. Es contradictorio querer inducir lluvias mientras se impide el proceso natural que las genera.

A esta paradoja se suma un hecho relevante: en el padrón de concesiones de agua del río Nazas, no hay una sola asignación destinada al equilibrio ecológico. Todo el recurso está comprometido para usos agrícolas o, en menor medida, para consumo humano. Ninguna gota está pensada para el ambiente, los humedales, los ecosistemas.

Esta exclusión no es fortuita. Hay una resistencia histórica, basada en intereses económicos concretos, para mantener el río como un canal seco y controlado. Se argumenta que permitir su flujo podría generar hundimientos o afectar zonas habitadas. Sin embargo, los hundimientos ya existen y son producto de la sobreexplotación del acuífero. Y muchas de las zonas vulnerables se asentaron justamente en antiguos cauces, sin ordenamiento ni previsión.

Por otra parte, investigaciones recientes de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí han detectado trazas de uranio, además del ya conocido arsénico, en el agua subterránea que abastece a buena parte de la población. La causa es la misma: extracción continua sin recarga natural.

¿Y quiénes son los principales beneficiarios de este modelo? No el sector social ni los pequeños productores, que han visto disminuir sus superficies cultivables. Quienes sí mantienen el acceso a agua rodada y pozos profundos son las grandes empresas agroindustriales —las lecheras y las cárnicas— que concentran no solo la tierra, sino las concesiones y la capacidad de influir en las decisiones gubernamentales.

El problema no es que existan estos negocios. El problema es que se mantengan en un modelo insostenible, sin voluntad de adaptarse, sin asumir su parte en la crisis que enfrentamos.

En resumen, la propuesta de dejar correr al río no es romántica ni nostálgica. Es técnica, viable y urgente. Se trata de recuperar el ciclo natural del agua como base para una región sustentable. En lugar de mirar al cielo y disparar químicos en busca de lluvias inciertas, tal vez deberíamos mirar al suelo que pisamos y preguntarnos: ¿qué estamos haciendo para que aquí siga siendo posible vivir?

Este jueves llovió con fuerza, pero la sequía no se fue. Mientras tanto, el Nazas sigue ahí, seco, invisible, esperando que volvamos a verlo como lo que es: una fuente de vida.

One comment on “¿Y si en vez de bombardear nubes dejamos correr al río Nazas?”

  1. Efectivamente, esa idea de “aprovechar económicamente el agua” ha impedido pensar en la lógica recuperación del ecosistema. La avaricia se ha impuesto sobre la lógica

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