Crédito de la fotografía: 

Voracidad desde el aire

Autor:  Francisco Valdes Perezgasga

El siguiente artículo fue publicado en 2008 en la edición impresa de Nomádica, desde entonces poco o nada ha cambiado respecto a la distribución del agua en la Comarca Lagunera. La sobreexplotación del acuífero se mantiene y el contenido de arsénico en el agua se incrementa. La respuesta que dio el gobierno federal a esta crisis es el proyecto Agua Saludable para La Laguna, una iniciativa que repite el esquema que generó la crisis hídrica en la región y que elude el consumo excesivo de la industria lechera local (redacción).

Hace unas semanas tuve la oportunidad de volar desde la Ciudad de México al terminar el día. Los rayos del sol impactando a la Tierra con un ángulo bajo ayudan a realzar las características del terreno. No en balde los fotógrafos buscan siempre esa luz -la del inicio y la del final del día- pues es la que da los mejores resultados. Es una luz suave que realza al sujeto fotografiado. Desde el aire, repito, esta luz baja realza los rasgos más finos del paisaje. A diez mil y más metros sobre el nivel del mar, esta luz nos permite apreciar mejor el contorno de los cerros, los desniveles del terreno e incluso, los árboles del bosque.

Desde el aire vi varias cosas que nunca había visto en estos viajes de avión. Un enorme pozo en el sur de Zacatecas que luego supe era la mina abandonada de Real de Ángeles. Un cerro que proyectaba una sombra larga y aguda, como un puñal apuntando al oriente que luego pude identificar como el Cerro La Pichancha en los límites de San Juan de Guadalupe, Durango y Zacatecas. La sucesión de cerros que aparentan un tapete arrugado atravesados por el Aguanaval en el Cañón de la Cabeza, separando Torreón de General Simón Bolívar, separando a Coahuila de Durango. Luego los bosques de pino y encino de las majestuosas cumbres de Jimulco.

Cuando el avión brinca Jimulco, empieza un descenso más o menos abrupto hacia el aeropuerto de Torreón. En ese corto trayecto, menor a 30 kilómetros, pude ver no menos de doce megaestablos, auténticas instalaciones industriales para convertir eficientemente el verde forraje en blanca leche y en apestosa caca. Varios de estos megaestables, que alojan a miles de vacas, están en franca expansión. Se apreciaban con nuevos toldos ubicados sobre grandes extensiones desmontadas, listos a recibir a otros tantos miles de animales a las nuevas instalaciones. Desde el aire podía uno ver que esos animales aún no llegaban pues la tierra no adquiría aún el tono oscuro y sucio del estiércol. Probablemente estas vacas aún se encontraban en esos momentos a la mitad del Pacífico, en las entrañas de alguno de los múltiples barcos de carga que las transportan desde Australia y Nueva Zelanda hasta la Comarca Lagunera.

Ante la grave situación del agua en La Laguna, los megaestablos y los megaestablos en expansión existentes en toda la Comarca Lagunera y tan visibles esa tarde en ese pequeño rincón de Torreón y Matamoros, es un testimonio escandaloso ya no de la inconsciencia de la aristocracia lechera regional sino una demostración palpable de la estúpida voracidad que amenaza con cancelar la viabilidad de nuestras comunidades y que nos sume ya en la enfermedad y la muerte.

Por cada litro de agua que se filtra al acuífero, se extraen más de dos. Cambie el agua por pesos e imagine el acuífero por una alcancía de marranito y verá que las cuentas no salen. Si el marranito estaba pleno de monedas, llegará el día en que quede vacío. La ruina hacia la que nos llevan los ganaderos es cierta y total. Sin agua, nuestra comunidad de desierto que tanto nos enorgullece, perecerá. Toda. Sin agua no hay agricultura, ni ganadería, ni industria, ni comercio, ni servicios. Sin agua no hay vida y nos la estamos acabando.

Si atendemos a la pobre calidad del agua que bebemos, resulta que casi ya no nos queda agua para consumo humano. Me decía el Dr. Marcos Adrián Ortega de la UNAM, uno de los geólogos que más han estudiado el origen del arsénico en el acuífero lagunero: “En 1990 ustedes tenían una burbuja de agua potable rodeada de un mar de arsénico. Hoy, la burbuja está reducida a unos pequeños lunares que están desapareciendo con celeridad”. Todo apunta a que es la sobre-explotación del acuífero la que está provocando la creciente presencia del veneno. Concurren en esta apreciación la Comisión Nacional del Agua, la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua y diversas investigadores y universidades internacionales como la Universidad Leibniz de Hannover, Alemania, que han estudiado el problema del arsénico en el agua de La Laguna.

Si hemos de buscar responsables, la tarea no es difícil. De cada diez litros que se extraen del acuífero principal, nueve se usan en la agricultura, lo que el La Laguna significa decir al cultivo de forrajes. Esta responsabilidad apunta finalmente a la gran pirámide empresarial y corporativa cuyo ápice son las poderosas compañías lecheras. Lo verdaderamente intolerable, lo que está causando un malestar social que ya se está desbordando a las calles laguneras es que, de cada diez litros que la agricultura extrae, casi cuatro se extraen de manera ilegal. Sin embargo, aquellos que están en una posición de ser castigados por la ley, son hoy receptores de medallas presidenciales.

Te puede interesar | Encuentros con el Halcón de Patos

A pesar de la enorme gravedad de la situación, la complicada trama de intereses políticos y económicos ha hecho que la autoridad, en lugar de velar por el bienestar de la población, haya sido complaciente con los intereses de la agroindustria. Por ello es que ya entendimos que los ciudadanos activos tenemos que alzar nuestra voz y poner un alto a conductas que nos están enfermando y que están cancelando el futuro de nuestras comunidades.

Paradójicamente, los responsables de este desastre son también parte también de los afectados. En un diáfano caso de autogol ambiental y de salud pública, la leche lagunera está afectada por el arsénico. En un estudio publicado en 1997 pero con muestras de 1992, Irma Rosas, investigadora de la UNAM y sus colaboradores, encontraron que diez por ciento de las muestras de leche analizadas tenían niveles de arsénico inaceptables. Hoy, dieciséis años después la situación podría ser peor. De ahí que no pueda entenderse el boom lechero que experimenta ahora La Laguna, el que pude ver desde los cielos, sino en términos de la locura, la estupidez, la desvergüenza y la avaricia.

Otras colaboraciones de Francisco Valdes Perezgasga
linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram