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La luz a través del vidrio, Vitrales Montaña (Lux per speculum, maculatum vitrum Mons)

Autor/a:  Jesús Tovar

Crédito de la fotografía: 

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La luz a través del vidrio, Vitrales Montaña (Lux per speculum, maculatum vitrum Mons)

Autor/a:  Jesús Tovar

Crédito de la fotografía de portada: 

A continuación les comparto el texto que leímos debajo del vitral los Cuatro Elementos en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey Campus Laguna elaborado por Casa Montaña para presentar la conferencia de este taller y que fue moderada por un servidor y coordinada además por el Colegio de Arquitectos de la Comarca Lagunera, A.C.:

Como todos sabemos el arte del vitral tuvo un importante auge en la Edad Media en Europa y ha venido a estar presente en los edificios de todo el mundo desde esa época hasta nuestros días. En México siguen siendo pocos los artistas y los talleres que tienen el prestigio que tiene Casa Montaña.

Su diseño, fabricación y su instalación han sido reconocidos ampliamente en el país y son orgullosamente laguneros. Su obra aparece, por ejemplo, en el No.94 de Vitrales de la revista Artes de México que les invito a leer con detenimiento. En 1907 llegó de España Don Ramón su fundador de 15 años y en ese momento comenzó la historia de Casa Montaña. Al inicio fabricaban lunas francesas, biseles, vitrales y todo tipo de trabajo artístico con una escuela de origen europeo y ya para 1917 se establecieron en Torreón. Para el año de 1937 nació Don Gabriel que dirige el taller y hoy nos acompaña aquí.

Aunado a esto les quiero compartir que tengo varios años visitando (junto con arquitectos o practicantes) asiduamente el taller para aprender de estos grandes artistas y siempre hemos sido recibidos con mucho cariño y generosidad. Existe entre nosotros una admiración profesional y un respeto mutuo. Mi amistad con Don Gabriel y con Fernando comenzó con el diseño de las lámparas para algunos de mis proyectos de mi despacho, Tovarendón+Arquitectos. A partir de esa experiencia creamos una paleta de vitrales de colores que siempre utilizamos para sustituir en algunos casos el uso cristal claro tradicional en nuestras propuestas.

Los vitrales pueden agrandar o empequeñecer un espacio, pueden regular nuestro estado de ánimo gracias a los colores involucrados, darle un sello único a cada rincón de un edificio o simplemente nos pueden invitar a la oración. Una oración que puede ser espiritual o puede ser plástica. Aunque tradicionalmente los vitrales ha sido un arte figurativo en México un caso aparte fue el legado del artista alemán Mathias Goeritz que con sus famosos vitrales en la Catedral de Cuernavaca o los de la Capilla de las Capuchinas en Tlalpan nos legó una obra rebosante de una inspiración abstracta y expresionista.

“La mejor arquitectura siempre tiene una madre, la tierra (lo local), y un padre, el arquitecto, el creador, que se fecundan mutuamente y conciben juntos la verdadera obra” …como diría el gran maestro tapatío Ignacio Díaz Morales, creador de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara. Lo local en este caso es de una relevancia inaudita en nuestra profesión. La forma más inteligente de hacer Arquitectura es entonces privilegiando y procurando involucrar todos los recursos que tenemos cerca, los materiales y/o la mano de obra disponible. 

El taller de Casa Montaña es un taller que cuenta con la mejor mano de obra disponible en el ramo del vitral y que actualmente desperdiciamos pero que nos sigue esperando ahí. El gremio de arquitectos debería de aprovechar mucho más el trabajo del taller y aplicarlo en muchos detalles dentro de sus construcciones y aprovechar sus beneficios. Privilegiar el trabajo de Casa Montaña es valorarlo de verdad.

El trabajo de Fernando y de Gabriel Montaña ha sido profundamente influido por el maestro suizo Pellandini y el catalán Robleño creando en la Laguna una verdadera escuela que ya forma parte de nuestra identidad regional. Sus proyectos tienen la magia del vidrio usado como pretexto perfecto para incluir el color y el plomo que siempre nos emocionan, que siempre son significativos. Además ellos trabajan con la luz que es el único material gratuito que deberían de usar los arquitectos según nos dice el gran Alberto Campo Baeza en su Architectura sine luce nulla Architectura est (Arquitectura sin luz no es Arquitectura). Casa Montaña nos ayuda invitando a la luz a nuestra obra arquitectónica, su luz a través del vidrio (lux per speculum) que transforma el espacio, que lo muta…

Los arquitectos laguneros deberíamos de ser los primeros en apoyar a Casa Montaña con nuevas ideas, nuevas creaciones, nuevos detalles e innumerables proyectos con el uso del vitral que nos permitan regular y embellecer la luz solar que entra a todos nuestros espacios. Desgraciadamente por hacerle caso a las modas y también por simple y llana ignorancia, el uso del arte del vitral ha venido a menos pero habría que empujarlo mucho más como gremio y como sociedad para hacerlo renacer y renovar su impulso de acuerdo con los tiempos que corren. Tiempos de mayor valoración de lo local. El uso del vitral no es estático y podría evolucionar como lo ha hecho de ser un arte tradicionalmente figurativo y complejo a uno abstracto y muy simple.

El vitral además es un mecanismo ideal para el arquitecto para generar belleza y controlar la presencia de la luz del sol que siempre es excesiva en la región. Les invito no solamente que aprendamos más a fondo la obra de Casa Montaña sino también que visiten su sitio web para conocer con más detalle sus servicios y su apartado Vidriarte que es muy interesante. 

Finalmente y para emocionarlos más les leeré un texto breve muy especial, uno dedicado a este vitral llamado “los cuatro elementos” que podemos disfrutar simplemente girando nuestras cabezas hacia arriba. Espero les guste como a mí.

Los cuatro elementos de Francisco Amparán

Al principio fue el caos: Así lo describen casi todos los libros primordiales.

En el inicio fue el desorden, la turbulencia, un vórtice en el que se confundían los elementos primigenios: aire, tierra, agua y fuego. Luego estos fueron tomando el lugar asignado por el cosmos, encontrando la ubicación que los hiciera precisos, desarrollando las funciones que les permitieran ser creadores, conservadores y destructores: lo que ocurre con todo. El acomodo permitió la vida y el cambio, la muerte y el renacimiento, la floración y la decrepitud. El universo se volvió inmensamente diverso y se organizó de acuerdo a reglas maravillosamente sofisticadas y simples: F=ma, E=mc2, c2=a2+b2.Los elementos primigenios se combinaron para bailar al son de una música cósmica que resuena en todas las cosas, visibles o invisibles, vivas o inanimadas, virus o quasáres. Y el hombre desde que empezó a ser hombre, ha tratado de encontrar esa melodía, descifrar los ritmos ocultos, identificar las notas cosmogónicas que le permitan entender tan magníficos sonidos. Para ello han construido observatorios y satélites, bibliotecas y laboratorios: salas del concierto celestial, en donde se interpreta (en todos los sentidos de la palabra) el soberbio concierto de la creación. Estás en una de esas salas, Aguza el oído, indaga, busca e investiga y escucharás la música de las esferas, y como te murmuran al oído sus secretos el aire, el agua, la tierra y el fuego.

Muchas gracias y demos la bienvenida a nuestros amigos Fernando y Don Gabriel que vienen a mostrarnos su trabajo.

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