colaboraciones

Visión del Nazas

Autor/a:  Jesús Tovar

Crédito de la fotografía: Imagen creada por ChataGPT.

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Visión del Nazas

Autor/a:  Jesús Tovar

Crédito de la fotografía de portada: Imagen creada por ChataGPT.

El río siempre ha sido el detonador por excelencia de la vida. El padre Nazas al menos en nuestra ciudad luce muerto y apagado por muchas razones pero lo importante es que lo seguimos necesitando en el fondo de nuestro corazón. Haciendo una reflexión al respecto e imaginando cómo podría ser el aspecto de esta vía fluvial como arquitecto y urbanista podemos comentar e imaginar una solución.

Esa es una de las virtudes de nuestra profesión. Cabe la pena mencionar que el río Nazas se ubica en el límite entre los estados de Coahuila y Durango y su presencia une a estas dos entidades del norte de México estrechamente desde hace muchos años y hoy luce tristemente abandonado. Así quisiera verlo:

Sobre el vado del río o el lecho seco ya se cuenta con numerosos puentes de los cuales consideramos los más valiosos los que están construidos con estructura de acero y que son los más antiguos pasos existentes.

El puente metálico que sirve como paso de vehículos conocido como “el puente naranja” hoy en día es de color plata. Esta es una obra de ingeniería que bien podría ser restaurada y pintada nuevamente con su color original, naranja bermellón. Este color indudablemente es parte de nuestra identidad y se perdió por descuido y por ignorancia. Este puente es uno de los elementos que le dan mayor presencia y belleza al sector del río al menos en el área urbana. Por lo tanto el rescate de los puentes valiosos sería muy importante.

Además sería necesario sin duda un programa ambicioso de limpieza del lecho y de restauración del suelo, esto podría ser realizado por un calificado Ingeniero Ambiental y por la comunidad (o como algún día lo hicieron el grupo encabezado por Laguna yo te quiero) ya que el daño al ecosistema que actualmente hemos causado en el lecho es de tomar en cuenta antes de cualquier intervención. Es necesario saber hasta dónde podemos rescatar la flora y la fauna perdida de inicio. Es necesario además respetar el cauce original del río y no estrecharlo de ninguna manera para hacer proyectos dentro de su paso, eso es antinatural y es lo que actualmente tenemos. Esos proyectos no tienen futuro, no debemos nunca de retar a la naturaleza.

Imagino el lecho lleno de agua y vida y con corrientes y volúmenes controlados. Sería necesario contar con muelles para botes de mediano tamaño, lanchas pequeñas de pesca, recreativas o de transporte a la manera de “vaporetos”. Toda esta infraestructura se podría construir gradualmente en los laterales del río en una longitud por definir que puede ir desde el primer puente metálico para trenes hasta llegar a la “Puerta de Torreón” obra del afamado escultor Sebastián. Esta área sería la más importante a intervenir.

Este rescate del lecho no debería de ser un proyecto aislado y debería de ser parte de un proyecto integral y completo de metrópoli. No estoy de acuerdo con los “mejoralitos” que resuelven solamente una parte mínima del problema. Debemos de pensar en grande y al menos contar con el plan para el presente y para el futuro. Los puentes vehiculares existentes (con excepción de los metálicos) me parecen de nulo valor arquitectónico y urbano ya que son meramente funcionales (sirven para el paso de vehículos solamente) y no sirven para disfrutar de otras actividades a las que te invite un río caudaloso. Para ello propongo cerca de estos puentes unos puentes anchos y complementarios que llamo “puentes plazas” que son igualmente puentes pero con una anchura mayor a 15 metros. Estos puentes cumplirían con la función de ser centros urbanos y de encuentro además de que contarían con una infraestructura completa. Espacios para el desarrollo de actividades colectivas como exposiciones al aire libre, conciertos, mercados, espectáculos, entre otras innumerables actividades. Estos puentes buscarían detonar la vida humana encima del agua y lograr una comunión buscada con él por muchos años. En estos “puentes plazas” podrían circular personas en patinetas, patines, carriolas, sillas de ruedas, vehículos de pedales y muchos otros junto con la presencia del peatón, dueño absoluto de este espacio. Los coches no serían permitidos aquí ni ningún otro medio de transporte.

nazas

El río contaría con dos grandes paseos laterales hechos y diseñados para caminar, correr, platicar, para pedalear o para rodar. Los pavimentos serían de piedra bola para remitirnos a la presencia del agua en el río y para enfatizar su casi eterna existencia. Este paseo contaría además con la presencia de árboles gigantes en ambos lados de sus riveras. De esos árboles nuestros y exclusivos que se encuentran en las márgenes de nuestros ríos como ahuehuetes, nogales, entre otros. Flora endémica ya conocida y estudiada por expertos en la región. Los jardines no serían del todo verdes pero no dejarían de ser bonitos. Verdaderos jardines de desierto.

Estos árboles gigantes servirían para dar sombra y señalar la ruta que seguiría el paseo en toda su longitud. Además estos servirían como cortinas delimitantes con el interior de las ciudades. Estos paseos laterales y alargados por kilómetros tendrían plazas hundidas o plataformas en donde la flora existente podría ser complementada con cactáceas, suculentas o matorrales de desierto. El jardín de desierto contrastaría con la vida que ofrece el río pero sin competir con él, la vida de frente con la hostilidad. Además de estos paseos y como vasos comunicantes podrían surgir del río algunas acequias para alimentar fuentes o hilos de agua que saldrían de él para alegrar espacios pensados hacia ambos lados del caudal principal cruzando placitas, jardines, huertos, espacios deportivos, entre otros.

Para estos paseos es necesario restaurar y dignificar algunas fachadas presentes en ambos lados de las ciudades y para ello sería necesario hacer un estudio pertinente para que se realizaran algunos trabajos de rehabilitación y restauración a nivel de paisaje. Todo esto quedaría claro al realizar un recorrido al detalle por las zonas involucradas. La restauración se realizaría en lo posible en todas las fachadas vistas desde el río (incluso el recorrido se podría realizar en lancha). Estos paseos peatonales en horas de sol podrían ser protegidos en toda su longitud por portales como alguna vez lo sugirió mi colega tapatío Juan Palomar en su visita a la Comarca Lagunera. Los portales como andadores con sombra, con pérgolas y con plantas que minimicen el impacto del implacable sol sobre nuestras cabezas y asi poder disfrutar del río las 24 horas del día, incluso de noche. Caminar en el desierto podría ser nuevamente posible con recursos arquitectónicos como este y algunos otros más con los que contamos. 

El río sería un espacio ideal para deportes como el kayakismo, canotaje, lanchas deportivas, botes medianos y muchos más. Sus paseos laterales y los “puentes plazas” asegurarían la presencia masiva de los pobladores de ambos lados y servirían como espacios de amistad, de encuentro y reconciliación para los laguneros. Finalmente, habría en el sector de los paseos además un verdadero “homenaje a las nasas” en formas escultóricas variadas, murales, relieves y todo tipo de obra de arte posible inspirada en ella como parte del homenaje con nuestra historia. 

Esta gran área demandaría además un importante proyecto de iluminación especial que podría ser a base de sistemas de bajo consumo y de vanguardia  pero sin dejar de lado el fuego y la iluminación de colores cálidos para crear “ambientes de nostalgia” para quienes lo recorran. Una iluminación que evoque recuerdos con fachadas luminosas y espectáculos luminosos significativos en fechas especiales.

El proyecto integral debería de ser un homenaje al río y a sus antiguos habitantes. Muchos de las características del proyecto podrían partir de los antecedentes históricos de la región como la vida en los tiempos de la revolución, de los antiguos pescadores del río, de los gloriosos años cincuenta o sesenta, de la época de oro del algodón y otras de interés para los historiadores y los habitantes de la Comarca Lagunera. Este paseo también sería un “paseo didáctico” para personas de todas las edades y sin importar su diversidad y su origen. Un gran barco con superficie plana y de diseño muy especial (de madera, a la manera tradicional) podría recorrer el río vivo con la Camerata de Coahuila para dar "conciertos acuáticos" y para deleite de todos, gratis. El Río Nazas lo visualizo como una nueva “Venecia en el desierto”.

Podría ser un gran espacio dedicado a las artes como la música, el teatro, el arte urbano, el grafiti, la improvisación, el juego, el deporte, la charla. Un espacio ideal para impulsar la vida del sector industrial donde el río la encuentra para la promoción de productos y servicios a través de un paseo en donde todos tengan puestos sus ojos, incluso ojos con alcance internacional. Todo lo anterior fundamentado en un proyecto completo de ciudad en donde el área del Río Nazas solamente sea una parte de la solución. El río como oasis en medio del desierto. Desierto y agua como componentes clave, nos reconciliaríamos nuevamente con el desierto, con nuestra casa, seríamos otra vez lagartijas. 

El río Nazas sería un corazón renovado, fortalecido que por medio de vasos comunicantes alimentaria de vida al resto de las ciudades. El río sería el corazón de un organismo vivo, lleno de optimismo y de esperanza en el presente y en el futuro. Ojalá y un día mis ojos puedan ver al menos una pequeña parte de este sueño…

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