colaboraciones, colaboracion-de-jesus-tovar

Torreón, patrimonio destruido (Torreón, hereditas destructa)

Autor/a:  Jesús Tovar

Crédito de la fotografía: Medex

colaboraciones, colaboracion-de-jesus-tovar

Torreón, patrimonio destruido (Torreón, hereditas destructa)

Autor/a:  Jesús Tovar

Crédito de la fotografía de portada: Medex

Dedicado a Irma González de Rendón, mi ángel.

Siempre será una muestra de madurez tanto como persona y como sociedad el realizar frecuentemente una profunda reflexión de lo que hemos venido haciendo a través de los años. Aciertos y errores, buenas y malas decisiones. Esto aplica en todas las actividades humanas y nos permite hacer un alto para continuar mejorando a partir de la honestidad y la sinceridad de este ejercicio.

En el caso del papel que juega la sociedad lagunera y los arquitectos con respecto a sus edificios históricos o también llamado patrimonio histórico construido, dejamos mucho que desear. De hecho, estamos reprobados.

Las joyas de nuestra corona prácticamente ya no existen. Los laguneros hemos venido destruyendo muchas obras de gran valor histórico, artístico y arquitectónico que será casi imposible volver a construir. Solamente nos podremos conformar con seguir suspirando al ver las fotos de los tiempos idos.

Este texto busca crear una conciencia a partir de lo que venimos haciendo mal desde hace décadas y que nos invita a realizar una investigación más profunda sobre Torreón, patrimonio destruido (Torreon, hereditas destructa) y sobre todo ponernos en acción.

patrimonio destruido

Sin duda y desde principios del siglo XX podemos decir que somos verdaderos depredadores de patrimonio y no hemos tenido límite. El desconocimiento tiene un alto precio, seguimos creando un Frankenstein urbano. Mary Shelley estaría muy sorprendida.

Actuamos casi con toda la libertad, la impunidad e indiferencia. Con nulo sentido común. Todo lo anterior se ha venido dando por muy diversas razones (todas ellas sin justificación) y de alguna manera todos hemos compartido esta funesta y vergonzosa responsabilidad. Es deseable que en todas las ciudades se tenga un profundo respeto por sus edificios de valor. Aquellos que por su calidad de construcción, su estilo, su diseño, forjaron la imagen del Torreón bello. Nuestra urbe cuenta con un mosaico de arquitecturas cada vez más pequeño, mutilado o deformado. Nuestra identidad está desapareciendo ante nuestros ojos. En este ámbito tanto los ciudadanos como los arquitectos seguimos teniendo una complicidad silenciosa que nos debería de obligar a actuar en consecuencia y dejar de ser meros espectadores pasivos.

Es muy claro que el patrimonio destruido (o hereditas destructa) de nuestra ciudad refleja muchas cosas: Hay una clara negación y entendimiento del pasado, hay un desinterés en la restauración por desconocimiento o por ahorros mal entendidos, por ignorancia y por falta de cultura urbana, por falta de sensibilidad (que no te la enseñan en ninguna universidad, por cierto), por la costumbre arraigada de denostar nuestra propia historia, por un afán desmedido y equivocado por “remodelar” para “modernizar”, por el afán de hacer obra que resulta de calidad inferior a la demolida o destruida, por no saber la diferencia entre arquitectura y la vil construcción, por intereses inmobiliarios, por las superfluas modas y por esnobismo, por el mero afán comercial dando como resultado obras sin ningún valor arquitectónico, por mera corrupción, por trabajar sin ser acompañado por especialistas y por muchas otras razones… Hoy deberíamos de contar con obras de arquitectura de gran calidad pero pareciera que seguimos caminando para atrás.

Los laguneros no nos damos cuenta de que con estas demoliciones y obras malogradas solamente seguimos borrando de un plumazo nuestra memoria, nuestra historia y los recuerdos de una ciudad que era más bella que la actual. John Ruskin siempre ha tenido razón, la arquitectura siempre va más allá de la mera construcción. Contiene muchas cualidades implícitas e intangibles. Hay una profundidad y un significado en cada obra que no hemos valorado lo suficiente. Cada historia vivida, cada recuerdo, cada experiencia, cada momento que ha sucedido en cada uno de estos recintos ha desaparecido para siempre con estas acciones irresponsables y poco éticas. No estamos hablando solamente de ladrillos, hablamos de que cada uno de estos edificios guardan muchos de los rasgos de nuestra esencia que siempre están llenos de trascendencia, dentro de unas circunstancias y situaciones específicas e irrepetibles. La destrucción del patrimonio construido es la propia destrucción de una identidad que no terminamos de encontrar.

Sería muy recomendable que se revisara el catálogo de edificios históricos de la ciudad y que se analice la situación de cada uno de ellos. Les adelanto que nos vamos a decepcionar del prácticamente nulo interés que existe por mantener en buen estado este conjunto de más de un centenar. Cada edificio que forma parte de nuestro patrimonio representa además una oportunidad de negocio en el buen sentido (y no hablo de solamente hacer cantinas como se acostumbra). Un inteligente cambio de uso y el respeto por la identidad de cada uno mejorarían mucho la imagen urbana no solo del primer cuadro de la ciudad sino además del resto de la misma conservando su riqueza y variedad.

Siempre hago la analogía al decir que los edificios históricos son como las personas mayores o de la tercera edad, a estas personas se les debe de cuidar, de atender, platicar con ellas, limpiarlas, mantenerlas adecuadamente y no mandarlas cuando envejezcan a un asilo para mal morir. Con los edificios pasa lo mismo, debemos de atenderlos minuciosamente y no abandonarlos. Mantenerlos casi como originalmente fueron proyectados y construidos en el pasado. Deberían de ser lecciones de vida construida. ¡Pero seguimos haciendo todo lo contrario!

medex

Por lo pronto propongo que se catalogue lo destruido, que tengamos un registro fotográfico del edificio original y del edificio que fue construido después y se darán claramente cuenta de que estamos haciendo edificios peores y no mejores. Estamos dejando una serie de edificios de pésima calidad y diseño. Seguimos sin generar obras de arquitectura de calidad y en eso los arquitectos tenemos la mayor parte de la culpa. Entonces ¿Quiénes fueron los responsables de estas destrucciones y demoliciones? Tristemente les puedo decir que muchos de ellos han sido empresarios o comerciantes laguneros sin cultura. Porque una cosa es tener dinero y otra muy diferente es tener cultura. Desgraciadamente hay muchos ejemplos de demoliciones (nocturnas y de día) y destrucciones que nos llevaría mucho tiempo documentarlas y que hasta el día de hoy continúan ejecutándose. Habría que crear y aplicar un marco legal más rígido para impedir su ejecución (esperando no quedarnos sin edificios de valor antes de su implementación). No hay un solo caso de demolición de algún edificio histórico que haya sido superado en calidad, ejecución y valor arquitectónico por otro realizado en el mismo predio. Siempre son proyectos que nos terminan dando vergüenza, pena y tristeza.

¿Cómo podemos disfrutar una ciudad así? ¿Cómo podemos sentirnos orgullosos de ella? 

Es casi imposible y no deberíamos acostumbrarnos a la fealdad y vulgaridad…

Ni siquiera demoliendo y construyendo algo mejor se justifica ninguna destrucción de edificios de valor patrimonial. Lo que deberíamos de hacer es intervenir más frecuentemente en este tipo de proyectos de restauración, de involucrar profesionales con esta especialidad y de otras como historiadores, cronistas, ingenieros estructurales, entre muchos otros coordinados por un arquitecto capaz. Necesitamos formar todo un equipo interdisciplinario con capacidad probada y no dejar que gente sin preparación intervenga tan fácilmente solo por dar “barato”. También valdría la pena darnos cuenta de que quienes siguen interviniendo estos edificios en la ciudad no son profesionales con la complicidad de las autoridades y de la sociedad lagunera que lo sigue permitiendo. La ciudad la deberían de hacer profesionales con los conocimientos adecuados por su compleja problemática. Se podría crear un mecanismo que permita a los profesionales intervenir de forma más eficaz y asequible para hacer nuestras aportaciones una realidad, solo es cuestión de negociarlo con paciencia y con las partes involucradas.

Además de lo anterior es importante entender algunos conceptos básicos: Remodelar no es modernizar. No modernizamos destruyendo o modificando una obra con materiales “que están a la moda”, no. Remodelar en Torreón es destruir y desfigurar sin conocimiento. Lo imperativo es restaurar que es muy diferente a remodelar. Restaurar significa respetar la esencia, el estilo, los materiales, el método de construcción y algunas otras características del edificio. Restaurar significa afectar en lo mínimo lo existente. Claro que puede implicar un cambio de uso pero con una intervención moderada y utilizando sobre todo la razón (muy escasa en estos tiempos). El uso de la razón aunado al sentido común casi nos exigirá dejar casi como original cualquier obra y formar con este conjunto un legado bello, digno y lleno de significado. El patrimonio siempre alimentará nuestra identidad y nuestro sentido de pertenencia a nuestra región lagunera. Es una verdadera herencia construida para las generaciones venideras.

Debemos de aprender más con respecto a la conservación de los llamados centros históricos. No solo los especialistas tenemos esa responsabilidad sino además cada uno de los ciudadanos que viven aquí. Es parte de la cultura que todos deberíamos tener. Jane Jacobs podría ser un excelente faro en este sentido y en el resto del tema urbano. No olvidemos que la ciudad y las obras arquitectónicas reflejan nítidamente lo que somos. Así de simple. ¿Qué estamos reflejando hoy? ¿Cómo puedes amar lo que no conoces? ¿Pasaremos a la historia como la sociedad responsable del patrimonio destruido (Torreon, hereditas destructa)? A pesar de todo lo explicado anteriormente, la arquitectura seguirá siendo insobornable…

“La arquitectura es el testigo insobornable de la historia, porque no se puede hablar de un gran edificio sin reconocer en él el testigo de una época, su cultura, su sociedad, sus intenciones...” Octavio Paz.

Por lo tanto, ¡Será mejor que construyamos ya la ciudad anhelada (Optatam urbem)!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

magnifiercrossmenu linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram