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La línea que separa Kenia de Etiopía no sólo traza una frontera, si no la preservación de un país cuya identidad y costumbres han permanecido inalterables durante siglos. Etiopía, antigua Abyssinia, es el único país africano que, pese haber sido ocupado, nunca ha sido colonizado. Un hecho diferencial en un continente demasiado marcado por la influencia de las antiguas potencias europeas. Sus tradiciones, gastronomía, cultura, lengua y facciones de sus gentes hacen de él un país singular en el cuerno de África.