


Los socavones en La Laguna se intensifican. El socavón registrado esta semana en el ejido Guadalupe Victoria, en Matamoros, no es un hecho aislado. Forma parte de un proceso más amplio documentado por especialistas y analizado en trabajos periodísticos como los publicados por Voces Nómadas, donde se advierte que la región enfrenta un problema estructural de hundimientos del terreno.
De acuerdo con estas investigaciones, en la Comarca Lagunera ocurre un fenómeno conocido como subsidencia, es decir, el hundimiento progresivo del suelo debido a la sobreexplotación del acuífero. Estudios del Instituto de Geofísica de la UNAM señalan que cerca de 3 mil kilómetros cuadrados presentan este comportamiento, con descensos que pueden alcanzar hasta 13 centímetros por año.

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Este proceso genera vacíos en el subsuelo que, con el tiempo, pueden colapsar de forma repentina, dando origen a dolinas, abras o socavones como el ocurrido recientemente.
A ello se suma la dinámica del Río Nazas. Aunque hoy su cauce está regulado por presas como la Francisco Zarco y la Lázaro Cárdenas, el agua sigue infiltrándose en antiguos cauces —conocidos como paleocauces— donde el terreno es más inestable. En estas zonas, el flujo repentino de agua puede reactivar procesos de erosión interna.
Especialistas de la UNAM explican que la filtración del agua puede generar “tubificación”, es decir, pequeños conductos subterráneos que, al interconectarse, debilitan la estructura del suelo hasta provocar su colapso. (Ciencia UNAM)
En la región, este fenómeno ya ha dejado evidencia en distintos puntos. Trabajos documentados por Voces Nómadas refieren hundimientos en zonas como Mieleras, así como dolinas de gran tamaño en áreas agrícolas. Además, en años recientes se han reportado casos de socavones en La Laguna en la colonia Villa de las Flores, en Lerdo; en el ejido El Coyote, en Matamoros; y en el vado de Torreón, todos vinculados a la dinámica hídrica del Nazas.

El patrón de socavones en La Laguna tiene que ver con la combinación de la sobreexplotación del agua subterránea, sequías prolongadas y descargas repentinas en los canales y ríos que generan condiciones para que el suelo pierda estabilidad. Cuando el agua regresa, no solo fluye en superficie, también circula por debajo, erosionando estructuras invisibles.
El caso de Guadalupe Victoria, donde murió una persona, confirma este comportamiento. Aunque no afecta el canal principal ni el ciclo agrícola, sí evidencia un riesgo latente en caminos, parcelas y zonas habitadas.
Más que eventos aislados, los socavones en La Laguna son manifestaciones visibles de un sistema hídrico alterado, donde el equilibrio entre el río y el subsuelo se ha modificado durante décadas.