Semillas de relatos para sanar la Tierra

Por Daniela Cervantes

Esta iniciativa busca rescatar y difundir mitos, leyendas y cuentos tradicionales de todos los continentes capaces de transmitir lo que él llama una “visión del mundo sistémica”.

En medio de la crisis climática y de la incertidumbre que atraviesa nuestra época, un hombre ha encontrado en las viejas historias un camino para imaginar otro futuro posible. Se trata de Grian A. Cutanda (Valencia, 1957), escritor, investigador y activista que ha dedicado su vida a tender puentes entre la espiritualidad, la educación y la defensa de la naturaleza.

Con dieciocho libros publicados —ocho de ficción, siete ensayos y tres de poesía mística traducidos a catorce idiomas—, un doctorado cum laude en Educación Social y una larga trayectoria como psicólogo, actor y músico, Grian es también fundador de la ONG Avalon Project – Initiative for a Culture of Peace. Desde allí dirige un proyecto global que ha llamado The Earth Stories Collection o Colección de Historias de la Tierra.

Esta iniciativa busca rescatar y difundir mitos, leyendas y cuentos tradicionales de todos los continentes capaces de transmitir lo que él llama una “visión del mundo sistémica”. No se trata de un simple archivo literario, sino de un esfuerzo por recuperar la mirada ancestral que reconoce la interdependencia entre los seres humanos, los animales, las plantas, los ríos y las montañas. Una mirada que, según Grian, puede ayudarnos a sobrevivir a la crisis de extinción y al cambio climático.

En entrevista, lo explica con claridad: “Somos sistemas, estamos todos interconectados. El cuerpo humano es un sistema, el planeta Tierra es un sistema, la civilización es un sistema. Si la civilización se cae, tenemos un problema muy grave, porque sin el sistema completo se derrumba todo.”

La Colección de Historias de la Tierra nació como parte de su investigación doctoral en la Universidad de Granada y cuenta con la supervisión metodológica de la Universidad de Edimburgo. Hoy ya reúne más de 150 relatos y continúa creciendo. Lo revelador es que, al analizar científicamente su contenido, Grian descubrió que las culturas originarias de América conservan más elementos sistémicos que cualquier otra tradición del mundo.

“Las culturas originarias de las Américas son las que más componentes sistémicos tienen de todo el planeta. Son las que más necesitamos para desarrollar un pensamiento sistémico”, afirma. No es casualidad que el 6% de la población mundial que aún mantiene modos de vida tradicionales sea también responsable de preservar el 85% de los ecosistemas saludables que nos quedan.

El proyecto toma como marco ético la Carta de la Tierra, un documento internacional elaborado de manera colectiva y multicultural que propone principios de justicia social, económica y ecológica. Con ese horizonte, Grian y su compañera Marta Ventura trabajan para que cualquier persona pueda acceder libremente a las narraciones. Todas las historias se publican en internet bajo licencia Creative Commons y, poco a poco, también se han editado en papel.

La experiencia no ha sido sencilla. Varias editoriales se interesaron, pero a cambio de quedarse con los derechos de las historias, algo que los impulsores se negaron a ceder. Finalmente, decidieron autopublicar y distribuir a través de Amazon para garantizar que el material llegara incluso a bibliotecas en rincones remotos, como el Himalaya.

El sueño es ambicioso. Cuando la colección alcance las 200 historias, sus creadores planean solicitar a la UNESCO que sea reconocida como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Paralelamente, trabajan en la creación de un consejo internacional que dé respaldo al proyecto, con figuras como Donald Smith, del Scottish International Storytelling Festival, y con el apoyo de la propia Carta de la Tierra Internacional.

La visión a largo plazo es aún más poética. Grian habla de levantar una especie de “bóveda global de semillas culturales”, inspirada en la reserva de semillas de Svalbard, en Noruega. Allí se guardarían los relatos de distintas culturas para que, si nuestra civilización colapsa, las futuras generaciones cuenten con esas historias como guías para reconstruir un mundo en equilibrio con la naturaleza.

“Si nos vamos a la mierda como civilización, que queden las historias para construir una nueva civilización ya con una visión del mundo sistémica”, dice con contundencia.

La Colección de Historias de la Tierra también es un espacio de respeto hacia los pueblos originarios. Cada vez que se incorpora un mito, se pide permiso a la comunidad de origen y se evita toda forma de apropiación cultural. Incluso se ofrece la posibilidad de que sean los propios narradores quienes cuenten su historia en su idioma.

En tiempos en los que el relato dominante sigue siendo el del crecimiento económico y el consumo sin límites, proyectos como este recuerdan que las palabras también son semillas. Semillas capaces de recordarnos que dependemos de las abejas, de los bosques, de los ríos y hasta de los seres más diminutos. Que, como dice Grian, “o sobrevivimos todos, o no sobrevive nadie”.

Tal vez, volver a escuchar los mitos y leyendas que alguna vez guiaron a la humanidad no sea un gesto de nostalgia, sino un acto de resistencia y de esperanza.

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