Sarampión en México: una enfermedad del pasado que vuelve a ser tendencia

Por Editorial Voces Nómadas

El ser humano es su único hospedero natural, aunque se han documentado infecciones en algunos primates.

El sarampión en México y en el mundo vuelve a ocupar titulares, recordándonos que se trata de una enfermedad infecciosa altamente contagiosa que, pese a contar con una vacuna segura y eficaz, sigue representando un riesgo para la salud pública. De acuerdo con el análisis Resurgimiento del sarampión, elaborado por la Dra. María Guadalupe Miranda Novales para la UNAM, el sarampión es una enfermedad exantemática viral aguda que fue responsable de aproximadamente 2.6 millones de muertes anuales durante las décadas de 1980 y 1990.

A nivel mundial, el sarampión continúa siendo una de las principales causas de muerte en menores de cinco años, especialmente en regiones con baja cobertura de vacunación. Desde 2013 se ha documentado un resurgimiento significativo de casos, con brotes a gran escala en países de Europa, Asia y África. Tan solo en ese año, Europa notificó más de 31 mil casos. Posteriormente, aunque en 2022 se reportaron 941 casos en esa región, durante los primeros 10 meses de 2023 se registraron más de 30 mil, lo que encendió las alertas sanitarias y motivó una llamada urgente a la acción por parte de la Organización Mundial de la Salud.

Este contexto internacional influye directamente en el sarampión en México, ya que la movilidad global facilita la importación de casos y pone a prueba los sistemas nacionales de vigilancia epidemiológica.

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Foto del siglo XIX de las campañas institucionales de vacunación, con especial énfasis en la lucha contra la viruela. Foto: Viesca Carlos, Historia de la Medicina en México, UNAM, 2008

¿Qué es el sarampión y por qué es tan contagioso?

El sarampión en México es causado por un virus del género Morbillivirus, perteneciente a la familia Paramyxoviridae. El ser humano es su único hospedero natural, aunque se han documentado infecciones en algunos primates. La transmisión ocurre principalmente por contacto directo con gotitas de Flügge expulsadas al hablar, toser o estornudar, lo que explica su elevada capacidad de propagación.

Clínicamente, la enfermedad se caracteriza por fiebre alta, tos, coriza y conjuntivitis, seguidos de una erupción maculopapular que inicia en la cara y se extiende al resto del cuerpo de forma cefalocaudal. El periodo de incubación oscila entre siete y 21 días, con un promedio de 10 días. Una persona infectada puede contagiar desde cuatro días antes y hasta cuatro días después de la aparición del exantema.

Las complicaciones del sarampión incluyen otitis media, bronconeumonía, laringotraqueobronquitis (crup) y diarrea. Estas son más frecuentes y graves en niños pequeños y en personas con sistemas inmunológicos comprometidos. Por ello, el sarampión en México no debe entenderse como una enfermedad leve o erradicada, sino como un riesgo latente cuando disminuye la cobertura vacunal.

Sarampión en México: epidemias, control y reaparición

La historia del sarampión en México está marcada por una de las epidemias más severas registradas entre 1989 y 1990, cuando se documentaron 89,163 casos y 5,899 defunciones. Gracias a las campañas de vacunación masiva, el último caso autóctono se reportó en 1995. Desde entonces, los casos detectados han sido principalmente importados.

No obstante, a inicios de 2020, en paralelo con la pandemia de COVID-19, se registró un brote que confirmó 196 casos hasta agosto de ese año. Afectó a personas de todas las edades y, en su mayoría, se presentó en individuos sin antecedente de vacunación. El genotipo predominante identificado fue D8, una variante ampliamente distribuida a nivel mundial.

Estos episodios demuestran que el sarampión en México puede resurgir cuando se relajan las estrategias de prevención o se interrumpen los esquemas de vacunación, ya sea por desinformación, falta de acceso o desconfianza.

Las primeras campañas de vacunación (fuente: El Universal).

Vacunación y prevención: la clave para evitar nuevos brotes

La vacuna contra el sarampión se aplica en México desde 1970. En 1998 fue sustituida por la vacuna triple viral (SRP), que protege contra sarampión, rubéola y parotiditis. Posteriormente, se implementaron campañas específicas para adolescentes y adultos con esquemas incompletos o desconocidos, así como una campaña nacional masiva en 2008 orientada a erradicar la rubéola y el síndrome de rubéola congénita.

De acuerdo con texto en el portal del Gobierno de México, el esquema actual establece la primera dosis al año de edad y una segunda dosis a los 18 meses, con una eficacia superior al 95%. Esta estrategia ha sido fundamental para mantener controlado el sarampión en México.

Además de la vacunación, la prevención incluye medidas básicas de higiene como el lavado frecuente de manos, el uso de desinfectantes y cubrirse con el antebrazo al toser o estornudar. Sin embargo, la vacunación sigue siendo la herramienta más eficaz, ya que protege no solo a quien la recibe, sino también a quienes no pueden vacunarse por razones médicas.

El sarampión en México es un recordatorio de que las enfermedades prevenibles pueden volver si se baja la guardia. La historia demuestra que la información, la vacunación y la responsabilidad colectiva son clave para evitar que una amenaza del pasado se convierta nuevamente en una crisis de salud pública.

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