


Los ríos son las arterias vitales de los ecosistemas y comunidades humanas en todo el mundo. Sin embargo, en Coahuila, estos cuerpos de agua están en peligro. La extracción intensiva de grava, arena y otros materiales pétreos transforma la fisonomía de ríos como el San Rodrigo, en Piedras Negras, y el Nazas, en la Comarca Lagunera. Estos casos son el reflejo de un problema que se extiende por todo el país y que amenaza con convertir a los ríos en cauces secos, sin vida.
Waldo Terry, presidente de la Asociación Civil Amigos del Río San Rodrigo, es testigo y denunciante de la destrucción que la extracción de materiales provoca en el cauce del río San Rodrigo. "Desde antes de los años 80, pero sobre todo a partir de esa década, inició un proceso de extracción muy intensivo con maquinaria pesada. Se han retirado toneladas de grava, piedra bola y canto rodado, lo que ha alterado por completo la morfología del río", explica Terry.
El impacto es evidente: el cauce se ha ensanchado y su lecho se ha excavado hasta seis u ocho metros de profundidad. Esto provoca el afloramiento del acuífero, exponiéndolo a la evaporación en una región con temperaturas extremas. "Se pierden alrededor de dos metros cúbicos de agua por metro cuadrado cada año. Esto significa una pérdida incesante de agua que no se recupera", advierte Terry.

La destrucción del ecosistema
La extracción de materiales pétreos no solo altera la forma del río, sino que también destruye su vegetación ribereña. El bosque de galería, compuesto por nogales silvestres, álamos y moras, ha sido devastado. "El primer paso que hacen las empresas es deforestar todo el corredor ripario", denuncia Terry. Esta pérdida no solo afecta a la flora, sino también a la fauna que depende de estos hábitats.
Uno de los impactos más lamentables ha sido la desaparición de los sitios de descanso de la mariposa monarca en su ruta migratoria. "Antes, el río San Rodrigo era un punto clave en su trayecto de otoño y primavera. Hoy, esa zona de refugio ya no existe", lamenta el activista.

Además, la maquinaria pesada que opera en el cauce contamina el agua con hidrocarburos y genera vibraciones que afectan la estabilidad del suelo y la calidad del aire. "El polvo, el ruido y la contaminación están alterando por completo el equilibrio del ecosistema", señala Terry.
Derechos humanos vulnerados
Más allá del impacto ambiental, la extracción de grava afecta directamente a las comunidades cercanas al río, como El Moral. "El agotamiento del acuífero significa que las comunidades pierden sus fuentes de agua. Se viola el derecho humano al agua, a la alimentación y a un medio ambiente sano", afirma Terry.
Las familias que dependen del río para su subsistencia ven cómo el agua desaparece, poniendo en riesgo su calidad de vida. "Es un crimen ambiental que tiene consecuencias sociales devastadoras", enfatiza.

El río Nazas, otro caso de extracción descontrolada
El caso del río San Rodrigo no es único. En la Comarca Lagunera, el río Nazas enfrenta una situación similar. Históricamente, este río abastecía de agua a la región, pero la extracción indiscriminada de materiales y la sobreexplotación de sus recursos han llevado a su lecho a la sequía.
"Lo que está ocurriendo en Piedras Negras también lo vemos aquí. La extracción ha destruido el cauce del Nazas, y con ello, la vida que sostenía. La historia se repite en distintos puntos de Coahuila", alertan ambientalistas de la región.
Una lucha por la prohibición de la extracción
Ante la devastación de los ríos, activistas y organizaciones civiles han impulsado una iniciativa para prohibir la extracción de materiales pétreos en todo el país. "El 12 de febrero presentamos nuestra propuesta en un foro en Torreón. Queremos que el Congreso elimine el Artículo 113 bis de la Ley de Aguas Nacionales, que actualmente permite esta actividad", explica Terry.

La propuesta busca que la nueva Ley General de Aguas incluya una prohibición explícita a la extracción de grava, arena y otros materiales en ríos, humedales y esteros. "Si no detenemos esta práctica, en unos años nos quedaremos sin ríos vivos", advierte.
El problema no se limita a Coahuila. "En San Guillermo existen 24 concesiones para la extracción de materiales en 10 cauces. La situación se repite en todo el país", denuncia Terry. Por ello, el movimiento ambiental busca una solución estructural que garantice la protección de los ríos a nivel nacional.
Un llamado urgente
Los ríos son esenciales para la vida y el equilibrio ecológico. Sin ellos, las comunidades pierden agua, la biodiversidad desaparece y el paisaje se convierte en un terreno devastado. La lucha por salvar el San Rodrigo y el Nazas es un llamado de atención para todo México. "No podemos seguir permitiendo que se destruyan nuestros ríos en nombre de la ganancia económica", concluye Terry.
Mientras la propuesta de prohibición sigue su curso, el tiempo corre en contra de estos cuerpos de agua. La sociedad, las autoridades y las comunidades deben actuar antes de que sea demasiado tarde.
