colaboraciones

Restaurar la tierra es restaurar la vida, llamado urgente desde la Comarca Lagunera

Autor/a:  Amorita Salas

Punto Focal de la Carta de la Tierra.

Crédito de la fotografía: 

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Restaurar la tierra es restaurar la vida, llamado urgente desde la Comarca Lagunera

Autor/a:  Amorita Salas

Punto Focal de la Carta de la Tierra.

Crédito de la fotografía de portada: 

Este 17 de junio se conmemora el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, una fecha que invita a reflexionar sobre el estado crítico de nuestros suelos y la urgente necesidad de cambiar la forma en que nos relacionamos con la tierra. El lema de este año, “Restaurar la tierra, generar oportunidades”, nos recuerda que el futuro de nuestras comunidades y ecosistemas depende de adoptar prácticas sostenibles y basadas en la naturaleza.

Estamos justo a la mitad del Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas (2021-2030), y los avances son preocupantemente lentos. La meta global es ambiciosa: restaurar 1,500 millones de hectáreas para el año 2030, lo cual implicaría una inversión de 1 billón de dólares. Pero más allá del financiamiento, el verdadero reto es la voluntad política, económica y social para transformar los sistemas productivos hacia modelos regenerativos.

En la Comarca Lagunera, los suelos sufren una severa degradación química, provocada principalmente por malas prácticas agrícolas. También enfrentan degradación eólica e hídrica, debido a la falta de métodos de retención de suelos, la deforestación y el desmonte indiscriminado. Si bien algunos productores han comenzado a adoptar modelos agroecológicos, la región aún está lejos de implementar una agricultura sostenible a gran escala.

Contrario a lo que muchos piensan, tener tierra no significa tener tierra fértil. Como en una maceta de casa, el hecho de que haya tierra no garantiza que sea adecuada para sostener la vida vegetal. La pérdida de fertilidad del suelo es uno de los mayores peligros ambientales de nuestro tiempo. A nivel mundial, se estima que cada segundo se degradan cuatro campos de fútbol de tierra fértil.

La agricultura sostenible podría reducir hasta en 30% el consumo de agua, una cifra vital en regiones como la nuestra, donde la crisis hídrica es una amenaza constante. Por ello, es fundamental que las autoridades, el sector agrícola y también los consumidores —como último eslabón de la cadena— adoptemos planes de desarrollo sostenible y regulemos el uso de la tierra de manera más responsable.

Los principios para lograrlo ya existen, están contenidos en documentos como la Carta de la Tierra, que aboga por un cambio profundo en nuestra cosmovisión ecológica. No se trata de inventar el hilo negro, sino de comprometernos a actuar. Si no transformamos nuestra relación con el planeta, nos enfrentaremos a crisis ambientales sin retorno.

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