


Un majestuoso lobo blanco en la portada de Time ha dado la vuelta al mundo. Bajo el titular “El regreso del lobo terrible”, la revista presentó a Romulus, uno de los tres cachorros creados por la empresa Colossal Biosciences mediante ingeniería genética. Según sus creadores, este proyecto marca un hito en la desextinción: revivir a una especie extinta hace más de 10,000 años. Pero ¿qué tan cierto es este renacimiento?
El lobo terrible, o Aenocyon dirus, fue un depredador prehistórico que habitó América del Norte durante el Pleistoceno. Su fama moderna se disparó gracias a la serie Juego de Tronos, donde inspiró a los lobos huargo. Sin embargo, más allá de la ficción, esta especie se extinguió al final de la última Edad de Hielo, dejando solo fósiles y ADN deteriorado como testimonio de su existencia.
Colossal Biosciences, una empresa biotecnológica con ambiciones multimillonarias, afirma haber utilizado ADN antiguo y edición genética avanzada para crear a Romulus, Remus y Khaleesi: tres lobeznos que, aseguran, representan el regreso del lobo terrible.
Estos animales fueron gestados por perras domésticas y nacieron por cesárea en instalaciones privadas del norte de Estados Unidos. Según Colossal, identificaron 20 mutaciones clave en 14 genes relacionados con características del lobo terrible —como su tamaño, forma del cráneo y color del pelaje—, y los insertaron en embriones de lobos grises (Canis lupus).

Aunque el avance biotecnológico es impresionante, muchos científicos independientes cuestionan la afirmación de que se haya “resucitado” al lobo terrible.
El zoólogo Philip Seddon, de la Universidad de Otago en Nueva Zelanda, advierte que estos cachorros no son lobos terribles reales, sino lobos grises modificados genéticamente para parecerse a ellos.
De forma similar, el paleogenetista Nic Rawlence explica que el ADN fósil utilizado por Colossal está tan dañado que no puede clonarse con fidelidad. "El ADN antiguo es como si lo metieras en un horno a 260 grados durante toda la noche", declaró. "Lo que sale es polvo, fragmentos inútiles para la clonación completa de una especie extinta".
La ciencia clasifica al lobo terrible y al lobo gris en géneros distintos, separados evolutivamente hace entre 2.5 y 6 millones de años. A pesar de que comparten ciertas similitudes físicas, sus diferencias genéticas son profundas.
Esto significa que, desde un punto de vista taxonómico, los lobeznos de Colossal no pueden considerarse verdaderos lobos terribles, sino híbridos con algunas características fenotípicas parecidas.
Más allá del debate técnico, los expertos advierten sobre los riesgos de enviar un mensaje equivocado al público. “La extinción es definitiva”, insiste Rawlence. "Si creemos que podemos traer de vuelta cualquier especie, podríamos relajar nuestros esfuerzos por conservar la biodiversidad actual".
Además, Colossal aún no ha publicado sus hallazgos en una revista científica revisada por pares, lo que impide verificar de forma rigurosa los resultados de su experimento.

Colossal también trabaja en proyectos para "revivir" al mamut lanudo y al tigre de Tasmania, usando métodos similares de ingeniería genética. Aunque estos intentos generan fascinación mediática y grandes inversiones, la comunidad científica insiste en que no deben confundirse con una verdadera reversión de la extinción.
Aunque Romulus, Remus y Khaleesi representan un avance notable en biología sintética, aún no podemos hablar del regreso del Aenocyon dirus. Son lobos grises con alteraciones genéticas, no réplicas exactas de una especie extinta.
La ciencia ha logrado crear animales con rasgos de sus antecesores prehistóricos, pero la extinción, tal como la entendemos, sigue siendo irreversible.