

Cuando hablamos de cáncer, lo primero que viene a nuestra mente es un panorama catastrófico, pero es importante resaltar que hay algunos datos importantes que debemos conocer, en este caso me enfocaré a hablarles acerca del cáncer de mama (CM) el cual es una enfermedad muy común en la población mexicana.
¿Qué es el cáncer de mama? podemos resumirlo como el crecimiento descontrolado de las células del tejido de los senos formando tumores malignos que pueden llegar a moverse a través de la circulación y generar tumores en otras partes del cuerpo lo cual es mejor conocido como metástasis, que en etapas tempranas de la enfermedad y con el tratamiento adecuado este puede no ser mortal, sin embargo, es imprescindible recalcar que las metástasis si se relacionan con una alta mortalidad.
Comúnmente se considera que esta enfermedad es exclusiva de las mujeres, y no es sorprendente debido a las altas cifras reportadas: actualmente se estima que 1 de cada 8 mujeres y 1 de cada 1,000 hombres desarrollarán cáncer de mama a lo largo de su vida.
Para ponerlo en contexto, hasta el año 2022 se reportó que el cáncer de mama es el de mayor incidencia a nivel mundial y en México.
Además, es responsable del mayor número de muertes por cáncer en México, y del segundo lugar a nivel mundial, considerando ambos sexos. Estas cifras son preocupantes, y aunque el panorama puede parecer desalentador, encuentro en estos datos la motivación para continuar con mi labor como investigadora y científica en esta área, con el objetivo de aminorar el impacto de esta terrible enfermedad.
Cuando hablo del cáncer de mama con familiares y personas cercanas, siempre me preguntan: ¿cómo es que una persona puede desarrollar esta enfermedad? y ¿qué se puede hacer para evitarla? Mis respuestas siempre se basan en información científica recopilada durante mi formación como investigadora.
Me gusta comenzar aclarando que el cáncer de mama, como muchos otros tipos de cáncer, es una enfermedad compleja. Esto se debe a la interacción de factores genéticos, como mutaciones en ciertos genes. En términos simples, estas mutaciones son como errores en las “instrucciones” que tienen las células para funcionar, y pueden ser heredadas.
Es decir, nuestra abuela o madre pudieron transmitirnos estos errores genéticos, y nosotros podríamos transmitirlos a nuestros hijos. Esto genera un riesgo transmisible asociado al desarrollo de cáncer de mama. Por ejemplo, algunos de los errores más estudiados son los que ocurren en los genes BRCA1 y BRCA2. Por lo tanto, tener un familiar cercano (incluso tíos/as o sobrinos/as) diagnosticado con cáncer de mama u otro tipo de cáncer, puede duplicar nuestro riesgo de desarrollarlo.
Y para añadir más complejidad, estas mutaciones también pueden surgir de forma espontánea, sin ser heredadas. Aunque el factor genético es reconocido como no modificable (es decir, no podemos cambiarlo de manera definitiva, al menos por ahora), afortunadamente, se calcula que solo entre el 10 y el 25 % de los casos de cáncer de mama se deben a mutaciones genéticas. El resto se atribuye a factores ambientales, muchos de los cuales sí son modificables, lo que significa que podemos hacer algo para prevenir, en cierta medida, su desarrollo.
A continuación, te describo los principales factores que puedes modificar, junto con algunas recomendaciones prácticas.
El IMC es una medida ampliamente usada para evaluar si el peso es saludable en relación con la altura (puedes calcular el tuyo aquí: https://surl.li/aebrpx). Mantener un IMC dentro del rango normal (18.5–24.9), especialmente durante la juventud (18 a 30 años), tiene un efecto protector frente al cáncer de mama.
Además, se ha demostrado que un IMC mayor a 30 en la vida adulta aumenta significativamente el riesgo.
¿Qué deberías hacer o evitar? Evita el sobrepeso y la obesidad, especialmente después de los 40 años. Controla tu peso con una alimentación saludable y actividad física regular.
Incluir alimentos ricos en fibra en la dieta disminuye significativamente el riesgo de CM (más información aquí: https://surl.li/bivgvi).
¿Qué deberías hacer o evitar? Consume más frutas, verduras, legumbres y cereales integrales diariamente. Se recomiendan al menos 25–30 g de fibra al día, aunque un nutriólogo puede orientarte mejor.
También se aconseja seguir una dieta mediterránea: rica en frutas, verduras, legumbres, aceite de oliva y pescado, con poco consumo de carne roja o procesada. Limita embutidos, tocino, salchichas y carnes ahumadas.
El consumo de soya (tofu, leche de soya, edamame), especialmente desde edades tempranas, también puede tener un efecto protector.
El consumo de alcohol y tabaco, así como el sedentarismo, son factores de riesgo.
¿Qué deberías hacer o evitar? Reduce o elimina el alcohol. Incluso pequeñas cantidades (menos de una copa diaria) pueden aumentar el riesgo.
No fumes y evita lugares con humo. El riesgo se incrementa si el tabaquismo empieza antes del primer embarazo.
Evita estar sentada muchas horas seguidas: levántate, camina o estírate cada 30–60 minutos. Realiza al menos 150 minutos de ejercicio moderado (como caminar rápido o nadar) o 75 minutos de ejercicio intenso (correr, spinning, etc.) cada semana.
Su uso prolongado se asocia con un mayor riesgo de CM.
¿Qué deberías hacer o evitar? Consulta con tu ginecólogo sobre los riesgos. El riesgo es mayor cuando se usan por muchos años antes del primer embarazo.
Algunos estudios sugieren que la exposición prolongada a luz artificial durante la noche altera el ciclo circadiano y puede aumentar el riesgo.
¿Qué deberías hacer o evitar? Si trabajas de noche o estás expuesta/o a luces intensas por la noche, trata de reducir la exposición usando luces cálidas y limitando el uso de pantallas antes de dormir.
Este tratamiento consiste en la administración de estrógenos y progesterona para aliviar los síntomas de la menopausia, pero su uso prolongado puede aumentar el riesgo de CM.
¿Qué deberías hacer o evitar? Consulta con tu médico sobre alternativas. Si usas esta terapia, que sea con la dosis más baja y durante el menor tiempo posible.
Esta condición se refiere a un predominio de tejido fibroso y glandular sobre el graso en las mamas, lo cual puede aumentar el riesgo de CM. Se detecta mediante mamografía.
¿Qué deberías hacer o evitar? Aunque no es modificable, es importante conocer si tienes mamas densas. Consulta con tu ginecólogo para realizar los controles necesarios con mayor frecuencia.
Como puedes ver, existen diversas acciones que podemos tomar para reducir el riesgo de desarrollar cáncer de mama. Identificar y modificar factores como el peso, la dieta y los hábitos de vida puede tener un impacto significativo. Además, conocer nuestra historia familiar, la densidad mamaria y asistir a revisiones periódicas son claves para la detección temprana.
¡Absolutamente todos! El cáncer de mama no discrimina género ni edad. Aunque el 95 % de los casos se presenta en mujeres mayores de 40 años, también se han reportado casos en mujeres y hombres desde los 20 años. Esto subraya la importancia de la prevención.
Recuerda: la autoexploración, las consultas médicas regulares y los hábitos saludables pueden desempeñar un papel fundamental en la reducción del riesgo.
Para más información visita: https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/breast-cancer/symptoms-causes/syc-20352470
Para finalizar, quiero compartir con ustedes dos imágenes del verdadero enemigo: células cancerosas.
La primera muestra el cultivo celular de MCF-7 (uno de los modelos más estudiados en la investigación del cáncer de mama) tal como se observa en condiciones de laboratorio, y la segunda revela los detalles morfológicos mediante una tinción especial utilizada para visualizar mejor las estructuras celulares. Ambas imágenes fueron tomadas por mí durante mis experimentos, y representan el rostro microscópico de una de las enfermedades más desafiantes de nuestro tiempo.
Reconocer al enemigo nos recuerda por qué la prevención, la información y la detección temprana son nuestras mejores armas.

