


El manejo de residuos se ha convertido en uno de los principales retos ambientales en México, especialmente cuando se trata de materiales de alto consumo como el plástico PET. En este contexto, Coahuila avanza en la construcción de un marco normativo que busca cambiar la forma en que se gestionan los desechos, trasladando parte de la responsabilidad directamente a quienes los ponen en el mercado.
Según el portal de Vanguardia, la Secretaría de Medio Ambiente de Coahuila trabaja actualmente en el reglamento de la Ley de Economía Circular, el cual contempla la aplicación del principio de “responsabilidad ampliada del productor”. Este enfoque plantea que las empresas no solo fabriquen y comercialicen productos, sino que también se hagan cargo del destino final de los residuos que generan, incluidos envases y empaques como el plástico PET, el vidrio y el aluminio.
El concepto de responsabilidad ampliada del productor busca romper con el modelo tradicional en el que el peso del manejo de residuos recae casi por completo en los consumidores y en los municipios. Según el portal deVanguardia, la titular de la Secretaría de Medio Ambiente, Susana Estens de la Garza, explicó que si una empresa introduce al mercado grandes volúmenes de productos, como millones de botellas de plástico PET, debería existir un mecanismo claro para que esas mismas empresas participen en su recolección, confinamiento o reciclaje.

“No solamente estamos encontrando escombro, también hemos estado encontrando desechos industriales. Eso expone a todos a mayores riesgos ambientales y a la pérdida de espacios que terminan convertidos en tiraderos”, Susana Estens de la Garza (para Vanguardia)
Este modelo ya ha mostrado resultados positivos en otros países. Según el mismo portal, en varias naciones de la Unión Europea los residuos se reincorporan a nuevos procesos productivos, reduciendo la necesidad de abrir nuevos espacios de disposición final. En contraste, en México persisten prácticas como el abandono de residuos en tiraderos clandestinos, lo que agrava los impactos ambientales y sociales asociados al consumo masivo de materiales como el plástico PET.
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El problema de los residuos no se limita únicamente a la basura doméstica. Según la nota de Vanguardia, en Coahuila se han identificado escombros de la construcción y desechos industriales en arroyos, lotes baldíos y zonas naturales. Esta situación no solo deteriora el entorno, sino que también genera costos adicionales para las autoridades, quienes deben destinar recursos públicos para la limpieza y remediación de espacios contaminados.
Cuando materiales como el plástico PET no se manejan de forma adecuada, pueden fragmentarse en microplásticos que permanecen durante décadas en el ambiente. Esto provoca la pérdida de áreas naturales y expone a la población a riesgos ambientales, además de reforzar un modelo de consumo desechable que resulta insostenible a largo plazo.

Adicionalmente, según Greenpeace, el consumo de plástico en México alcanza niveles alarmantes. Cada persona consume en promedio 66 kilogramos de plástico al año, y se estima que cada mexicano utiliza alrededor de 200 botellas de plástico PET anualmente. Estos residuos no siempre cuentan con un destino adecuado, lo que facilita su dispersión en ecosistemas terrestres y acuáticos.
Los microplásticos ya están presentes en todos los ecosistemas del país, desde playas y mares hasta sedimentos, flora y fauna. Este problema no es exclusivo de México. A nivel global, según el portal de Greenpeace, cada año llegan al océano alrededor de 14 millones de toneladas de plástico, y el 80% de los residuos marinos corresponden a este material. Se han encontrado partículas de plástico PET y otros plásticos en corales, aves, tortugas, peces y mamíferos marinos.
Ante este panorama, la regulación basada en la economía circular representa una oportunidad para reducir el impacto del plástico PET y avanzar hacia un modelo más responsable. La corresponsabilidad entre gobierno, empresas y ciudadanía puede ser clave para frenar la contaminación, recuperar materiales valiosos y proteger los ecosistemas. El reto ahora es que estas medidas se traduzcan en acciones concretas que reduzcan la presencia del plástico PET en el ambiente y promuevan un futuro más sostenible.