Detectives en acción o el caso de la nutria discreta voces nómadas
Crédito de la fotografía: Detectives en acción o el caso de la nutria discreta voces nómadas

Detectives en acción o el caso de la nutria discreta

Autor:  Celia López González

Los que hemos tenido la fortuna de quedar atrapados en el vicio de leer desde chiquillos casi siempre tuvimos un héroe: pirata, viajero, científico... el mío: Sherlock Holmes, detective de oficio y usuario del método científico estilo siglo XIX para llevar a cabo sus pesquisas y siempre (excepto una vez) resolver el caso. 

Años después de haber acompañado a Holmes y Watson por las calles de Londres y ya ubicada en la realidad de mi nativo DF (hoy CDMX), con solicitud de servicio social en mano tuve la suerte de ir a dar a un lugar donde muy mexicanos Holmes se dedicaban al arte de juntar piezas de rompecabezas históricos, arqueológicos o paleontológicos para al final contar historias sobre nuestros antepasados humanos, sobre faunas ya extintas, o sobre animales que hoy en día están con nosotros.  ¡No lo puedo creer! —pensé yo— esto existe en la vida real y te pagan por hacerlo.  De aquí soy.  ¿Qué hay que hacer para sentarse en esa silla?

          Haciendo el cuento corto, hoy me siento en la susodicha silla.  Esta historia se inicia de nueva cuenta en la cuenca del Rio Mezquital, cerca del puente que lleva a Candelaria del Alto.  Colocando con mis alumnos una red para murciélagos en una gran poza, descubrimos en una piedra en medio del agua unas sospechosas excretas.  Después de mirar con cuidado, vimos que estaban constituidas de restos de peces. ¡Lotería! Estamos ante la inequívoca presencia de una nutria neotropical (Lontra longicaudis), único mamífero acuático por esos rumbos. Y sí, buscando en los alrededores con más cuidado encontramos otros restos y un lugar que podría haber sido la madriguera, justo a la orilla de la poza. 

             Ya fuera del agua, platicando con Pipo, alumno curioso, nos preguntábamos qué tanto se sabría de nutrias en Durango; para enterarnos y poder escribir sobre el tema, al volver a la ciudad nos pusimos a buscar en la bibliografía. La historia resultó una de dimes y diretes: que si alguien le platicó a Rollin Baker que las vio en Pueblo Nuevo allá por los años 50… Que si otro dijo que los españoles reportaron que los nativos dijeron que el Río Nazas estaba lleno de ellas... Que a alguien más le contó un cazador que había matado una allá por la Michilía... Que había una nutria gigante del Nazas en Alemania… Ah, y el Dr. Jorge Servín reportó una del ejido El Alemán, que está guardada en una colección.

            Con la prestancia de Holmes, seguimos los hilos de esta maraña de historias que se repetían una y otra vez en la literatura, para ver qué de todo eso era cierto.  Fuimos desde La Michilía hasta el Instituto de Biología de la UNAM (donde sí esta la nutria de Jorge), de ahí a la Universidad de Berlín, en cuyo museo de Historia Natural los curadores a cargo nos dijeron que en efecto tienen un ejemplar de una grandísima nutria colectada en 1900, aunque en realidad tampoco era exactamente del Nazas.  En el camino otros colegas nos dijeron que ellos tenían evidencia de su presencia contemporánea en la cuenca del Nazas. Al final, logramos separar el folklore de la evidencia y lo que nos quedó es poco, pero interesante:

            Para el Estado de Durango solo pudimos hallar evidencia física de nutrias en cuatro sitios: el Arroyo el Alemán, en la Reserva de la Michilía, afluente del Río Grande de Santiago; en el Río Muñoz, un afluente del Río Ramos, que va a parar hoy en día a la presa Lázaro Cárdenas, en la parte alta de la cuenca del Nazas; en el río Ramos mismo, y en el Río Mezquital, ahí donde Pipo la detectó.  

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            Encontramos pues al perrito de aguas escurridizo, e indirectamente también encontramos al asesino.  Es de notarse que con tantas fuentes históricas que cuentan que las nutrias nadaban prácticamente a todo lo largo de estos ríos, hoy en día tengamos tan poca evidencia física de su presencia. Y es que en dos de estos tres, las partes bajas están hechas un desastre por nuestra mala administración de las cuencas, que tratamos como basureros de desechos industriales, agrícolas y domésticos.  Las nutrias toleran mugre, pero no tanta. 

Sin embargo, consuela de alguna manera saber que en las cabeceras de estos tres grandes sistemas fluviales los perritos de agua aún chapotean, comen peces y crían a sus hijos. Ahora por favor hagamos lo posible por cuidar las partes altas de las cuencas, que de ellas dependemos nosotros, no nomás los perritos.

Para saber más:

Casariego-Madorell, M. A., R. List y G. Ceballos. 2008. Tamaño poblacional y alimentación de la nutria de río (Lontra longicaudis annectens) en la costa de Oaxaca, México. Acta Zoológica Mexicana 24:179-200.

Gallo, J. P. 1997. Situación y distribución de las nutrias en México, con énfasis en Lontra longicaudis annectens Major, 1987. Revista Mexicana de Mastozoología 2:10-32.

Larivière, S. 1999. Lontra longicaudis. Mammalian Species 609:1-5.

Servín, J., E. Chacón, N. Alonso-Pérez y C. Huxley. 2003. New records of mammals from Durango, México. The Southwestern Naturalist 48:136-138.

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