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Nace un nuevo proyecto ciudadano: infraestructura verde en la calzada Abastos de Torreón

La superficie de áreas verdes en la Zona Metropolitana de La Laguna (ZML) está muy por debajo de lo recomendado para el bienestar de las personas. Son diversas las estimaciones de metros cuadrados de áreas verdes por habitante para mejorar la calidad de vida. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud por cada […]

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Por Héctor Esparza

La superficie de áreas verdes en la Zona Metropolitana de La Laguna (ZML) está muy por debajo de lo recomendado para el bienestar de las personas.

Son diversas las estimaciones de metros cuadrados de áreas verdes por habitante para mejorar la calidad de vida. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud por cada individuo deberían destinarse 16 metros cuadrados de áreas verdes. Esta superficie se reduce si se consulta a otras instituciones, las cuales proponen un promedio de cuatro metros cuadrados.

Aun si consideramos la superficie menor -cuatro metros cuadrados- en la Zona Metropolitana de La Laguna estamos muy por debajo de alcanzar aquella superficie.

A partir de la información reunida por el Instituto Municipal de Planeación y Competitividad de Torreón (IMPLAN), en la ZML se tienen 813 mil 600 metros cuadrados de áreas verdes, considerando únicamente parques, plazas y bosques. Respecto a la cantidad de habitantes, se calcula que somos un millón 434 mil 283.

Esto equivale a que cada ciudadano en la ZML cuenta con tan solo 0.56 metros cuadrados de área verde, poco más de medio metro, nada más.

Proyecto público en ciernes

A mediados del 2023 Jorge Torres Bernal y la secretaria del ayuntamiento de Torreón, Natalia Fernández, acordaron desarrollar un proyecto para rescatar la flora de un camellón en la calzada Abastos de Torreón. Jorge en su carácter de ciudadano y Natalia como autoridad.

Aquel espacio fue adoquinado y encementado, de tal forma que sofocaron las raíces de la mayoría de los árboles que se habían plantado, secándolos por completo.

Las imágenes registradas por la plataforma digital Google Maps evidencian el daño que se causó a la vegetación: en una década los grandes fresnos murieron.

La calzada Abastos es una ruta de conexión entre los bulevares Diagonal Reforma al sur y al norte el Manuel Ávila Camacho; en su centro existen cuatro camellones. Su tráfico es denso y complejo puesto que se suman los transportes de carga.

Un diagnóstico somero arroja que sus banquetas y camellones están deteriorados, además las banquetas son usadas como estacionamiento tanto por los clientes de los negocios como por sus dueños. Los árboles están enfermos o secos, se carece de infraestructura para ciclistas y los cruces peatonales no están bien definidos. Y la acumulación de basura es evidente.

Los camellones son extensos y delgados, son de aproximadamente 200 metros de longitud y cinco de ancho, aunque varían. Y las banquetas tienen un promedio de cuatro metros de ancho, en general están dañadas.

Respecto a la vegetación, al momento del levantamiento de este análisis a cargo del despacho Talamás Arquitectos, se encontró que “hay aproximadamente 45 árboles en la calzada, de diversas especies y condiciones de salud. Trece por ciento de los árboles están saludables, 62 por ciento están enfermos y 25 por ciento están muertos”.

Cuando se formalizó la iniciativa ciudadana se convocaron a los directores de Servicios Públicos Municipales, de Obras Públicas y Medio Ambiente, así como a representantes de instituciones públicas y privadas como el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegida, Vivero Peñoles, y ciudadanos como Homero del Bosque y la ingeniera Rosa Velia Gutiérrez Barrón.

La propuesta animó a la autoridad al grado de decidir intervenir los cuatro camellones, no solo uno.

El entusiasmo imperaba, se habló de cómo socializar esta iniciativa, sin embargo, aún no había proyecto.

Germinación de la infraestructura verde

El proceso político electoral estaba en puerta, ese ambiente cambiaría un poco la situación en cuanto a las intervenciones de los convocantes, ya que Torres Bernal se postuló a la alcaldía de la ciudad y el alcalde Román Alberto Cepeda buscaría la reelección. Pero el proyecto resultó prioritario, por lo que se determinó cristalizarlo, para ello los candidatos se mantuvieron al margen.

Lo que siguió fue la incorporación del arquitecto Mario Alberto Talamás Murra y su equipo de trabajo.

El reconocido constructor lagunero incorporó a su anecdotario el momento en que se sumó al proyecto: fue a través de una entrevista radiofónica repentina para el programa De Frente Laguna de Heraldo Radio. La plática le llegó de rebote, porque a quien se buscaba era a la entonces presidenta del Colegio de Arquitectos Jazmín Reyes, quien estaba ocupada y le pidió a Talamás que tomara la llamada, así se enteró de la iniciativa y se sumó al proyecto a tal grado de valorar la propuesta como prioritaria en su agenda de trabajo.

Para continuar con la propuesta se organizó un grupo operativo integrado por representantes del Colegio de Arquitectos de la Laguna, la dirección de Medio Ambiente del ayuntamiento de Torreón y la firma de Talamás Arquitectos; este grupo ha estado informando a la dirección de Obras Públicas sobre la propuesta y avances; y una vez que quede afinada se presentará a lo que se denominó como el Consejo Ciudadano, formado por los representantes de las instituciones citadas líneas arriba.

Se está contemplando la incorporación de flora nativa, el trazo de ciclovías y la recuperación de las banquetas; asimismo se planteará un sistema de riego eficiente.

Después de afinada la propuesta arquitectónica se diseñará la estrategia para socializar el proyecto con la finalidad de incorporar a la población en el desarrollo y mantenimiento de este proyecto, ya que el propósito es que se convierta en un prototipo de intervención ciudadana, contemplando en todo momento la infraestructura verde y la calle completa.

Un aspecto fundamental de este proyecto es recuperar el sentido de identidad y de pertenencia, ya que formamos parte de un sorprendente hábitat que adopta estrategias de sobrevivencia únicas; esta puede ser la oportunidad para erradicar el paradigma que postulaba la confrontación con el desierto hasta vencerlo, por otro de convivencia y orgullo por sabernos habitantes del él.

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