


Desde mediados del siglo XX, la lucha contra el gusano barrenador del ganado (Cochliomyia hominivorax), una plaga que causa graves daños en la ganadería, ha encontrado una aliada innovadora y ecológica: la técnica del insecto estéril (TIE). Esta estrategia consiste en criar y liberar machos de la mosca esterilizados mediante radiación, de modo que al aparearse con hembras silvestres, no se produzca descendencia, reduciendo progresivamente la población del insecto.
La técnica fue desarrollada en la década de 1950 por los entomólogos estadounidenses Edward F. Knipling y Raymond C. Bushland, quienes descubrieron que la esterilización mediante radiación ionizante podía impedir la reproducción sin afectar la capacidad de los machos para competir por las hembras. El primer éxito de esta estrategia se alcanzó en 1954 en la isla de Curazao, donde se erradicó la plaga mediante liberaciones masivas de moscas estériles.
En Estados Unidos, la primera planta dedicada a la producción masiva de moscas estériles se estableció en Sebring, Florida, en 1957, y a partir de ahí se desarrolló un extenso programa para erradicar el gusano barrenador en el sureste del país, logrando resultados decisivos en las décadas siguientes.
En México, esta técnica fue adoptada con éxito desde la segunda mitad del siglo XX, y se establecieron plantas especializadas, como la ubicada en Chiapas. “En 1991 México declaró estar libre de dicha plaga, situación que fue válida hasta el 23 de noviembre de 2024. La mosca del gusano barrenador fue la primera plaga exitosamente eliminada de una área a través de la técnica del insecto estéril, utilizando un enfoque de gran área” (Infobae)

El proceso de producción comienza con la cría masiva del gusano barrenador en condiciones controladas. Los machos son seleccionados y expuestos a radiación gamma, que induce mutaciones letales en el ADN, impidiendo la fertilización viable, pero sin afectar su vigor o capacidad para aparearse. Posteriormente, estos machos estériles son liberados en zonas infestadas, donde compiten con los machos silvestres por las hembras, las cuales sólo se aparean una vez en su vida. Al hacerlo con un macho estéril, las hembras no producen descendencia, lo que reduce la población en forma sostenida.
Este método ha demostrado ser altamente efectivo y ecológico, eliminando la necesidad de insecticidas tóxicos y disminuyendo significativamente las pérdidas económicas para los ganaderos. Además, la tecnología ha sido adaptada para controlar otras plagas agrícolas, ampliando su impacto positivo.
En resumen, la técnica del insecto estéril, desarrollada por Knipling y Bushland, es un ejemplo sobresaliente de cómo la ciencia puede transformar el manejo de plagas, protegiendo la salud animal y la economía, mediante soluciones innovadoras y sostenibles.
Fuentes informativas