


Cuando se habla de las reservas de la biosfera en México, la historia comienza en el norte. La Michilía, en el sur de Durango, y Mapimí, extendida entre Durango, Coahuila y Chihuahua, fueron reconocidas en 1977 por la UNESCO dentro del programa El Hombre y la Biosfera (MaB). Ambas se convirtieron en las primeras reservas de la biosfera del país y sentaron las bases de una forma nueva de mirar el territorio: no solo como espacio de protección, sino como lugar de convivencia entre naturaleza y sociedad.
LA MICHILÍA: CIENCIA EN LA MONTAÑA
Ubicada en la Sierra Madre Occidental, La Michilía resguarda bosques templados, pastizales y cañadas que alojan una alta diversidad de especies. Desde los años setenta, fue también laboratorio para la investigación ecológica, con la Estación Biológica del Instituto de Ecología (INECOL) como epicentro de estudios de fauna, vegetación y restauración de ecosistemas.
Entre sus especies bandera destaca el lobo gris mexicano (Canis lupus baileyi), símbolo de los esfuerzos de conservación en el país. Si bien su reintroducción ha tenido escenarios en Sonora y Chihuahua, la reserva duranguense fue una pieza clave para la generación de conocimiento científico y el fortalecimiento institucional que permitió su recuperación.
MAPIMÍ: EL DESIERTO QUE PROTEGE A LA TORTUGA DEL BOLSÓN
La Reserva de la Biosfera Mapimí, por su parte, abarca más de 342 mil hectáreas del Desierto Chihuahuense. Es un territorio aparentemente árido, pero lleno de vida adaptada al calor y la sequía. Allí habita la tortuga del Bolsón (Gopherus flavomarginatus), especie endémica y en peligro de extinción, considerada la más grande de Norteamérica.
DE LA CONSERVACIÓN RÍGIDA A LA GESTIÓN SOCIAL
Durante décadas, las reservas fueron vistas como “santuarios naturales” sin presencia humana. Con la creación de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), la política cambió: ahora la gestión incluye a las comunidades que habitan en su interior o colindan con las zonas núcleo. A través de programas como PROCODES, la CONANP impulsa proyectos productivos compatibles con la conservación, desde apicultura y ecoturismo hasta manejo forestal y aprovechamiento responsable de recursos no maderables.
NÓMADAS DEL CONOCIMIENTO Y DEL TERRITORIO
Desde plataformas como Voces Nómadas, se ha narrado el pulso de estas geografías del norte. El desierto que se defiende con raíces profundas, la sierra que guarda agua y clima, la gente que conserva mientras trabaja la tierra. Estos espacios de divulgación cultural y científica buscan mantener viva la memoria ambiental de La Laguna y del norte mexicano.
¿SABÍAS QUE...?
• La Michilía y Mapimí fueron inscritas en 1977 en la red internacional del programa Man and the Biosphere (UNESCO).
• La tortuga del Bolsón puede vivir más de 70 años y excava madrigueras de hasta 10 metros de largo.
• La CONANP administra hoy más de 180 Áreas Naturales Protegidas, 43 de ellas con categoría de Reserva de la Biosfera.
• El lobo gris mexicano, extinto en vida silvestre en los años ochenta, ha sido reintroducido en su hábitat natural gracias a programas binacionales con Estados Unidos.
Celebrar el Día de las Reservas de la Biosfera mirando hacia La Michilía y Mapimí es recordar que la conservación en México empezó aquí, en el norte. En las montañas, los valles y el desierto donde la ciencia aprendió a escuchar a la tierra —y donde aún caminan la tortuga y el lobo, guardianes de nuestra memoria ecológica.