Crédito de la fotografía: Héctor Esparza

Mexiquillo, Durango, un paraíso rural amenazado por la sequía y los incendios

Autor:  Héctor Esparza

La oscuridad absoluta del túnel de concreto, asfixia. El corazón late fuerte y la orientación se pierde por completo al estar dentro de este largo túnel. Resulta fácil desesperarse, querer correr, escapar; los ojos buscan extraviados un destello a manera de soga para salir de este recoveco lóbrego que fuera construido como ruta del ferrocarril de Durango a Mazatlán; desde los sesentas se edificó, pero nunca se tendieron las vías del tren, ahora es uno de los atrayentes turísticos de Mexiquillo, en el ejido La Ciudad.

Este poblado a más de dos mil metros sobre el nivel del mar en el municipio de Pueblo Nuevo, Durango, capitaliza el túnel de concreto, entre otros atractivos turísticos, en un intento por disminuir la actividad silvícola que, por una parte lo mantiene en los primeros lugares de la producción forestal de la entidad, pero que está disminuyendo con celeridad la superficie boscosa.

Mexiquillo fue el albergue de quienes construyeron el paso ferroviario a través de la montaña. Los obreros llegaron a esta porción de La Ciudad cuando había tan solo dos familias que vivían de la ordeña de vacas. Eran finales de los cincuentas, los trabajadores venían de la capital del país, tal vez por eso bautizaron así al campamento, Mexiquillo, deduce doña Paula González Morín, nacida en una de aquellas dos cabañas de antaño.

    “Yo tenía diez años cuando llegaron los hombres de la compañía El Águila, así se llamaba. Mis papás se dedicaban a ordeñar vacas, les vendían la leche a los trabajadores; ya cuando hubo más personas empezaron con el aserradero… no me acuerdo en qué año empezó… creo que como en el 58”.

-¿Qué hacía usted, doña Paula, a los diez años de edad, en un pueblo de dos casas, alejado de la ciudad? –Paula es delgada y fuerte, acicala su cabello blanco con sus manos de piel gruesa y arrugada; aunque no atina a precisar las fechas, comparte capítulos de su infancia esbozando una sonrisa.

-Yo hacía tortillas de maíz, porque no había ni tiendas, estaba muy solo. Las vendíamos a los que vinieron a hacer los túneles. Jugaba a los columpios, no había más juguetes. No supimos ni cómo llegaron mis papás aquí, él era americano, aunque nunca nos dijo de dónde.

En la cabaña de la infancia de Paula también vendían sal. La traían en lomo de caballo desde El Salto a setenta kilómetros de distancia, era sal de grano que pulverizaban, igual que el nixtamal, “en un molinito que teníamos de piedra”.

“Mi papá se llamó Onofre González War. Tenía vacas. Empezaron a tumbar pinos con sardina porque no había motosierras; la sardina es una sierra como de dos metros de largo, es una lámina grande y con dientes, la trabajaban entre dos personas. Mucho tiempo la usaron hasta que salió la motosierra en el 65, entonces empezó más trabajo y nos mantuvimos de la madera. En El Salto entregaban la madera”. Fue cuando creció el primer aserradero de La Ciudad, justo en los terrenos donde ahora están las cabañas recreativas.

La venta de madera de pino verde y encino, dio vida al pueblo que para 1960 se formalizó como ejido, cuando el gobierno federal liberó, veinte años después de las peticiones de los campesinos, los documentos que lo acreditaban como tal. El ejido La Ciudad se constituyó entonces con 160 campesinos y a la fecha ha tenido tres ampliaciones, es decir, se han incorporado más ejidatarios hasta sumar 245.

El ejido tiene una superficie de 13 mil 900 hectáreas, de las cuales 120 tienen la vocación recreativa. Además del aserradero, los leñadores fabrican muebles, escritorios y cajas para embalaje. 

Doña Paula comparte la mesa con su familia dentro de la primera cabaña que se construyó en 1997 en Mexiquillo: la 14. Allí arrancó la actividad turística dos años después. Ella ve con buenos ojos lo que está haciendo Efraín en la administración del negocio recreativo. “Hay quienes querían vender las cabañas, yo creo que no está bien, ¿de dónde sacaríamos ganancias si las vendemos?” reflexiona la señora.

Efraín González Rivas mira a su tía desde el otro extremo de la mesa, sentado junto a su madre Catalina Rivas Ríos; la escucha y le recuerda los años precisos de la fundación del ejido, de la construcción de los túneles, de la instalación del aserradero, del número de ejidatarios…

Turismo en la montaña alta

mexiquillo
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Los viejos se resistían a cambiar su actividad económica, por generaciones vivieron de la madera: de cortar los esbeltos pinos y convertirlos en tablones, hasta que el bosque se agotó y no hubo más árboles gigantes qué aprovechar. Entonces llegaron las nuevas generaciones y ante la carencia de alternativas laborales, comenzaron a experimentar con el nuevo modelo de negocio del turismo rural. Fue así como comenzó el posicionamiento de Mexiquillo como una zona de turismo de alta montaña, un atractivo manejado por los ejidatarios de La Ciudad, ejido de Pueblo Nuevo, Durango.

Mexiquillo se sitúa aproximadamente a 100 kilómetros de la capital estatal Durango, sobre la carretera libre a Mazatlán, es un pueblo antaño eminentemente maderero que todavía trabaja un par de aserraderos, pero esta actividad no es como antes. De ser la principal fuente de ingresos, se ha rezagado gracias a que la población adoptó al turismo rural como una forma de subsistencia.

Y es que los paisajes que ofrece la región son sumamente atractivos, reconocen los visitantes que regularmente acuden a las cabañas de madera.

El jardín de piedra, un conjunto de rocas que parece fueron sobrepuestas por alguien, dispersas en un amplio valle cubierto por pastizal, es uno de los sitios que enriquecen la oferta. O La Nube, un punto alto en la Sierra Madre Occidental que se convierte en un espectacular mirador desde donde se aprecian los Tres Frailes: un conjunto de peñascos que eso parecen a la distancia, una tercia de religiosos.

Otro trío sobresaliente son los tres manantiales, es un lugar donde nacen los arroyos que hidratan esta región donde se cultivan duraznos y ciruelas.

Incluso los túneles, una vieja infraestructura ferroviaria es uno de los paseos turísticos donde también se practica el rapel.

La oferta de servicios turísticos se ha ampliado, los habitantes de La Ciudad organizan recorridos a bordo de cuatrimotos, razers y camionetas adaptadas para andar por los diversos puntos de la sierra. Hay restaurantes con menús variados y tiendas donde comprar víveres para cocinar en las cabañas.

Mexiquillo es además un lugar para organizar expediciones educativas. Alumnos de las escuelas cercanas son organizados para conocer la biodiversidad de la sierra.

También aquí es punto de encuentro de motociclistas y ciclistas que cubren la ruta Durango-Mazatlán como un reto personal.

Sin embargo, en este primer semestre del año ha llovido muy poco, la sequía también ha impactado en este sitio alto al grado de que los incendios son frecuentes.

Entre el 8 y 10 de junio recientes un par de incendios comenzaron por el norte y sur de Mexiquillo, uno de éstos ocurrió porque continúa la costumbre de limpiar las zonas de cultivo quemando los restos vegetales, lo cual representa un riesgo porque el viento suele dispersar los rescoldos y así iniciar una quema forestal. Es lo que ocurrió con el primero de los incendios en Tres Manantiales, donde a decir de los pobladores se quemaron 80 hectáreas de pastizal y arbolado.

El segundo incendio comenzó este lunes 10 de junio en la zona de los túneles, y se cree que fue una colilla de cigarro encendido lo que pudo ocasionarlo. 

Es cuando los trabajadores del parque natural de Mexiquillo se organizan como apagafuegos y comienzan con las labores de abrir brechas cortafuego para impedir que avancen las llamas, lo que en muchas ocasiones no resulta efectivo porque el viento anima el incendio.

"Ya no tardan las lluvias, nada más comienzan y todo se pone verde, los arroyos se recuperan y la cascada se pone muy bonita", dice Alexis Cárdenas, joven guía de turistas quien tuvo que apresurar el paso para incorporarse a la brigada que combate el segundo incendio de la semana, el de Los Túneles.

Entre este domingo y martes 11 de junio por lo menos cuatro incendios forestales estaban activos en el territorio de Pueblo Nuevo, municipio duranguense donde se halla Mexiquillo. Sus habitantes además de cumplir la función de guías turísticos, también forman parte de las brigadas que enfrentan las conflagraciones. 

De acuerdo a la Comisión Nacional Forestal al momento hay siete incendios activos que han consumido más de 4 mil 500 hectáreas de bosque. Entre las principales causas están el desmonte de superficies agrícolas usando el fuego, colillas de cigarro que tiran a la floresta y el efecto lupa, que es cuando los vidrios de envases enfocan el calor del sol en áreas susceptibles de quemarse.

Por otra parte, la falta de lluvias propicia condiciones favorables para los incendios forestales.

Mexiquillo, enclavado en la Sierra Madre Occidental, ha dejado de ser un pueblo de madera para convertirse en una opción recreativa, sin que los riesgos naturales cambien, como los incendios y las sequías.

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