Crédito de la fotografía: 

La arquitectura de la sombra (De architectura umbrae)

Autor:  Jesús Tovar

En los últimos meses el calor en nuestra región y en nuestra ciudad se ha intensificado al punto de que muchas personas ya no lo aguantan y es muy comprensible. Las temperaturas han casi alcanzado los 50 grados centígrados (27 grados centígrados encima de la temperatura de confort). Con lo anterior nos hemos dado cuenta de mala manera que hemos construido mal, muy mal. No le damos importancia al aislamiento térmico y muchos otros recursos que deberíamos de tener en nuestras viviendas y edificios. Por ejemplo, el uso del block de concreto y el uso excesivo del concreto en la urbe siguen aumentando las temperaturas gracias al conocido efecto de isla de calor que las mantiene muy altas y no debería de ser así.

La ciudad ya cuenta con los suficientes arquitectos para revertir ésta y muchas otras problemáticas que enfrentamos diariamente. En otros tiempos y tradicionalmente los contratistas, los arquitectos o incluso la ciudadanía en general construían con lo que podían y con lo que tenían. Hoy eso ya no es posible si no queremos sufrir de por vida las temperaturas extremas a las que estamos expuestos a cada hora del día o de la noche. Ya es hora de proyectar y construir con razón y con inteligencia. La sociedad lagunera necesita de soluciones bien conceptualizadas y desarrolladas por profesionales capaces, que no son la mayoría, pero que sí existen.

Torreón, la ciudad de las temperaturas extremas, del sol brillante, del polvo siempre presente, de los escasos oasis, de la vegetación maravillosa no valorada y de las sombras soñadas, que está enclavada en el desierto donde siempre deberían de existir muchos refugios contra la luz y el calor excesivo. Pero casi nada hemos hecho al respecto.

Disfrutamos muy poco de la ciudad, de nuestros edificios y de nuestras viviendas. Los arquitectos son los únicos profesionales capaces de crear con todos sus recursos disponibles (y aunado a su talento y capacidad) ciudades y edificios que nos protejan del intemperismo para poder caminar nuestra ciudad con mucha mayor frecuencia. Por el contrario, nos seguimos derritiendo después de caminar durante dos cuadras. La poca nubosidad citadina durante todo el año provoca que la luz solar siempre impacte directamente en los edificios, las viviendas y las personas de forma agresiva, directa e implacable. Además, cometemos el error de dejar entrar al sol excesivamente en nuestros espacios interiores y exteriores. Hay pocas áreas sombreadas donde guarecerse y tenemos una crisis de penumbra. Vivimos en una ciudad sin confort que reduce nuestro rendimiento y afecta nuestro estado de ánimo. ¿Nos hemos dado cuenta? ¿Qué estamos haciendo para resolver esto?

Es por todo lo anterior, que tenemos la obligación de generar un urbanismo y una verdadera arquitectura de la sombra (De architectura umbrae) que nos permita vivir nuestra urbe con mayor plenitud e incluso alcanzar la felicidad, el objetivo final de la buena arquitectura. En este ambiente lleno de contrastes, la luz y la sombra representan dos conceptos completamente antagónicos pero que pueden conformar una verdadera arquitectura lagunera.

Como todos sabemos, de la luz se desprende la sombra, siendo la luz el único material gratis con el que cuenta el arquitecto según Alberto Campo Baeza, los demás tienen un costo. En esto llevamos ya una gran ventaja porque en nuestra ciudad nos sobra la luz. Junto con la luz en nuestra ciudad necesitamos urgentemente de la sombra (junto con la penumbra, que no es lo mismo) y que igualmente pueden ser generadas por el arquitecto capaz y con un excelente manejo del oficio. Nuestra labor, por lo tanto (y lo he repetido muchas veces) no es solamente construir muros y losas torcidas o que parecieran caprichosas. La arquitectura siempre va más allá de la mera construcción. La maestría de un arquitecto radica en su manejo de la luz y de la sombra. El sol intenso puede ser un aliado fraterno o un enemigo incomodo ya que nos permite regular el confort dentro o fuera de cualquier edificación. El arquitecto cuenta con todos los medios para permitir su libre impacto, regularlo, disminuirlo o incluso evitarlo según la necesidad de los usuarios. Herramientas de diseño como los portales, las cubiertas, los parasoles, las grillas, las celosías, los aleros, los volados, las viseras, los postigos, las cortinas, las troneras, entre otros, forman parte de un repertorio casi inagotable para dar una solución acertada a cada caso en particular.

Por ejemplo, el arquitecto podría calentar pasivamente una serie de espacios (permitiendo la entrada del sol en invierno, por ejemplo) o enfriarlos pasivamente (permitiendo la entrada del sol en verano, por ejemplo) y así regular las temperaturas que cualquier persona podría vivir dentro o fuera de cualquier vivienda o un edificio. No solamente el uso de equipamiento (que genera altos consumos de operación y mantenimiento) es la solución más deseable. Por lo tanto, las ventanas grandes se deberían de evitar al máximo (en la mayoría de las orientaciones) y las ventanas pequeñas deberían de ser las más comunes en nuestro desierto y que son como las que están siempre presentes en nuestra arquitectura vernácula. Desgraciadamente este inteligente criterio se lleva al cabo cada vez menos en la ciudad por el afán de estar a la moda o por simple y llana ignorancia. La penumbra y las sombras generadas por proyecto arquitectónico de calidad provocarán una reducción considerable en las temperaturas de cada uno de los espacios involucrados aunado a otros beneficios como un mejor descanso en áreas intimas de una vivienda, reducción en los consumos en energía, entre otros y que deberíamos de entender, investigar, promover y aplicar mucho más. 

El espacio público de Torreón en general no ha sido protegido contra la luz solar. Para muestra un botón, la Plaza Mayor, un espacio público muy mal resuelto junto con el edificio principal del ayuntamiento. Una plaza pública que es utilizada muy pocas veces durante el día y que es un verdadero comal de ciudad. Es común y hasta cómico ver cómo las personas que caminan su plaza siguen la sombra de la asta bandera para evitar el impacto de un sol brutal. Una plaza prácticamente sin ningún espacio sombreado y construido totalmente con concreto. ¿Por qué se permite esto? ¿Qué conocimientos y experiencia tienen los que la proyectaron? Enrique Norten (un afamado arquitecto mexicano) cuando la visitó hace algunos años criticó enormemente este proyecto y solo se guardó silencio. Hasta el día de hoy no se han corregido sus obvias fallas. ¿Qué significa esto? Significa que necesitamos urgentemente una arquitectura de la sombra (De architectura umbrae) que al parecer nunca hemos considerado necesaria. Ojalá y el calor extremo actual nos haga reflexionar y tomar partido. Ahora pensemos en todas las banquetas y las calles de la ciudad. Estas amplias áreas expuestas deberían de contar con una mayor cantidad de sombra tanto para permitir la circulación más confortable de los transeúntes además de ayudarnos a reducir la temperatura general de la urbe y su efecto de isla de calor. Un programa integral de solución urbana podría estar compuesto para empezar de un ambicioso proyecto de reforestación citadino y sombrear todas nuestras banquetas… ¿Por qué no?

Recordemos que para los tuaregs del desierto del Sahara y después de realizar largos viajes o largas travesías caminando siempre eran necesarios los oasis para poder descansar algunas horas además disfrutar de sus espacios de sombra y con abundante agua. En nuestra ciudad podríamos usar esta misma metáfora ya que deberíamos de contar con una mayor cantidad de pulmones verdes (o pequeños oasis) llenos de nuestros árboles y nuestras plantas, diseñar y construir una mayor cantidad de fuentes y generar una buena arquitectura de valor que nos permita tomar los momentos de descanso y deleite necesarios en medio de nuestras prisas cotidianas. Esta podría ser una pequeña descripción adelantada y breve de esa ciudad anhelada (Optatam urbem) de la que ya hemos hablado y que podríamos hacer realidad si quisiéramos…

La arquitectura de la sombra (De architectura umbrae) forma ya parte de una investigación que el gremio de arquitectos debería de profundizar más para ser aplicada a la brevedad en todos los rincones de nuestra ciudad. El valor de la sombra en estos tiempos de calentamiento global ya es toda una necesidad imperante para una ciudad que solo aumenta sus temperaturas sin control. Temas como el papel la sombra en el interior de los edificios, la sombra en el interior de las viviendas, la sombra en nuestra arquitectura vernácula, la diferencia entre la sombra y la penumbra, las ventajas y desventajas de la arquitectura de la sombra, las ventajas y desventajas del uso de la penumbra, la sombra como detonadora del descanso, la arquitectura de la sombra (De architectura umbrae) como parte de nuestra identidad y la arquitectura de la sombra (De architectura umbrae) como invitación para recorrer una obra arquitectónica o urbana son parte complementaria de lo comentado en este texto. 

A esa frase poderosa y significativa de mi admirado Alberto Campo Baeza “Architectura sine luce, nulla architectura est” (Arquitectura sin luz no es arquitectura) yo le agregaría la siguiente frase muy personal y para redondear la definición de Arquitectura antes planteada: “Architectura sine umbria nulla architectura est” (Arquitectura sin sombra no es arquitectura).

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