


Reportaje completo en la próxima edición de la revista digital Voces Nómadas.
Todo empezó con una llamada que lo cambió todo: “¡Mamá, pasamos! ¡Vamos a Malasia!”, gritó Dana Paola Salmerón Rubalcava, casi sin poder creer lo que acaba de suceder. Al otro lado del teléfono, Rosa Icela, su madre, aún en shock, respondió con una pregunta que refleja su incredulidad: “¿Dónde queda Malasia?”. Era el 6 de diciembre de 2024, y el trabajo de meses por fin tenía un resultado tangible. Lo que comenzó en el laboratorio de la Universidad Politécnica de la Región Laguna ahora llevará a Dana y a su compañera América Guadalupe Tapia Romero, a representar a México en una competencia internacional.
Este fue el culminante momento de un viaje lleno de retos, superaciones y trabajo arduo. América y Dana, estudiantes de nivel superior, presentaron su proyecto en la Feria Nacional de Ciencias y Humanidades 2024: un bálsamo labial natural hecho a base de productos como cera y miel de abeja, aceites esenciales y un pigmento especial: la grana cochinilla.
Sin embargo, no fue una tarea fácil. Durante meses enfrentaron dificultades como la consistencia del bálsamo, los problemas con la formulación y, sobre todo, la presión de lograr un producto que cumpliera con los estándares que el jurado esperaría.

Las dificultades para obtener el bálsamo no fueron menores. Durante el proceso de creación, se toparon con retos como la consistencia, que a veces resultaba demasiado blanda o líquida.
Pero no se dieron por vencidas. “Hubo momentos en los que pensé que no íbamos a lograrlo”, recuerda Dana. “Cada vez que parecía que el bálsamo no iba a funcionar, probábamos algo diferente, hasta que lo conseguimos.” Gracias al apoyo de sus profesores y la constante retroalimentación de jueces en cada etapa, lograron mejorar su proyecto y ajustarlo a las exigencias de la competencia. Al principio, en la etapa regional, recibieron críticas constructivas que las motivaron a seguir adelante.
A medida que avanzaban a la etapa estatal, las jóvenes se sentían más preparadas y seguras de su producto. “Cuando nos dieron el primer lugar a nivel estatal, sentí que todo lo que habíamos trabajado había valido la pena”, afirma Dana. Pero la emoción no terminó allí. Su siguiente desafío sería la fase nacional en Tabasco, donde se medirían con más de 400 proyectos de todo el país, además de 11 proyectos internacionales.
La Feria Nacional de Ciencias y Humanidades en diciembre de 2024 fue un evento de gran envergadura. Dana y América se enfrentaron a un nivel de competencia mucho mayor que el que habían experimentado en etapas anteriores. “Había proyectos impresionantes, de universidades y de otros países. La competencia era muy fuerte, y en ese momento, ya no estábamos tan preocupadas por ganar, sino por aprender y conocer a otros jóvenes innovadores”, relata Dana.
En las presentaciones, el jurado era mucho más riguroso. Había jueces con distintos enfoques: algunos se centraban en la metodología, otros en los resultados, algunos más en la parte administrativa del proyecto. “Fue un reto porque cada juez quería ver diferentes cosas, y aunque estábamos preparadas, no sabíamos qué esperar. Pero cuando nos tocó un juez que nos dijo que nuestro proyecto era un emprendimiento, sentimos que lo estábamos haciendo bien”, recuerda Dana.
Cuando finalmente llegó el momento de la premiación, las emociones estaban a flor de piel. Tras escuchar el nombre de los ganadores en las categorías anteriores, Dana y América ya casi daban por hecho que no ganarían. Sin embargo, cuando anunciaron que el proyecto de Bálsamo labial hecho a base de cera de abeja había ganado el primer lugar en la categoría superior, ambas se quedaron en shock.

“De verdad no lo podía creer”, afirma Karla. “Pensé que no ganábamos. Pero cuando escuché el nombre de nuestro proyecto, simplemente no podía contener la emoción.” Las jóvenes subieron al escenario, recibieron sus medallas y, después, fueron invitadas a representar a México en la competencia internacional, que se llevaría a cabo en Malasia en septiembre de 2025.
Esa misma noche, Dana, aún emocionada, llamó a su mamá para compartir la noticia. “Mamá, ¡pasamos a la final mundial en Malasia!”, gritó, con la voz entrecortada por la emoción. Rosa Icela, con el corazón acelerado, no podía comprender lo que su hija le decía. “¿Malasia?”, preguntó, sin poder creer que el sueño de su hija se estaba haciendo realidad.
Este reportaje completo aparecerá en la próxima edición de la revista digital Voces Nómadas.