

(Deserti hortis vel siccis hortis)
El diseño de jardines no es un arte o una técnica que permite crear espacios residuales allá en el fondo del predio o en un espacio que nos sobró después de construir lo “importante”. El jardín en un edificio o en una vivienda forma parte de un proyecto arquitectónico integral con todo su impacto, con toda su aportación y con toda su importancia. Los espacios exteriores son igualmente importantes que los interiores.
Los jardines deberían de ser más valorados como espacios para realmente vivirse o disfrutarse y no solamente para “verlos desde lejos” o “para que los disfruten las mascotas”. En México es lamentable cómo los jardines generalmente forman parte de áreas que no tienen importancia o forman parte del segundo plano o tercero del proyecto.
El espacio destinado al jardín (generalmente posterior, aunque hay sus excepciones) son los espacios sobrantes de un mal diseñador de un proyecto mediocre y la figura del jardinero siempre es aquella que está conformada por un par de tijeras y una máquina cortadora a gasolina, nada más.
Se mantienen más no se diseñan o se componen. Para todos los que no saben, los arquitectos y los paisajistas también podemos diseñar y construir jardines, recordemos la obra de Luis Barragán. Los jardines en la actualidad son una necesidad emocional y una oportunidad invaluable de recreo y de encuentro para el hombre estresado y agobiado de este siglo.
Ya sean verdes o secos, los jardines tienen una importancia fundamental en la vida contemporánea en cualquier edificio o vivienda del mundo. Aunado a los problemas que el hombre con su industria rapaz sigue generando en el planeta elevando sus temperaturas de manera incontrolada y sobre todo con la escasez del agua que se viene generalizando en todos los países.
En nuestro despacho, Tovarendón+Arquitectos, siempre hemos propuesto los llamados jardines de desierto o los jardines secos (Deserti hortis vel siccis hortis) por encima de los comunes llamados “verdes” compuestos solamente por “pasto en rollo” (con nulo diseño, por cierto) y que son tan comunes en la Comarca Lagunera y que requieren un alto consumo de agua para su mantenimiento. Estos jardines de desierto o secos fundamentalmente obedecen a su ubicación dentro de una zona árida del norte del país y buscan ser un apoyo fundamental para reducir los costos de mantenimiento que generan las viviendas y los edificios en la ciudad. Este tipo de jardines junto con otras muchas medidas ecológicas son además avaladas por Leadership in Energy and Enviroment Design (LEED) y que reducen el consumo de energía y costos en las viviendas y en los edificios. Aunado a todo lo anterior, estos jardines forman parte de un tema muy importante para nosotros ya que forman parte de la identidad de la Comarca Lagunera. Una identidad que surge de una cultura del desierto.

Desgraciadamente los jardines de desierto o secos no son tan comerciales y atractivos para la sociedad como los conocidos como “jardines verdes” de acuerdo con estudios de mercado realizados por algunas constructoras locales. Esto refleja un pobre sentido de pertenencia por parte de los laguneros. A pesar de lo anterior, nuestro despacho y el autor de este texto apoyan estos proyectos “no comerciales” en pos de la creación de una conciencia medioambiental tan necesaria en la actualidad. Los “jardines verdes” por tradición son los más llamativos para la mayoría, pero recordemos que son de un alto costo de mantenimiento y están compuestos por vegetación que generalmente no pertenece al lugar. En muchos casos ni siquiera es de la llamada flora introducida.
Lo más inteligente y razonable sería la utilización de la flora endémica en primer lugar y la introducida en segundo lugar. Esta vegetación ha sido impuesta (por intereses comerciales de sus vendedores y “diseñadores”) en una región que no cuenta con el clima adecuado para su supervivencia y desarrollo óptimo. Es por eso por lo que muchas de estas plantas, arbustos o árboles mueren o requerirán de un cuidado excesivo y constante durante toda su vida.
Los “jardines verdes” podrán ser bellos, pero no deberían de ser los predominantes en una región desértica. Los jardines del desierto o los jardines secos (Deserti hortis vel siccis hortis) representan todo lo contrario y son una gran oportunidad para la región. Estos ayudan a revalorar la cultura del desierto, su clima, su flora e incluso su fauna aunado a los grandes beneficios al ser jardines con muy poco consumo de agua y mantenimiento. Estos ahorros son necesarios y bienvenidos por todos. Estos jardines al ser generalmente secos aparentan carecer de vida y color, lo cual es completamente falso.
A los que vivimos en el desierto generalmente no valoramos lo que tenemos. Hay un profundo desinterés por lo nuestro y seguimos siendo “malinchistas” en muchos sentidos. Al desierto lo rechazamos, no nos interesa y aspiramos a todo “lo verde”, a un jardín exuberante y exagerado al precio que sea. Aunque esta aspiración puede considerase legítima es también muy irresponsable ya que no contamos con el agua suficiente tanto para el consumo humano como para el mantenimiento de tantos jardines verdes en espacios públicos y privados. Hoy vivimos en carne propia los estragos del calentamiento global que muchos no creen, pero es muy real.
En la región lagunera el “jardín verde” se vende muy bien y predomina, el pasto en rollo cubre miles de metros cuadrados solo porque “se ve bonito”. Muchos de los jardines verdes no se usan, no se disfrutan, pareciera que solamente son para verse y para tomarles fotos o los famosos “selfies”. Nuestro interés no es desacreditar los “jardines verdes” sino solamente colocarlos en su justo lugar, una opción de varias que existen. Incluso sería también razonable hacer una combinación de “verdes” en un 25% y “secos” en un 75% dentro de un solo jardín. Lo ideal sería un jardín seco al 100% pero no es tan fácil generar un cambio tan radical. Estas simples medidas nos ahorrarían miles de litros de agua potable para consumo humano. El diseño de un jardín con Xeriscapia (combinación de jardín seco y verde como lo anteriormente comentado) o 100% seco representan una gran aportación ciudadana.
Todos deberíamos de pensar muy bien antes de proponer e instalar un “jardín verde” comenzando por saber si se cuenta con los recursos para mantenerlo adecuadamente. Por ejemplo, el municipio de Torreón tiene muchas áreas verdes que nos deja claro que no puede mantener como debería de ser en los espacios públicos de toda la ciudad. Este es un punto de mejora que espero que corrijan pronto privilegiando los jardines “secos” en la ciudad.
Por otro lado, es importante que los arquitectos tomemos muy en cuenta en nuestros proyectos que el cuidar el agua ya forma parte de nuestra responsabilidad profesional y deber ético junto con el cuidado del resto de los recursos de todos nuestros clientes.
Lo que sí es muy claro es que no deberíamos de entrar en el juego de plantar pasto en rollo de forma exponencial, plantas foráneas y gastar para su riego grandes cantidades de agua solo para verlo, esto sería sin duda un comportamiento irresponsable para nosotros mismos, para nuestra ciudad y para nuestro planeta.

Los jardines del desierto o los jardines secos (Deserti hortis vel siccis hortis) buscan ser una respuesta inteligente que acompañe al diseño de una arquitectura que obedezca al lugar, a nuestra identidad y a muchos otros factores a tomar en cuenta por el arquitecto lagunero. Tenemos la obligación de reconciliarnos con el desierto. Para el diseño de estos jardines nuestro despacho Tovarendón+Arquitectos se ha inspirado principalmente en los jardines zen del Japón y en los jardines de Luis Barragán, nuestra influencia y faro principal. Un buen diseño de jardín se logra con el uso de materiales naturales en escasas cantidades y colocados de forma muy precisa dentro del paisaje. Gravas de diversos tamaños, maderas, flora y fauna endémica, una paleta de colores limitada y andadores que generen un recorrido y un goce permanente en espacios sombreados y exteriores de las viviendas o en edificios. Este tipo de jardines tienen una belleza algo extraña y diferente a la que no estamos acostumbrados, pero hay muchos casos de éxito alrededor del mundo que la avalan.
En nuestro despacho hemos investigado firmas que desarrollan este tipo de jardines con gran éxito en Arizona y otros estados del sur de los Estados Unidos. Estas regiones cuentan con un clima casi idéntico o similar al de la Comarca Lagunera. Firmas como los despachos de Rick Joy, Will Bruder, Dust, Jones Studio, Studio Ma y Wendell Burnette han sido estudiadas cuidadosamente por nosotros con el afán de revalorar no solamente la llamada “Arquitectura del desierto” sino también sus jardines del desierto o los jardines secos (Deserti hortis vel siccis hortis).
Necesitamos buenos ejemplos en la región para apreciar su única y extraordinaria belleza. Actualmente además estamos trabajando con un manual de diseño, de mantenimiento y de riego, un catálogo de cactáceas, suculentas, árboles y matorrales de la región. Ya hemos diseñado y construido algunos jardines con estos criterios. En la Laguna apenas se comienza a valorar este tipo de jardines más por necesidad (por la creciente falta de agua o por el alto costo de mantenimiento de los “verdes”) que por lo comentado anteriormente. Estos jardines ya se deben de ver con “ojos de cariño” y con ojos de quien sabe apreciar también el paisaje donde vivimos y donde hemos nacido. Por desgracia y por falta de una sólida cultura visual y estética la sociedad lagunera todavía se resiste a aceptarlos.
En Tovarendón+Arquitectos seguimos trabajando en la concientización y ya hemos realizado varias charlas en el despacho, en algunas constructoras y en otros sitios para tratar de abrir la mente a la mayor cantidad de personas interesadas en este interesante tema. En la Laguna realmente hay pocos ejemplos de jardines de desierto de una calidad comprobada y digna de presumirse. Solamente recuerdo la Planta de la Renault de Ricardo Legorreta de 1984 que fue integrada a su entorno con el uso de piedra bola en grandes volúmenes y con flora nativa y endémica de la región. Desgraciadamente esta planta se encuentra ya modificada y muy deteriorada. Deben de existir algunos otros jardines privados pero su acceso está muy limitado. Es necesario crear una cultura del desierto y detonar de ella sus respectivos jardines.
Finalmente, el ciudadano será el que decida qué tipo de jardín le gusta más para complementar la arquitectura de su vivienda o de su edificio. Ya sea “verde” o “seco” ambos criterios de diseño de jardines son muy bellos y necesarios para la contemplación en medio de la ciudad. Lo más inteligente sería hacer empatar la arquitectura y el diseño de jardines con nuestro entorno muchas veces relegado a un segundo plano en pos de lucrar con una arquitectura y jardinería 100% comercial y que no se integra a lo que somos. Por eso nuestra labor profesional debería de ir encaminada a brindar igual importancia tanto a los espacios construidos como los jardines que componen todo proyecto de arquitectura de valor. Siendo democráticos podemos generar espacios dignos para poder estar, charlar, reflexionar, pensar, estar en silencio, contemplar, conmover, orar, deambular, divagar e incluso encontrarse con uno mismo y con Dios. Los arquitectos deberíamos de crear espacios significativos laguneros, mexicanos y contemporáneos que le brinden a todos el fin último y más loable de la arquitectura y el urbanismo: la felicidad. Una felicidad contenida dentro de nuestra ciudad anhelada (Optatam urbem).