La investigación participativa como motor de sostenibilidad en las zonas áridas de México

Por Víctor Manuel Reyes Gómez

La investigación participativa es un enfoque colaborativo que reconoce a las comunidades como socios activos, no solo como objetos de estudio. Las personas que habitan las regiones áridas contribuyen con su conocimiento sobre el manejo de recursos, prácticas tradicionales y necesidades locales, mientras que los científicos aportan herramientas y metodologías avanzadas.

Investigador del Instituto de Ecología (INECOL)

Las zonas áridas representan uno de los ecosistemas más desafiantes de México, con una compleja interacción entre factores sociales, económicos y ambientales. Para enfrentarlos, la Red Internacional para la Sostenibilidad de Zonas Áridas (RISZA) ha implementado un enfoque innovador: los Observatorios Participativos Socioecológicos (OPSEs).

Este modelo se basa en la investigación participativa, una estrategia que involucra activamente a las comunidades locales en todas las etapas del proceso de generación de conocimiento. En lugar de que la ciencia se produzca de manera aislada, este enfoque busca combinar el conocimiento científico con el saber local, logrando resultados más prácticos, sostenibles y culturalmente pertinentes.

¿Qué es la investigación participativa?

La investigación participativa es un enfoque colaborativo que reconoce a las comunidades como socios activos, no solo como objetos de estudio. Las personas que habitan las regiones áridas contribuyen con su conocimiento sobre el manejo de recursos, prácticas tradicionales y necesidades locales, mientras que los científicos aportan herramientas y metodologías avanzadas.

Este intercambio fomenta la cogeneración de conocimiento, es decir, la creación conjunta de soluciones adaptadas al contexto local. Este modelo no solo mejora la pertinencia de las investigaciones, sino que también empodera a las comunidades al integrarlas en la toma de decisiones sobre su propio territorio.

Investigación en acción

La Red Internacional para la Sostenibilidad de Zonas Áridas estableció siete Observatorios Participativos Socioecológicos en zonas áridas representativas de México, cada uno con enfoques y actividades específicas:

  • OPSE Guadalupe (Baja California): Promueve la viticultura sostenible en una región tradicionalmente agrícola.
  • OPSE Cuauhtémoc (Chihuahua): Apoya sistemas intensivos de producción agrícola y ganadera.
  • OPSE Comcaac (Sonora): Trabaja con la comunidad indígena seri en la conservación de fauna marina y terrestre.
  • OPSE Mapimí (Durango, Coahuila y Chihuahua): Destaca por su trabajo en la Reserva de la Biosfera Mapimí y la protección de la tortuga del bolsón (Gopherus flavomarginatus).
  • OPSE El Tokio (Altiplano mexicano): Se centra en la conservación de pastizales y especies emblemáticas como el perrito de la pradera (Cynomys mexicanus).
  • OPSE Sierra Nombre de Dios (Chihuahua): Aborda los desafíos de urbanización en zonas periurbanas.
  • OPSE Caprinos SLP (San Luis Potosí): Mejora prácticas ganaderas en comunidades dedicadas a la caprinocultura.

Beneficios de la investigación participativa

Los impactos positivos de este enfoque son visibles tanto a nivel local como nacional:

  1. Soluciones prácticas y adaptadas: Las comunidades no solo implementan las propuestas, sino que las enriquecen con su conocimiento. Por ejemplo, en el OPSE Mapimí, se propuso una redefinición de los límites de la Reserva de la Biosfera Mapimí con base en entrevistas y talleres con habitantes locales, logrando una delimitación más representativa del territorio real.
  2. Mejora de recursos básicos: En colaboración con la Fundación Gonzalo Río Arronte, se implementaron ecotecnologías para mejorar la calidad del agua en la ganadería y uso doméstico, así como baños ecológicos en comunidades sin servicios sanitarios.
  3. Monitoreo ambiental compartido: Se instaló una red de estaciones meteorológicas y pozos de monitoreo, cuyos datos son registrados en el Repositorio Participativo del Desierto (https://repositorio.risza.mx/). Los habitantes locales utilizan tablets para capturar datos, integrando tecnología y saberes tradicionales.
  4. Capacitación y empoderamiento: Talleres sobre el uso de cámaras trampa y monitoreo de fauna, como el impartido en el OPSE Mapimí, han involucrado directamente a las comunidades en la conservación de especies clave como el venado, puma y aves locales.

El impacto social y ambiental

El proyecto no solo se limita a la producción de conocimiento; también fomenta la cohesión social, el respeto por los recursos naturales y la generación de oportunidades económicas. Las comunidades han fortalecido su capacidad para manejar recursos, adaptarse al cambio climático y conservar su entorno, mientras que los investigadores obtienen una perspectiva integral para abordar problemáticas complejas.

Un ejemplo destacado es la Feria de Saberes realizada en noviembre de 2024 en el OPSE Mapimí. Durante dos jornadas, comunidades de aprendizaje y científicos compartieron experiencias, analizaron metas futuras y validaron el impacto del proyecto en la región.

Modelo para replicar

La investigación participativa, como la realizada en los OPSEs, demuestra que la sostenibilidad en las zonas áridas de México no es solo un desafío ambiental, sino una oportunidad para integrar ciencia, tecnología y comunidades en beneficio mutuo.

Para más información o para unirse a esta iniciativa, visita https://risza.mx o contacta a:

El número y nombre del proyecto es:  319059: Observatorios Participativos Socio-Ecológicos de zonas áridas. Etapa II: Co- definición y cogeneración del conocimiento para la protección de la diversidad cultural y biótica y el desarrollo sostenible

Comité técnico del proyecto:

Elisabeth Huber-Sannwald (IPICYT)
Natalia Martínez Tagüeña (CICSER)
Simone Lucatello (INSTITUTO MORA)
Claudia Leyva (UABC ENSENADA)
GEORGES SEINGIER (UABC ENSENADA)
Luis Carlos Bravo Peña (UACJ CUAUHTÉMOC)
Salvador Narváez (PRONATURA NORESTE. A.C.)
Víctor Manuel Reyes Gómez (INECOL, A.C. CHIHUAHUA)

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