


Con información de la entrevista realizada por el maestro José Carlos Nava para Heraldo Laguna
El investigador Israel Piña equiparó el uso creciente de agua de la Inteligencia Artificial, con el abasto de agua en la Comarca Lagunera.
“La inteligencia artificial no solo consume electricidad y datos. También consume agua, mucha más de la que imaginamos”, afirmó Piña durante la charla con el maestro José Carlos Nava.
Aunque la IA se asocia principalmente con algoritmos, servidores y centros de datos, la infraestructura que la sostiene tiene requerimientos físicos concretos. Uno de los principales es el uso de agua para enfriar los gigantescos servidores donde se entrenan y operan los modelos de lenguaje, visión artificial y aprendizaje profundo.
Israel Piña puso en contexto esta dimensión: “El entrenamiento de un solo modelo como ChatGPT-3 implicó el uso de aproximadamente 700 mil litros de agua limpia, si consideramos todo su ciclo de vida: la producción de electricidad, la refrigeración y la fabricación de chips”.
Esta cifra representa solo el inicio de una tendencia preocupante. Según proyecciones del propio investigador, la huella hídrica anual de la inteligencia artificial podría alcanzar entre 4.2 y 6.6 mil millones de metros cúbicos de agua para el año 2027. Este volumen es difícil de imaginar, pero Piña lo aterriza en comparaciones muy concretas:
“Estamos hablando de una cantidad de agua equivalente a diez veces el volumen anual extraído del acuífero principal de La Laguna, una de las regiones más afectadas por el estrés hídrico en México. Y también es equivalente al 84% de la capacidad del lago de Chapala”, comentó.
El riesgo ambiental de la inteligencia artificial no es solo un asunto de Silicon Valley. En lugares como México, donde los acuíferos están sobreexplotados y las lluvias son cada vez más irregulares, las implicaciones pueden ser devastadoras.
“En La Laguna, por ejemplo, llevamos décadas extrayendo más agua de la que se recarga. Si la IA sigue creciendo sin control, su demanda de agua podría rivalizar con los volúmenes que sostienen regiones enteras. No es ciencia ficción, es un futuro muy probable”, advirtió el investigador.
El mayor consumo hídrico se da principalmente en tres frentes:
Refrigeración de centros de datos, donde el calor generado por los servidores debe ser disipado constantemente.
Producción de energía eléctrica, ya que muchas fuentes energéticas también requieren agua en sus procesos.
Fabricación de componentes electrónicos, como los microchips, que pueden requerir entre 5 y 10 litros de agua por unidad producida.
Un problema grave, según Piña, es la opacidad con la que operan las grandes empresas tecnológicas como Google, Microsoft y OpenAI.
“No existe regulación que las obligue a reportar con precisión cuánta agua consumen o en qué condiciones. Hablan de inteligencia artificial ‘verde’, pero no ofrecen datos reales que lo respalden”, dijo.
El Departamento de Energía de Estados Unidos ha advertido que, tan solo en ese país, el consumo de agua para refrigeración de centros de datos podría duplicarse o incluso cuadruplicarse en los próximos tres años, alcanzando entre 150 y 280 mil millones de litros anuales.
Frente a este escenario, el investigador señala que aún hay margen para actuar, pero requiere voluntad política y ética tecnológica:
“Lo mínimo que se puede exigir es transparencia. Que nos digan cuánta agua están usando y de dónde la obtienen. Y que desarrollen tecnologías de enfriamiento más eficientes o incluso alternativas sin agua”.
Piña también propone una conversación más amplia sobre la sostenibilidad del desarrollo tecnológico: “No podemos seguir promoviendo el crecimiento infinito de la inteligencia artificial sin preguntarnos a qué costo. ¿Estamos dispuestos a quedarnos sin agua para tener respuestas más rápidas de una máquina?”.
La entrevista con Israel Piña deja en claro que la inteligencia artificial no es solo un avance técnico, sino también un desafío ético y ecológico. Lo que está en juego no es solo el futuro del cómputo, sino también el del planeta.
El maestro José Carlos Nava, quien condujo la entrevista, reflexionó al respecto: “Muchas veces vemos la IA como algo intangible, como una nube de datos que vive en otro plano. Pero tiene consecuencias físicas, reales, y este testimonio nos ayuda a poner los pies en la tierra”.
El otro día leí que Microsoft está llevando a las profundidades del mar sur enormes tanques donde se almacenan estos millones de datos para ya no batallar con su necesidad de enfriamiento. Una buena solución.
No sé qué tan buena solución sea eso, pensando en el peligro para los ecosistemas marinos. Buena la info, eso sí. Gracias por tu comentario.