


“Mi abuelo fue de los primeros contratados por las compañías europeas”, recuerda la maestra Silvia Sueck, presidenta de los círculos trentinos del norte de México. Llegó a Sierra Mojada a finales del siglo XIX después de un trayecto que parecía una carrera de obstáculos: cruzar el Atlántico, pasar por la isla Ellis en el puerto de Nueva York, seguir en tren hasta El Paso, Texas —donde muchos se casaban— y después otro tramo de ferrocarril hasta Escalón, Chihuahua, para alcanzar finalmente el mineral de Sierra Mojada, el pueblo minero al norte de Coahuila. Así, entre trámites y fronteras, se escribía una cadena migratoria que traía desde Brez, Trentino, en Italia, no sólo obreros calificados, sino familias enteras que buscaban levantar un futuro en medio del desierto. Y en septiembre, se recuerda este proceso migratorio.
Según explica Silvia Sueck, la migración italiana hacia Sierra Mojada comenzó entre 1875 y 1880, proveniente de pequeños poblados como Bress, Clos, Cueva y Romano. Los primeros migrantes fueron contratados por compañías mineras transnacionales que necesitaban trabajadores capacitados para las minas, con conocimientos de nuevas tecnologías.

El fenómeno no fue individual: las familias se trasladaban en cadena. Primero llegaban los hombres contratados; después, con mejores condiciones económicas, traían a sus esposas, prometidas y vecinos. Se trataba de un movimiento circular: muchos trabajadores permanecían dos años, regresaban a Italia y luego volvían, o enviaban remesas para sostener a sus familias en medio de la crisis económica que atravesaba Europa en esa época.
El viaje era largo y complejo. Los italianos debían pasar por los filtros migratorios de Ellis Island, trasladarse en tren hasta Texas y finalmente llegar al centro minero de Sierra Mojada y su ciudad hermana, Esmeralda. Silvia Sueck enfatiza que esta migración es transnacional, ya que atravesaba múltiples fronteras y sistemas administrativos, pero también culturales y lingüísticos: los inmigrantes hablaban italianos, dialectos como el noneso, y tuvieron que aprender español para comunicarse con la población local.
Una vez instalados, los migrantes enfrentaron la soledad y la dureza del desierto, pero también construyeron comunidad. Silvia comparte que los registros históricos muestran cómo se mantenían en contacto con su lugar de origen a través de cartas, publicaciones en periódicos locales de Brez como La Voz Católica, y guías escritas por sacerdotes para informar sobre precauciones y consejos a quienes buscaban viajar a América. Estas comunicaciones ayudaban a los familiares a seguir la vida de los que estaban en México, incluyendo nacimientos y matrimonios.
Este 26 de septiembre, Sierra Mojada conmemorará sus 146 años de fundación con un evento que honrará a estas familias italianas. La maestra Silvia Sueck participará en la celebración, que se realizará en el Teatro Histórico Apolo y contará con autoridades locales y estatales, además de la develación de una placa conmemorativa. Este homenaje busca rescatar y difundir la historia de quienes ayudaron a poblar la región y a darle vida a la minería en Coahuila.
Aunque actualmente Sierra Mojada es un pueblo aislado y con muchas carencias, su historia sigue siendo atractiva y significativa. Las investigaciones de Silvia Sueck y de otros historiadores buscan recopilar fotografías y testimonios de descendientes de estas familias italianas, tanto en México como en Estados Unidos y Europa. Así se construye un puente entre el pasado y el presente, recordando que cada piedra del desierto guarda historias de migración, trabajo y familia.
Sierra Mojada, pueblo minero de Coahuila, es el resultado de cadenas migratorias, de esperanzas cruzando océanos y fronteras, de familias que lucharon por establecerse en un territorio difícil y lejano. Hoy, recordar esa historia es honrar a quienes, con esfuerzo y perseverancia, contribuyeron a formar la comunidad que conocemos ahora.
