Entre riesgos ambientales y nueva tecnología el gas no convencional podría redefinir el futuro de Coahuila

Por Héctor Esparza

Para Coahuila, el debate no solo gira en torno al potencial energético, sino a la capacidad de gestionar sus recursos. Aunque la tecnología ha evolucionado, el desarrollo de esta industria requiere planeación, regulación y una evaluación constante de sus efectos.

En medio del debate nacional sobre la posible explotación de gas no convencional en México, el doctor Luis Fernando Camacho Ortegón, director general del Centro de Investigación en Geociencias Aplicadas de la Universidad Autónoma de Coahuila, expone que el proceso requiere una evaluación estrictamente científica, sin decisiones anticipadas y con reconocimiento explícito de los riesgos ambientales y técnicos que implica.

El especialista forma parte de un grupo interdisciplinario convocado por el gobierno federal para emitir un dictamen técnico sobre la viabilidad de esta industria. Subraya que el trabajo no responde a una validación automática de políticas públicas, sino a un análisis integral basado en evidencia. “No es un cheque en blanco que tengamos nosotros que llenar, tenemos que hacer un análisis serio”, advierte, al señalar que el grupo deberá determinar si la explotación es viable, bajo qué condiciones y con qué implicaciones, o bien recomendar su aplazamiento si no existen condiciones suficientes; esto deberán hacerlo en menos de dos meses.

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Trayectoria y contexto técnico

Camacho Ortegón cuenta con más de dos décadas de experiencia en exploración de hidrocarburos no convencionales, particularmente en la cuenca Eagle Ford, en Texas. Él mismo refiere que ha estado “trabajando de cerca con campos de desarrollo de no convencionales” y dando seguimiento a la evolución tecnológica en esta industria. Ha participado en procesos de transferencia tecnológica y formación de capital especializado, además de colaborar con instituciones como el Instituto Mexicano del Petróleo y Petróleos Mexicanos.

Su trabajo incluye estudios geológicos, geoquímicos y de mecánica de rocas, lo que le permite contextualizar el potencial energético de Coahuila dentro de un marco técnico acumulado por décadas. En la entidad, explica, existen cerca de 90 años de investigación geológica y al menos medio siglo de exploración petrolera.

Geología y potencial en Coahuila

El especialista detalla que el norte del estado alberga formaciones sedimentarias ricas en materia orgánica, particularmente en la Cuenca de Sabinas y otras regiones como Piedras Negras, Guerrero e Hidalgo. A diferencia de los yacimientos convencionales, donde el gas fluye naturalmente por la porosidad de la roca, en estos depósitos el hidrocarburo permanece atrapado en formaciones de baja permeabilidad.

“Es una roca prácticamente impermeable… y para que produzca hay que generar una fractura”, explica. Esto obliga a aplicar técnicas de fractura hidráulica para liberar el gas. La relevancia de Coahuila radica en que ya existen campos identificados y pozos exploratorios, lo que reduce la incertidumbre geológica.

Diferencias tecnológicas entre el pasado y el presente

Uno de los puntos centrales del análisis es la evolución tecnológica. Hace dos décadas, la fracturación hidráulica requería grandes volúmenes de agua y múltiples aditivos químicos, además de contar con menor precisión para controlar la propagación de fracturas.

Actualmente, según el investigador, los avances incluyen monitoreo en tiempo real mediante sensores acústicos, uso de inteligencia artificial y procesos más controlados. “Hoy en día ya no es la presión solamente la que se mide, sino que se mide el sonido, estás siguiendo la fractura en una pantalla”, señala.

También se han reducido significativamente los volúmenes de agua utilizados. “Ahorita están utilizando el 10 por ciento de lo que usaban hace 22 años”, afirma .

Uso de agua y manejo del recurso

El tema del agua es uno de los más sensibles. Camacho Ortegón explica que la tendencia actual es sustituir el uso de agua dulce por agua salina o congénita. “Con la nueva tecnología ya no se usa agua dulce, se usa agua salada”, indica.

Además, el proceso incluye la recuperación del líquido utilizado. El agua de retorno se almacena en sistemas herméticos, se separan los sólidos y posteriormente se acondiciona para su reutilización. “La vuelves a inyectar, le vas dando vueltas”, describe sobre el ciclo de aprovechamiento del recurso, aunque debe incorporarse también agua menos salada para regular la concentración de sales y minerales.

Este esquema reduce la presión sobre acuíferos superficiales, aunque no elimina por completo el impacto ambiental.

Riesgos de contaminación de acuíferos

Sobre la posible afectación a mantos acuíferos, el especialista reconoce que existe preocupación social legítima. Explica que los pozos están diseñados con múltiples capas de protección mediante encamisados y cementación.

“Se cementa todo, y entonces ya no hay fugas”, afirma sobre los mecanismos de aislamiento. Además, destaca que la distancia entre los acuíferos someros y las zonas de fractura suele ser considerable. “Estamos hablando que los acuíferos no rebasan los 500 metros de profundidad y los pozos tienen más de 2500 metros de profundidad”, señala.

El agua que podría emplearse, ilustra, es el de acuíferos de agua congénita, que se encuentran a mucho mayor profundidad que los de agua dulce, son aguas cuyas concentraciones de sales y minerales son muy altas, no aptas para el uso humano, declara el entrevistado.

Aun así, enfatiza que el riesgo no desaparece. “Siempre puede caber una mínima posibilidad, no hay ninguna actividad humana que no deje huella”, indica.

Arenas y componentes químicos

En cuanto a los materiales utilizados, explica que las arenas empleadas en la fractura funcionan como agentes de sostén. Se trata de cuarzos de alta resistencia o materiales procesados. “Son casi como esferas de vidrio muy pequeñitas”, describe.

Respecto a los químicos, señala que el número de aditivos se ha reducido considerablemente. “Ahorita ya solamente usan uno, es biodegradable, muy parecido a la baba de nopal”, afirma, al explicar que su función es mantener la arena en suspensión y facilitar el flujo.

Este cambio contrasta con prácticas anteriores, cuando se utilizaban múltiples compuestos para compensar limitaciones tecnológicas.

El investigador insiste en que toda actividad humana implica una huella ambiental. “Toda actividad económica genera un impacto”, señala. En el caso del gas no convencional, los riesgos están asociados a la contaminación potencial, el uso de recursos y la infraestructura necesaria.

Aunque la tecnología ha permitido disminuir estos riesgos, no los elimina. Por ello, plantea que cualquier decisión debe considerar estudios de campo específicos.

Infraestructura y desafíos locales

En el plano estatal, identifica retos importantes. “Tenemos que mejorar mucho nuestras comunicaciones”, advierte sobre la necesidad de modernizar carreteras. También señala limitaciones en el sistema de abastecimiento de agua. “El acueducto está al límite”, indica al referirse al sistema de distribución y abasto del agua potable a la zona urbana en la región carbonífera. Estos factores podrían convertirse en obstáculos si se incrementa la actividad económica asociada a la industria.

Impacto económico y social en la población

En el plano social y económico, Camacho Ortegón plantea que el desarrollo de esta industria podría tener efectos directos en las comunidades del norte del país, particularmente en regiones con rezago productivo. A partir de experiencias observadas en Estados Unidos, refiere el caso de Cotulla, Texas, donde el auge del gas transformó la dinámica local. “La gente empezó a abrir negocios, ahora ya es una ciudad donde ya nadie tiene que emigrar”, señala.

Para el caso de Coahuila, advierte que el contexto actual, marcado por el cierre de industrias como Altos Hornos de México, abre la discusión sobre nuevas alternativas de desarrollo. “La gente está esperando un desarrollo diferente, ¿cómo vamos a lograr sacar adelante a nuestras familias?”, expone, aunque subraya que estos posibles beneficios deben analizarse junto con los impactos, ya que “es importante también analizar los beneficios y también los contras que puede tener la propia industria” 

Campos experimentales y perspectiva en Coahuila

Camacho Ortegón señala que en Coahuila ya existen antecedentes suficientes para avanzar en pruebas piloto. “Yo creo que merece una oportunidad, tener un piloto aquí en Coahuila”, plantea.

Propone iniciar con un número limitado de pozos para adaptar la tecnología a las condiciones locales. “Empezar primero con unos cuantos pozos, ir conociendo nuestro yacimiento”, explica.

El especialista plantea que la discusión debe mantenerse en el ámbito técnico, sin perder de vista los riesgos. “No podemos decir que se elimina, se reduce”, subraya sobre los impactos ambientales.

Para Coahuila, el debate no solo gira en torno al potencial energético, sino a la capacidad de gestionar sus recursos. Aunque la tecnología ha evolucionado, concluye, el desarrollo de esta industria requiere planeación, regulación y una evaluación constante de sus efectos.

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