


El regreso de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos marca un momento de incertidumbre y preocupación para los defensores del medio ambiente. Con un historial de escepticismo hacia el cambio climático y un enfoque centrado en los combustibles fósiles, su segundo mandato podría tener consecuencias significativas para las políticas climáticas tanto a nivel nacional como global.
Durante su campaña y después de su reelección, Trump ha reafirmado su compromiso con la expansión de los combustibles fósiles y el desmantelamiento de regulaciones ambientales. Entre sus propuestas clave destacan:
Gran parte de las propuestas de Trump se alinean con el Proyecto 2025, un documento de 900 páginas elaborado por la Heritage Foundation, un grupo ultraconservador. Aunque Trump ha tomado distancia pública de este plan, muchos de sus autores han sido nominados para ocupar puestos clave en su administración, como Russ Vought, encargado de definir prioridades presupuestarias.
Según Rachel Cleetus, directora de políticas sobre clima y energía de la Unión de Científicos Preocupados (UCS), el panorama es sombrío: “No nos hacemos ilusiones. Esta administración será muy destructiva, guiada por la lealtad ciega hacia un presidente que está en deuda con los intereses de los combustibles fósiles”.
La EPA será una de las principales agencias afectadas. Durante su primer mandato, Trump logró recortar su presupuesto y eliminar más de 100 regulaciones ambientales. Ahora, su plan incluye:
Las energías limpias y los vehículos eléctricos también enfrentarán retrocesos significativos. Trump ha prometido eliminar mandatos federales para reducir emisiones y retirar incentivos para proyectos de energía renovable, a pesar de su impacto positivo en la economía. Desde 2022, el 60% de los proyectos de energía limpia anunciados se encuentran en distritos republicanos, generando más de $400 mil millones en el PIB de EE. UU. y creando miles de empleos bien remunerados.
Aunque el panorama parece desfavorable, los expertos destacan que no todo se deshará de inmediato. El proceso regulatorio y los desafíos legales podrían frenar la implementación de muchas políticas. Asimismo, la oposición de gobiernos estatales, locales y organizaciones ambientalistas será fundamental.
En el escenario internacional, la salida de EE. UU. del Acuerdo de París sería un golpe para la cooperación climática. Sin embargo, los crecientes impactos del cambio climático dificultarán ignorar el tema. Con países como China, India y Brasil liderando la transición energética, Estados Unidos corre el riesgo de quedarse atrás en la revolución global hacia energías limpias.
El segundo mandato de Donald Trump representa un desafío significativo para el avance de las políticas climáticas en Estados Unidos. Aunque el impacto completo de sus acciones aún está por verse, la resistencia de comunidades, empresas y gobiernos locales podría desempeñar un papel crucial en la defensa del medio ambiente.