


En la Comarca Lagunera, el agua ha sido siempre un bien preciado y fuente de conflictos. Desde disputas por privilegios de uso entre comunidades de la parte alta —en Durango— y los campos agrícolas del valle —en Coahuila—, hasta la sobreexplotación del acuífero que abastece a municipios y ciudades. En medio de ese historial complejo, desde hace cuatro años opera una iniciativa poco común: un mecanismo privado-comunitario que busca proteger la fuente, más que explotarla.
Se llama Fondo de Agua de la Laguna (FAL), y su director, Edgar Salinas Uribe, explica que “No se trata de repartir agua, sino de cuidar lo que aún queda —ríos, riberas, bosques, zonas de infiltración—, tanto superficiales como subterráneas.” Para lograrlo, la organización ha recurrido a la ciencia, el compromiso social y recursos financieros de su patronato —conformado por empresas, ganaderos y actores sociales de la región— con una meta clara que es la seguridad hídrica.
En su sitio oficial, el Fondo de Agua de la Laguna se define como “una plataforma de soluciones frente a los desafíos hídricos de la Comarca Lagunera”. Pero más allá de la declaración, en los últimos años el fondo ha respaldado proyectos concretos, con enfoques de conservación, restauración ecológica y monitoreo ambiental.
En 2024, tras una convocatoria pública para proteger el Cañón de Fernández —zona natural protegida declarada ese año— se seleccionaron tres proyectos ganadores, apoyados con recursos del fondo. Entre ellos:
Un plan de “turismo de bajo impacto” a cargo de la organización civil Fuego Verde.
La creación de grupos comunitarios de monitoreo de aves y vegetación.
Un estudio del estado biológico y ecológico de la especie invasora Procambarus clarkii, ejecutado por la Facultad de Ciencias Biológicas de la UJED.
En total, esos tres proyectos recibieron 495 mil pesos mexicanos —modesta inversión para algunos estándares, pero simbólica de un compromiso concreto con el ecosistema.
En palabras de Salinas, “el daño ha sido acumulativo; lo que vivimos hoy es consecuencia de décadas de un modelo que asumía que el recurso era inagotable.”

No se trata de esfuerzos aislados. En junio de 2025, el Fondo de Agua de la Laguna firmó un convenio con la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) para canalizar 10 millones de pesos hacia la conservación y restauración de la cuenca alta del río Nazas —la zona serrana de donde proviene la mayor parte del agua que consume la región.
Ese financiamiento tiene como objetivo respaldar propuestas surgidas de comunidades ejidales, investigadores y organizaciones civiles, todas evaluadas por un comité técnico-científico.
Salinas subraya la naturaleza multianual del compromiso: “Una solución sostenible requiere permanencia; el compromiso debe ser tan largo como los años en que hemos impactado la cuenca.”
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La relevancia del Fondo de Agua de la Laguna es evidente en un contexto donde múltiples proyectos prometen soluciones inmediatas —pozos, perforaciones, acueductos—, pero frecuentemente ignoran la salud de las cuencas, los bosques y los acuíferos.
Según Salinas, su apuesta no es al uso intensivo del agua, sino a cuidar su origen. En su narrativa hay memoria histórica —los conflictos de 1908, las presas, el reparto agrario— mezclada con ciencia contemporánea.

El Fondo de Agua de la Laguna, con su pequeño equipo, su comité técnico y su marco de financiamiento privado, se perfila como un experimento de gobernanza hídrica: involucra a empresas, comunidades e instituciones; impulsa la idea de que asegurar el agua futura no pasa solo por tuberías, sino por proteger montañas, suelos y cuencas.
Al elegir financiar —y no explotar—, la organización está marcando una dirección distinta: equilibrio ecológico, sostenibilidad y anticipación al estrés hídrico. Es una apuesta por la Laguna que consume agua de sus cimientos. Si falla, lo pagará su gente, su economía y su futuro. Si acierta… podría servir como modelo para otras regiones.