


Primera parte
El 8 de junio de 2026, autoridades, empresarios y representantes del gobierno federal colocaron la primera piedra de Fermachem en Sapioriz, municipio de Lerdo, Durango. El acto inaugural marcó el inicio formal de un proyecto de largo alcance: una planta destinada a producir fertilizantes nitrogenados —amoniaco y urea— en una escala que sus promotores describen como relevante para la seguridad alimentaria nacional. La inversión prevista alcanza hasta 1,600 millones de dólares y la empresa ha anunciado la generación de miles de empleos directos e indirectos en la región.
Junto con esas cifras comienza también el seguimiento periodístico de las implicaciones del proyecto, sus condiciones de operación, sus compromisos ambientales, su relación con el territorio y las comunidades, y la manera en que las autoridades ejercerán sus funciones de vigilancia y regulación.

Fermachem no es un proyecto reciente. Su origen se remonta a varios años atrás, bajo una denominación empresarial distinta, y atravesó un periodo de dificultades financieras y administrativas antes de ser retomado por Grupo Fermaca, empresa con experiencia en infraestructura energética. En su nueva etapa, el proyecto fue incorporado a la estrategia federal para incrementar la producción nacional de fertilizantes y reducir la dependencia de importaciones.
La planta tiene como productos principales el amoniaco y la urea. El amoniaco es un compuesto nitrogenado que sirve como materia prima para la síntesis de la urea, y esta última es el fertilizante nitrogenado de mayor consumo en el mundo. Su aplicación abarca cultivos de maíz, trigo, sorgo, algodón, nogal, alfalfa y una amplia variedad de productos agrícolas. La cadena que conecta esta planta industrial con la producción de alimentos es, por tanto, directa y significativa.
El predio seleccionado para la instalación se localiza en Sapioriz, una localidad del municipio de Lerdo integrada a la Zona Metropolitana de La Laguna, que comprende municipios de Durango y Coahuila y concentra una población cercana a 1.5 millones de habitantes.
La Comarca Lagunera tiene una historia construida alrededor del agua. Los ríos Nazas y Aguanaval fueron la base de su desarrollo agrícola durante el siglo XX, y la región se convirtió en uno de los principales productores nacionales de algodón, leche y otros productos agropecuarios. Sin embargo, la regulación de esos caudales mediante la presa Lázaro Cárdenas interrumpió la recarga natural de los mantos freáticos, y desde entonces la extracción de agua subterránea ha superado de manera sostenida la capacidad de reposición del acuífero.
A este déficit hídrico estructural se suman otros factores documentados como la presencia de arsénico en concentraciones que superan las normas de calidad en numerosos pozos de la región, episodios recurrentes de sequía, conflictos por el abastecimiento de agua entre usos agrícolas, industriales y domésticos, y una demanda creciente derivada del crecimiento urbano e industrial de la zona metropolitana.
Es en este contexto donde se instalará Fermachem, y es este contexto el que determina la naturaleza y la urgencia de las preguntas que el proyecto debe responder.

Las autoridades han informado que la planta utilizará principalmente aguas residuales tratadas para sus procesos industriales. De confirmarse esta modalidad de operación en los términos planteados, representaría una alternativa que reduciría la presión sobre el acuífero regional. Sin embargo, los compromisos declarados en la etapa de anuncio requieren verificación a lo largo del tiempo y en condiciones reales de operación.
Las preguntas que habrán de seguirse incluyen el volumen diario de agua que consumirá la planta en sus distintas fases; la proporción entre el agua que ingresa al proceso y la que se evapora, se descarga o se reutiliza; las características fisicoquímicas de los efluentes generados; los mecanismos de manejo y disposición de sales y residuos industriales; y los protocolos previstos para periodos de sequía o de reducción en la disponibilidad de aguas tratadas. Estos aspectos no son accesorios, porque en una región donde el acceso al agua ha generado conflictos sociales recurrentes, la forma en que una planta de esta magnitud gestione su consumo hídrico es un asunto de interés público.
La producción de amoniaco y urea es un proceso industrial que, dependiendo de la tecnología empleada y de los sistemas de control ambiental instalados, puede generar emisiones de dióxido de carbono, óxidos de nitrógeno y cantidades variables de amoniaco no convertido. Las tecnologías modernas incluyen sistemas de captura y tratamiento que reducen significativamente estas emisiones, aunque su eficacia depende del diseño específico de cada planta, de su mantenimiento y de la rigurosidad en su operación.
La Comarca Lagunera presenta condiciones atmosféricas particulares. La aridez del clima, los vientos dominantes, las actividades de industriales, de talleres y agroindustria, el polvo de origen geogénico y el tráfico vehicular configuran ya una carga contaminante sobre la que se superpondrá la operación de una nueva instalación industrial de gran escala. El análisis del impacto acumulativo —y no únicamente el de la planta considerada de manera aislada— es una perspectiva que deberá incorporarse al seguimiento de este proyecto. Y un gran problema es que, en la Comarca Lagunera de Durango, no hay monitores sobre la calidad del aire.
En este segundo eje de seguimiento deben conocerse las tecnologías de control de emisiones que utilizará Fermachem, los contaminantes que serán monitoreados, la frecuencia y metodología de ese monitoreo, la entidad responsable de la supervisión, y la forma en que los resultados serán puestos a disposición de la población.

El amoniaco es un compuesto cuyo manejo requiere infraestructura especializada, protocolos estrictos y planes de respuesta ante emergencias. Las plantas modernas de producción y almacenamiento de amoniaco incorporan sistemas de detección de fugas, válvulas de seguridad, sistemas de contención y procedimientos de evacuación. La industria internacional cuenta con estándares desarrollados a partir de décadas de experiencia, y México dispone de normativa aplicable a este tipo de instalaciones.
Sin embargo, la existencia de regulación no es garantía automática de su cumplimiento ni de su actualización frente a las condiciones específicas de cada sitio. En este tercer eje de seguimiento se indagará sobre los planes de gestión de riesgos presentados ante las autoridades, los programas de prevención de accidentes, los mecanismos de comunicación con las comunidades cercanas a la planta y los protocolos de coordinación con los servicios de emergencia locales y estatales.
Durante los últimos años, otro proyecto de producción de amoniaco ha estado en el centro del debate ambiental en México, es la planta instalada en la bahía de Ohuira, Sinaloa. Las controversias generadas en ese caso han sido objeto de cobertura periodística y de litigios ante instancias ambientales. Una mirada superficial podría sugerir que ambos proyectos son comparables en sus implicaciones.
Sin embargo, los contextos son distintos. La principal preocupación en Ohuira está vinculada a los ecosistemas costeros: humedales, manglares y zonas de pesca que sostienen la economía de comunidades locales y que constituyen hábitats de relevancia ecológica. En la Comarca Lagunera no existe ese tipo de ecosistema. El territorio es árido, la flora y la fauna son propias del desierto chihuahuense, y las actividades económicas predominantes son la industria, la ganadería intensiva y la agricultura bajo riego. Los impactos potenciales y los actores afectados son distintos, y el análisis de Fermachem debe partir de las condiciones propias de su emplazamiento, sin trasladar mecánicamente los marcos de otros debates.

Esta reflexión parte de la premisa de que una inversión de esta magnitud, instalada en un territorio con las características de la Comarca Lagunera, genera preguntas legítimas que merecen respuestas documentadas y verificables.
¿De qué manera gestionará Fermachem su consumo de agua en una región con déficit hídrico estructural? ¿Qué tecnologías de control de emisiones utilizará y quién verificará su funcionamiento? ¿Cuáles son los protocolos de seguridad ante contingencias que involucren amoniaco? ¿Cómo se informará a la población cercana sobre las condiciones de operación de la planta? ¿Qué mecanismos de participación y transparencia estarán disponibles para las comunidades y para las organizaciones civiles interesadas?
Estas preguntas no son obstáculos al desarrollo. Son parte del proceso mediante el cual una sociedad evalúa si un proyecto cumple con las condiciones necesarias para coexistir con el territorio y con quienes lo habitan. La respuesta a cada una de ellas irá construyendo, a lo largo del tiempo, la historia real de Fermachem en La Laguna.
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