


Desde la pandemia, la industria de la moda ha cambiado y se ha desarrollado en un modelo fugaz, lleno de procesos dañinos para el planeta, todo al alcance de unas cuantas apps y un pedido a domicilio.
El Fast fashion o la moda rápida se ha podido observar como un fenómeno en el mundo de la moda, un espectáculo de colores y plataformas digitales que venden prendas a nivel internacional y con cambios de temporada sumamente constantes.
Hoy, en Voces Nómadas, nos adentramos al mundo de los vestidores digitales, escudriñando entre el precio, la prenda y el consumidor para que conozcan qué es y de qué se trata el Fast Fashion. Un modelo de producción que es muy probable ya seas fiel consumidor, sin darte cuenta de que está afectando al medio ambiente de forma tan violenta que pudiera ya no ser fácil de detener. Comencemos.
El Fast Fashion es un término que se refiere a la producción masiva de prendas de vestir que siguen las tendencias actuales, ofreciendo a los consumidores una gran variedad de opciones a precios extremadamente bajos. Aunque la posibilidad de adquirir ropa asequible puede parecer atractiva, este modelo de negocio tiene consecuencias graves para el medio ambiente y la sociedad.

El fast fashion se caracteriza por su alta rotación de productos y su bajo estándar de calidad, por eso hay tantas ofertas y productos esperando ser compradas con agilidad. Las prendas son diseñadas para ser consumidas rápidamente, lo que genera un ciclo vicioso en el que los consumidores compran más y más, solo para deshacerse de lo que ya no usan. Este comportamiento no solo contribuye a una cultura de lo desechable, sino que también incrementa la demanda de producción, lo que repercute directamente en el medio ambiente.
Y, debemos advertirte, por si no lo sabías, todo lo que ya no se venden por medio de empresas de Fast Fashion, no necesariamente termina en un cesto de liquidación. El planeta termina siendo ese cesto y el vertedero, en realidad.
La producción de ropa bajo este modelo genera un impacto ambiental considerable. Según un informe de la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), la industria de la moda es la segunda más contaminante del agua en el mundo, solo superada por la petrolera. Además, se estima que la industria del fast fashion representa hasta el 8% de las emisiones globales de carbono. Esta situación es alarmante, ya que muchas de estas prendas terminan en basureros, donde su descomposición puede tardar décadas. ¿Entiendes el cesto en el que termina esta ropa?

Un ejemplo revelador es el caso del desierto de Atacama en Chile, calificado por las Naciones Unidas como una "emergencia medioambiental y social". Este vertedero gigantesco es un símbolo de cómo la moda rápida contribuye a la crisis de residuos. Por si fuera poco, la producción de un simple par de pantalones de mezclilla requiere aproximadamente 7,500 litros de agua, un recurso cada vez más escaso en muchas partes del mundo.
Una de las marcas más emblemáticas del fast fashion es Shein, que ha revolucionado el mercado desde su creación en 2008. Originalmente llamada ZZKKO, la marca ha crecido exponencialmente, especialmente durante la pandemia de COVID-19, cuando su modelo de negocio permitió a los consumidores comprar ropa desde casa a precios increíblemente bajos.
Para abril de 2022, Shein fue valorada en más de 100,000 millones de dólares, superando incluso a gigantes de la moda como Inditex, que agrupa marcas reconocidas como Zara y Pull & Bear. Sin embargo, su éxito ha sido acompañado de una producción desmedida, lanzando más de 300,000 nuevas referencias al año, lo que la convierte en un exponente del ultra fast fashion.

Este modelo no solo incrementa la cantidad de ropa en circulación, sino que también agrava los problemas medioambientales. Un informe de Greenpeace reveló que el 15% de las prendas analizadas contenían sustancias químicas que superaban los límites establecidos por la Unión Europea. La contaminación no se limita a la producción, sino que también se extiende a la distribución y el uso de productos tóxicos, lo que pone en riesgo tanto el medio ambiente como la salud de las personas.
El fast fashion ha transformado la manera en que consumimos ropa, pero a un alto costo para nuestro planeta. La moda rápida no solo alimenta un ciclo de consumo insostenible, sino que también contribuye significativamente a la crisis ambiental que enfrentamos hoy. Al optar por la ropa de calidad, de marcas sostenibles o por el consumo consciente, cada uno de nosotros puede ser parte de la solución. Al final del día, la moda no debería costarle al planeta.