


En los camellones laterales del Giro Independencia en Torreón luce un paisaje adverso. De los 183 encinos siempre verde (Quercus virginiana) plantados recientemente, cien están marchitos. Los otros 83 apenas sobreviven. Solo dos ejemplares destacan con un verde vigoroso, recordando lo que podría haber sido un exitoso proyecto de reforestación.
El conteo fue realizado a pie, ida y vuelta, observando cada árbol. La mayoría muestra señales de un trasplante fallido: ramas secas, hojas marchitas, y troncos sin señales de brotes nuevos. Salvo dos excepciones con pequeños retoños en la cepa, los demás no denotan posibilidad de recuperación.
El encino siempre verde es originario del sureste de Estados Unidos —especialmente Texas, Nueva Orleans y Miami— y en México se adapta a climas más húmedos como el de Monterrey o ciertas zonas de Tamaulipas. En la Comarca Lagunera, su introducción ha sido un experimento con resultados dispares. En el Giro Independencia, claramente, la adaptación no ha sido favorable.
Este paisaje árido cobra especial relevancia ante el anuncio del nuevo proyecto vial en el crucero del bulevar Independencia y la Calzada Abastos. La obra requerirá el sacrificio de 46 árboles y el traslado de otros 51. Así lo informó el director de Obras Públicas del Ayuntamiento de Torreón, Juan Adolfo von Bertrab.
La respuesta no tardó en llegar por parte de voces ambientalistas. Francisco Valdés Perezgasga, fundador de Prodefensa del Nazas, calificó como “una pésima idea” el retiro de 98 árboles para una obra que, en sus palabras, “beneficia exclusivamente al coche”. Comparó la práctica del trasplante con una ilusión para tranquilizar conciencias: “Es como cuando a un niño se le muere un perrito y le dicen que se fue al cielo de los perritos”.
Más allá de la metáfora, el trasplante de árboles adultos rara vez tiene buenos resultados en climas extremos como el de Torreón, donde el calor y la falta de humedad complican su supervivencia. Los cien encinos secos del Giro Independencia son la evidencia más clara de esa dificultad.

La lógica vial que prevalece en los últimos años en Torreón ha marginado a las áreas verdes. En el caso del paso a desnivel Cuatro Caminos, por ejemplo, se optó por colocar 17 olivos en macetas, sin sistema de riego automático. Su mantenimiento ha quedado en algunos casos en manos de un particular que, cuando puede, los riega.

En este escenario de escasa visión ecológica, la participación ciudadana ha jugado un papel vital en contrarrestar errores. En los camellones central y lateral de la avenida Abastos, a un costado del mercado, fueron plantadas 90 retamas —una especie resistente, adaptada al clima semidesértico—. Hoy los 90 ejemplares están verdes y fuertes.

Este tipo de aciertos demuestra que no todo está perdido si se involuciona a la comunidad y se privilegian las especies nativas o adaptadas al entorno.
Los encinos plantados en el Giro Independencia no solo representan una pérdida ambiental, sino también económica. Cada ejemplar, según fuentes especializadas, puede costar más de 3,000 pesos si cuenta con un tallo de tres pulgadas de grosor. La inversión en los 183 árboles, entonces, rondaría los 550 mil pesos, de los cuales más de la mitad están dañados.
Más allá del gasto, la pregunta central debería ser: ¿para qué seguir plantando especies que no sobreviven? ¿Por qué insistir en modelos de urbanismo donde la vegetación es un añadido decorativo y no parte central del diseño urbano?
En contraste con estos tropiezos, el Ayuntamiento de Torreón, a través de la Dirección General de Medio Ambiente, presentó su informe trimestral de actividades con un enfoque esperanzador. Marcelo Sánchez Adame, titular de la dependencia, destacó las acciones del programa “Torreón Más Verde”, una estrategia orientada a incrementar la cobertura vegetal en zonas con alto déficit de sombra y altas temperaturas.
El programa contempla tres áreas operativas: Educación Ambiental, Normatividad y Vigilancia, y Biodiversidad. Durante el primer trimestre del año, el Vivero Municipal produjo 2,500 árboles y 2,500 plantas ornamentales, que se utilizarán en labores de reforestación y embellecimiento urbano, pero de aquí no se obtuvieron ejemplares para destinarlos a las nuevas obras viales.
Aunque las cifras del programa “Torreón Más Verde” reflejan una intención institucional por mejorar las condiciones ambientales, los hechos sobre el terreno aún no están a la altura de la promesa. No basta con producir miles de árboles si no se garantiza su supervivencia mediante una planeación adecuada, selección de especies apropiadas, y un plan de mantenimiento que incluya riego, seguimiento técnico y participación comunitaria; pero especialmente, si no se emplean en los nuevos proyectos.
La reforestación en el Giro Independencia se convirtió, más bien, en un ejemplo adverso. Si el municipio quiere realmente avanzar hacia una ciudad más habitable, deberá aprender de estos errores y dejar de lado la lógica de imponer vegetación incompatible. Es momento de priorizar el conocimiento ecológico y la escucha ciudadana sobre la inercia de proyectos de infraestructura pensados para el automóvil, no para la vida.
Porque los árboles no son adorno: son sombra, oxígeno, hábitat, refugio… y también una promesa —hoy incumplida— de futuro.