


¿Te imaginas escuchar el canto de un murciélago? Estos mamíferos alados utilizan la ecolocalización para orientarse y cazar en la oscuridad, pero sus sonidos son ultrasónicos, es decir, imposibles de percibir por el oído humano. Hoy, gracias a la tecnología, ese lenguaje secreto empieza a revelarse, y un grupo de investigadores del Instituto Politécnico Nacional (IPN), unidad Durango, comenzaron con el proyecto de la primera fonoteca de murciélagos en México.

La historia comenzó con una llamada telefónica. Al otro lado de la línea estaba la bióloga Celia López González, investigadora del IPN y especialista en murciélagos. “Queremos escucharlos”, me dijo con entusiasmo.
La idea me sorprendió: ¿cómo escuchar algo que nuestros oídos no captan? Los murciélagos emiten pulsos ultrasónicos entre los 25 y 100 kilohercios, mientras que nosotros apenas alcanzamos los 20. Además, la potencia de esos sonidos llega a los 110 decibeles, comparable con el rugido de un avión en pleno despegue.
Sin embargo, con los equipos adecuados es posible traducir esas frecuencias invisibles en sonidos audibles. Y eso es justo lo que Celia y su equipo planeaban hacer en la Comarca Lagunera.

En esta aventura la acompañó la doctora Verónica Zamora Gutiérrez, bióloga por la Universidad de Guadalajara, con maestría en sustentabilidad en Holanda y un doctorado en zoología por la Universidad de Cambridge. Desde 2014, Zamora coordinó, junto con la doctora María Cristina MacSwiney, el proyecto Fonoteca de sonidos de ecolocalización de murciélagos insectívoros en México.
El objetivo fue ambicioso: grabar y catalogar los llamados de 83 especies, lo que equivale al 60% de los quirópteros que habitan el país. Con estas grabaciones, los científicos pueden estudiar su comportamiento, ecología y relación con el ambiente, además de sentar las bases para programas de conservación acústica a largo plazo.
“Al igual que las aves tienen cantos que las distinguen, los murciélagos poseen trinos únicos que los identifican”, explica Zamora.
La cita fue en el campo de golf del Club Campestre de Gómez Palacio hace unos años. De noche, con las luces apagadas para no intimidar a los animales, Celia extendió el brazo con un detector Pettersson, un dispositivo sueco capaz de transformar ultrasonidos en sonidos audibles.
De pronto, los primeros murciélagos aparecieron revoloteando. “¿Escuchas? Suena como canicas rebotando”, decía Celia emocionada. El detector reproducía sus pulsos, que se intensificaban cuando los animales zigzagueaban en el aire en busca de insectos.
La secuencia era clara: primero la fase de búsqueda, con un patrón regular; después la aproximación, cuando el eco de la presa se hace evidente; y finalmente el ataque, donde los intervalos se reducen hasta atrapar al insecto. Por primera vez, pude oír el ritmo de la cacería nocturna.
Cuando le pregunté a Verónica qué sintió al escuchar por primera vez ese canto, no dudó: “Va a sonar cursi, pero fue amor. Me inspiran ternura, curiosidad, alegría. Los sonidos son sorprendentes: algunas especies suenan como ballenas, otras como pájaros. Y cuando ves los fonogramas —esas gráficas que transforman el sonido en imagen— cada especie dibuja un trazo distinto, casi como una firma en el aire”.
Las formas son tan variadas como poéticas: “unas parecen uñitas, otras cestos volteados, o letras que se dibujan en la pantalla”, describe la científica.

Los murciélagos han cargado con mitos y temores durante siglos, pero en realidad son aliados invisibles del ser humano. Controlan plagas agrícolas, polinizan flores y fertilizan suelos. Su papel en la biodiversidad es tan crucial que perderlos tendría un impacto devastador en la vida cotidiana.
Sin embargo, siguen siendo poco conocidos y, muchas veces, injustamente estigmatizados.
El proyecto no termina en la fonoteca. La Fase II contempla el desarrollo de un programa digital abierto al público, que permitirá grabar, compartir y analizar cantos de murciélagos en todo el país.
“La ciencia no puede tener límites”, afirma Zamora. “Este esfuerzo pone a México como pionero en Latinoamérica, porque más allá de la tecnología, lo importante es haber reunido a casi todos los investigadores de murciélagos en un objetivo común”.
Escuchar a los murciélagos es más que un hallazgo científico: es descubrir una dimensión oculta de la naturaleza, un recordatorio de que, incluso en la oscuridad, la vida está llena de voces invisibles que merecen ser escuchadas.