Mirar hacia adelante, el desafío de la agenda ambiental lagunera

Por Editorial Voces Nómadas

La agenda ambiental de la Comarca Lagunera parece haber entrado en una etapa distinta. Durante décadas, las discusiones públicas han surgido alrededor de conflictos específicos.

Imagen tomada del Facebook de Laguna Sin Amoniaco.

La agenda ambiental Lagunera parece haber entrado en una etapa distinta. Durante décadas, las discusiones públicas han surgido alrededor de conflictos específicos. Un proyecto industrial, una obra de infraestructura, la calidad del aire, la disponibilidad de agua o la conservación de un área natural terminaban por concentrar la atención durante algunas semanas, hasta que otro asunto desplazaba el debate. Sin embargo, los acontecimientos recientes sugieren que algo comienza a cambiar.

La movilización ciudadana realizada el 28 de junio de este 2026, en torno a la instalación de una planta de fertilizantes en Lerdo no debería interpretarse únicamente como una manifestación de oposición a un proyecto en particular. También puede entenderse como una muestra de que una parte creciente de la sociedad desea participar en una conversación más amplia sobre el futuro ambiental de la región.

En una entrevista para este espacio, la ambientalista y educadora Amorita Salas planteó una reflexión que merece detenerse unos minutos. Desde su perspectiva, reducir el debate a la instalación de una planta significa dejar fuera la discusión de fondo. "No se trata de una planta, desde mi punto de vista va más allá, es mucho más profundo", señaló. Su planteamiento apunta hacia una pregunta que pocas veces ocupa el centro del debate público. ¿Las decisiones que hoy se toman realmente consideran la vulnerabilidad de la Comarca Lagunera frente al cambio climático?

La respuesta no depende solamente de un proyecto industrial. Obliga a revisar el conjunto de políticas públicas relacionadas con el agua, la agricultura, la planeación urbana, la conservación de los ecosistemas, la movilidad y el modelo de desarrollo regional. Cuando esa mirada de largo plazo está ausente, cada nuevo proyecto termina analizándose de manera aislada, como si no formara parte de un mismo territorio que enfrenta condiciones ambientales cada vez más complejas.

Uno de los aspectos más interesantes de la entrevista fue precisamente ese cambio de perspectiva. En lugar de centrar la atención únicamente en los riesgos inmediatos, Amorita Salas insistió en la necesidad de construir resiliencia. "Nuestras autoridades o nuestros líderes de gobierno no están ni siquiera visibilizando la vulnerabilidad ante el cambio climático", afirmó. Más adelante añadió que todas las decisiones públicas deberían orientarse a "disminuir la vulnerabilidad de la población".

La resiliencia suele asociarse con conceptos técnicos, pero en realidad habla de la capacidad de una comunidad para adaptarse a condiciones cambiantes sin comprometer su futuro. En una región desértica como la Comarca Lagunera, donde el agua condiciona prácticamente todas las actividades económicas y sociales, esa discusión resulta inevitable.

También llama la atención otro fenómeno. Durante muchos años se repetía que los temas ambientales eran defendidos por grupos pequeños y especializados. La marcha reciente mostró un escenario diferente. Familias completas, estudiantes, jóvenes, niñas, niños y personas mayores caminaron juntos. Más allá del número de asistentes, ese relevo generacional merece atención porque refleja una sensibilidad distinta frente al territorio.

Aunque sí hay que destacar que fue medio centenar de organizaciones locales, entre fundaciones, asociaciones civiles y colectivos, los que participaron en esta marcha encabezada por Laguna sin

Amoniaco, El canto al agua y Colectivo Migala.

Salas describió esa participación como un movimiento auténtico de la sociedad civil. Recordó que observó personas provenientes de distintas ciudades de la región y destacó que el contingente fue creciendo conforme avanzaba el recorrido. "Éramos la sociedad civil ahí con el corazón en la mano, defendiendo justo el ambiente de la región", expresó.

Naturalmente, alrededor de cualquier movilización pública aparecerán interpretaciones políticas. Es parte de la vida democrática. Sin embargo, limitar el análisis únicamente a esa dimensión puede impedir reconocer un fenómeno social más amplio. La preocupación ambiental ya no parece restringirse a organizaciones especializadas. Comienza a formar parte de las conversaciones cotidianas de una generación que ha crecido observando sequías más prolongadas, temperaturas extremas y una presión creciente sobre los recursos naturales.

Ese cambio obliga también a revisar la manera en que se construyen las políticas públicas. Amorita Salas hizo un llamado a valorar la congruencia como un elemento indispensable para generar confianza. Recordó que los discursos sobre sustentabilidad necesitan estar acompañados por trayectorias y decisiones consistentes, porque la ciudadanía cada vez dispone de más información para contrastar promesas con resultados.

Otro aspecto relevante de la conversación fue la referencia a la agroecología. En lugar de plantear únicamente una crítica, propuso mirar hacia alternativas que ya se desarrollan en distintas partes del mundo. Consideró que buena parte del esfuerzo institucional debería dirigirse a facilitar la transición hacia sistemas agrícolas que reduzcan el consumo de agua y de agroquímicos, acompañando a los productores mediante políticas públicas e incentivos. No se trata de abandonar la actividad económica, sino de preguntarse qué tipo de desarrollo resulta más compatible con las condiciones ambientales que enfrenta la región.

Quizá la reflexión más valiosa llegó cuando la conversación giró hacia las experiencias del pasado. Se recordó que otras movilizaciones ciudadanas no lograron impedir proyectos que finalmente se concretaron. La respuesta de Amorita Salas fue una invitación a no convertir esos antecedentes en una forma de resignación. "En las luchas sociales y en las luchas socioambientales no podemos permitirnos el pensar: 'No, hombre, esta otra tampoco se pudo detener'. Tenemos que ir siempre pensando o decretando que las cosas se pueden hacer".

Más allá del caso específico que hoy ocupa la atención pública, esa frase resume un desafío mayor. Las sociedades cambian cuando sus conversaciones cambian. Durante mucho tiempo el medio ambiente fue considerado un tema complementario frente a las prioridades económicas. Hoy comienza a ocupar un lugar distinto porque atraviesa prácticamente todas las decisiones relacionadas con el desarrollo regional.

La Comarca Lagunera necesita inversión, empleo y crecimiento económico. Difícilmente alguien podría cuestionarlo. Pero también necesita incorporar de manera permanente criterios ambientales en la planeación de su futuro. No como un obstáculo para el desarrollo, sino como una condición para que ese desarrollo pueda sostenerse en las próximas décadas.

Quizá esa sea la principal enseñanza de esta nueva etapa. La discusión ya no consiste solamente en preguntar si un proyecto puede instalarse o no. La verdadera pregunta es qué región queremos construir y qué decisiones estamos dispuestos a tomar hoy para que las siguientes generaciones encuentren un territorio con mayor capacidad para enfrentar los desafíos ambientales que ya forman parte de nuestro presente.

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