Día Internacional de la Madre Tierra: El futuro depende de las acciones que tomemos ahora

Por Editorial Voces Nómadas

Paradójicamente, estábamos mejor cuando estábamos “peor”: antes, el riego agrícola con agua rodada era la única fuente de recarga del acuífero desde la construcción de las presas. Hoy, bajo el argumento de que esa agua “se pierde”, se impide su reincorporación al ciclo natural.

Cada 22 de abril, desde hace 50 años, se conmemora el Día Internacional de la Madre Tierra con el objetivo de generar conciencia sobre el impacto ambiental de nuestras acciones: la contaminación excesiva, el uso insostenible de los recursos naturales y, sobre todo, la indiferencia ante el deterioro ambiental.

Como advierte la Organización de las Naciones Unidas:

"De la salud de nuestros ecosistemas depende directamente la salud de nuestro planeta y sus habitantes. Restaurar aquellos que están dañados ayudará a acabar con la pobreza, combatir el cambio climático y prevenir una extinción masiva.”

Sin embargo, a pesar de los llamados urgentes de organismos internacionales, grupos ambientalistas y algunos gobiernos, poco se ha logrado para frenar o revertir los hábitos que atentan contra el equilibrio natural. ¿Por qué? Porque esa parece ser la naturaleza humana: desde sus inicios, el modelo social y económico ha estado basado en la explotación constante de los recursos. ¿Cómo, si no, garantizar la subsistencia?

La Comarca Lagunera: desarrollo a costa del entorno

Un ejemplo cercano es la Comarca Lagunera. Este año se ha intensificado la construcción de centros comerciales, edificios habitacionales y naves industriales, lo cual genera expectativas de crecimiento económico. Se argumenta que esta actividad crea empleos y derrama económica, pero ¿a qué costo?
Para llevar a cabo estas construcciones se extrae arena y grava del lecho seco de los ríos Nazas y Aguanaval, y se explotan cerros cercanos para obtener cemento, yeso y cal. Incluso se utiliza mármol del cerro del Sarnoso, ubicado dentro de la nueva Área Natural Protegida “Ríos y Montañas de la Comarca Lagunera”.

Este crecimiento puede traducirse en ingresos y mejoras en la calidad de vida de algunos trabajadores, pero ¿por cuánto tiempo? Todo depende del enfoque de sustentabilidad con el que se gestionen estas actividades. Lamentablemente, ese concepto sigue ausente tanto en proyectos pasados como presentes. Hemos desaparecido cerros enteros por la extracción de mármol… y lo seguimos haciendo hasta que no quede más.

El agua: recurso en crisis

Algo similar ocurre con el agua. La falta de un enfoque sustentable nos pone en una situación crítica. Las presas que almacenan el agua del río Nazas están por debajo de los niveles necesarios para garantizar el abasto futuro. Y las soluciones propuestas son preocupantes.

Uno de los casos más controversiales es el proyecto “Agua Saludable para La Laguna”, que contempla entubar el agua del río. Esta medida, lejos de resolver el problema, impide que el agua filtre al subsuelo o se evapore para formar nubes, interrumpiendo así el ciclo hidrológico.

Paradójicamente, estábamos mejor cuando estábamos “peor”: antes, el riego agrícola con agua rodada era la única fuente de recarga del acuífero desde la construcción de las presas. Hoy, bajo el argumento de que esa agua “se pierde”, se impide su reincorporación al ciclo natural.

Esto demuestra que quienes toman las decisiones no comprenden lo que implica la sustentabilidad. En las ciudades, mientras tanto, el ciudadano común repite patrones nocivos: si hay agua en la tubería, la usa para regar el cemento con manguera. Es decir, no aprendemos.

¿Hacia dónde vamos?

El panorama no es alentador. No hemos logrado sustituir materiales como el mármol o el cemento en la construcción. No aprovechamos el agua residual ni restituimos el ciclo del agua. Y así, medio siglo de llamados a la conciencia ambiental han resultado estériles.

Cuando lleguemos al punto de no retorno, lo único que cambiará será la creciente desigualdad entre quienes puedan pagar pozos, almacenar agua y costear sistemas de enfriamiento, y quienes no.

Por eso, más que nunca, no debemos bajar la guardia. Es urgente insistir en la búsqueda de modelos sustentables. El futuro aún no está escrito, pero el tiempo para cambiarlo se agota.

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