


¿Y qué es la muerte?
Según el Diccionario de los símbolos, en algunas de sus definiciones, la muerte no es el fin, sino una liberación de penas y preocupaciones que abre el acceso al reino del espíritu, a la vida verdadera.
La muerte designa el fin absoluto de algo positivo y vivo: un ser humano, un animal, una planta, una amistad, una alianza, la paz, una época. No se habla de la muerte de una tempestad, pero sí, en cambio, de la muerte de un hermoso día.
Se acerca noviembre, y en México empezamos a hablar de la muerte con gran naturalidad. Comenzamos a redactar las ya tradicionales calaveras para vivos y muertos, saboreamos el pan de muerto, y colores como el naranja, el morado o el negro nos vienen a la mente. Cada vez son más las personas que adoptan la costumbre de poner un altar a sus seres queridos que se han adelantado en este mundo.

El culto a los muertos en nuestro país se originó antes de la Conquista; hay registros de estas celebraciones en las culturas mexica y maya. En épocas más modernas, nacen el Día de los Fieles Difuntos y el Día de Todos los Santos, instituido por el catolicismo. Posteriormente, se convierte en una tradición mexicana, donde los preparativos inician desde el 31 de octubre. En esta fecha se recuerda a los difuntos pequeños que fallecieron sin ser bautizados; después, el 1 de noviembre, se espera a los niños bautizados en el Día de Todos los Santos; y el 2 de noviembre se recibe a los familiares difuntos mayores.
Se dice que desde el 28 de octubre ya comienzan a llegar almas a este plano, y ese día se ofrenda a quienes fallecieron de manera trágica o violenta.
En La Laguna se cultivan las flores protagonistas de estas festividades: el cempasúchil y la mano de león. Podemos visitar estos campos y maravillarnos con la vida que estas flores de muertos atraen. Diferentes tipos de mariposas van y vienen: reina, amarillas, cola de golondrina, saltarinas, cometa golondrina gigante, vanesa pintada, blanca de parches negros, y sin duda la gran estrella de las migratorias, la monarca. Son tantas que es imposible contarlas... ¿y si las almas se manifestaran en forma de mariposa?
Algunas personas crecimos desde niñas con la muerte muy de cerca, y se hablaba de ella con naturalidad durante todo el año. Puede parecer extraño, pero nos emocionaba que llegara el Día de Muertos: era la fecha de visitar el camposanto. Había que preparar agua, escobas, sombrillas, bolsas y, claro, comprar las flores, limpiar y adornar las tumbas. Pero, sobre todo, se trataba de recordar y, ¿por qué no?, platicarles a aquellos que físicamente ya no están cómo es el mundo actual de los vivos. Se honra, se ríe, se llora y, al mismo tiempo, se descansa después de todo eso. ¡En lo personal, me entusiasmaba mucho lo que podía ver ahí!

En los panteones más antiguos, aquellos en los que aún existen tumbas en forma de mini mausoleos o castillos, y que están muy alejados de las grandes ciudades, hay más vida que muerte. He podido observar los más grandes y coloridos chapulines, conocidos en esas regiones como "chancanqueros". Los mayates también son residentes esos días, al igual que diferentes tipos de serpientes. Y claro, el cielo no se queda solo: auras, zopilotes negros, tórtolas y palomas no faltan. Con suerte, hasta un colibrí aparece.
Qué ironía: el camposanto, en realidad, está lleno de vida.
¿Y tú, cómo celebras el Día de Muertos?