


La desinformación se ha convertido en uno de los principales riesgos para el periodismo ambiental en México, especialmente en un contexto donde el cambio climático, los megaproyectos extractivos y la disputa por recursos como el agua se intensifican en distintos territorios.
Tania Cobos
La desinformación ha cobrado la vida de personas, bosques, criaturas en cada ecosistema, entre otros. Mientras las afectaciones ambientales aumentan, también lo hacen los esfuerzos por confundir, manipular o desacreditar la información que debería ayudar a la ciudadanía a comprender la magnitud de la crisis ecológica que atravesamos.
En los últimos años, periodistas, investigadoras e instituciones dedicadas a la comunicación ambiental han advertido que las desinformación, con narrativas falsas o distorsionadas, operan en distintos frentes: desde la negación del cambio climático por parte de actores políticos y empresariales, hasta campañas de desprestigio en redes sociales que buscan desacreditar el trabajo periodístico. Esta combinación hace más difícil acceder a datos confiables y limita la capacidad de las comunidades para tomar decisiones informadas frente a proyectos que pueden impactar profundamente su entorno.
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Durante el reciente Diálogo Climático “Contra la Corriente: Periodismo ambiental frente a la desinformación”, especialistas y periodistas de diversas regiones del país coincidieron en que la desinformación no solo nubla el debate público, sino que tiene efectos directos sobre la vida de las personas. La falta de información verificada, precisa y contextualizada puede retrasar acciones urgentes frente a la crisis climática, dividir a las comunidades y debilitar la confianza en los medios. En estos escenarios, la confusión informativa se convierte en un obstáculo para exigir políticas públicas responsables y evaluar adecuadamente los riesgos socioambientales.
Julia Manske, directora de W Academie, destacó que en México y Centroamérica el tema ambiental es especialmente vulnerable porque converge con intereses económicos y políticos muy fuertes. Señaló que la desinformación se alimenta tanto de discursos oficiales que minimizan impactos ambientales como de rumores locales que surgen ante megaproyectos, desastres naturales o intervenciones gubernamentales. Esto genera un caldo de cultivo donde es fácil sembrar dudas, manipular datos o tergiversar la información para favorecer ciertos intereses.
Los testimonios de periodistas que cubren temas como minería, crisis del agua, pesca, tala ilegal o deforestación coinciden en un punto: su trabajo se enfrenta de manera constante a la presión de industrias, autoridades y grupos que buscan moldear la opinión pública a su favor. Esta presión se expresa en campañas de relaciones públicas que suavizan el daño ambiental, en declaraciones oficiales que contradicen evidencia científica o en narrativas falsas que circulan masivamente en redes sociales. En muchos casos, estas estrategias no solo desinforman, sino que además buscan desacreditar y atacar directamente a quienes investigan y documentan los impactos reales en los territorios.
Un ejemplo contundente lo dio Carmina de la Luz, fact-checker en Pictoline y guionista del programa Reporte Climático, quien compartió la metodología que utilizó para elaborar el reportaje “Desinformación sobre Cambio Climático: el caso de la transición energética en México”. La periodista explicó que junto con su equipo analizaron 333 textos periodísticos publicados sobre transición energética, y encontraron desinformación en todos. Los contenidos incluían afirmaciones falsas, datos incompletos, información manipulada o narrativas diseñadas para confundir. Según su análisis, el principal actor que genera desinformación en este tema es el gobierno federal, particularmente en la manera en que comunica políticas relacionadas con energías limpias y proyectos de infraestructura.

Este hallazgo revela algo preocupante: la desinformación no proviene únicamente de actores externos a las instituciones, sino que muchas veces se origina desde el propio aparato gubernamental, dificultando el acceso a información veraz y entorpeciendo la vigilancia ciudadana. Cuando las fuentes oficiales son difusas, contradictorias o tendenciosas, se vuelve aún más difícil para periodistas y comunidades entender el impacto real de los proyectos que se implementan en sus regiones.
En este contexto, la batalla contra la desinformación se vuelve un reto multidimensional. No solo implica desmentir lo falso, sino también fortalecer las capacidades para generar información clara, verificable y útil para la población. Por eso, en el diálogo climático, las y los periodistas insistieron en la necesidad de construir redes de colaboración que permitan enfrentar la confusión informativa desde diferentes frentes. Propusieron alianzas transnacionales para compartir metodologías de verificación, plataformas para centralizar datos confiables y narrativas colaborativas que acerquen información ambiental de forma comprensible y sensible a las realidades locales.
Carmina de la Luz subrayó que el trabajo con datos confiables debe ir acompañado de rigor narrativo y cercanía con las comunidades. Esta combinación permite no solo desmentir lo falso, sino también construir historias que reflejen la realidad del territorio y que puedan contrarrestar las versiones manipuladas que buscan confundir o dividir. También enfatizó que las y los periodistas ambientales deben mantenerse en constante actualización, aprendiendo nuevas herramientas para analizar tendencias en redes sociales, rastrear fuentes dudosas o identificar patrones de desinformación que se repiten en distintos contextos.

Frente a este panorama, queda claro que la desinformación representa una amenaza real para el periodismo ambiental, pero también para la democracia, la justicia social y la protección de los ecosistemas. Cuando la sociedad recibe información distorsionada o engañosa, pierde la posibilidad de participar de manera informada en decisiones que afectan su entorno y su futuro. Es por eso que los medios, las organizaciones civiles, las comunidades científicas y las propias comunidades tienen un papel fundamental en la defensa del derecho a la información ambiental.
Combatir la desinformación no es solo corregir lo que está mal, sino garantizar que la gente tenga acceso a información veraz, accesible y contextualizada, un derecho en México y el mundo. En un país donde los impactos del cambio climático y los megaproyectos están transformando territorios enteros, la claridad informativa es una herramienta imprescindible para proteger la vida, la salud, los recursos naturales y las culturas que dependen de ellos.
En Voces Nómadas, reconocemos que el periodismo ambiental es una pieza clave para hacer visible lo que muchas veces se intenta ocultar. Por eso, es urgente fortalecer las narrativas basadas en evidencia, apoyar a las y los periodistas que investigan en condiciones adversas y exigir transparencia a todas las instituciones que afectan el equilibrio ecológico del país. Solo así podremos construir un debate público honesto y garantizar que la información sea un puente hacia soluciones reales, y no un arma para confundir o dividir.