Contaminación por ruido: Coahuila a todo volumen

Por Editorial Voces Nómadas

No se trata de un detalle menor. El ruido se instala como una fricción diaria que erosiona la convivencia. No todo conflicto empieza con un delito. A veces empieza con la bocina del vecino o con el tráfico que no descansa.

La contaminación por ruido es la bocina enorme reproduciendo música de banda a todo volumen, que no es necesaria para aumentar las ventas. El escape modificado que retumba en la madrugada tampoco lo es para presumir. Y la fiesta que se alarga más de lo pactado, quita el sueño. El auto que acelera en el semáforo aunque esté en rojo, son fuentes de ruido, que ensordecen la paz.

En Coahuila, la contaminación por ruido ya dejó huella en los registros oficiales. De acuerdo con el Censo Nacional de Seguridad Pública elaborado por el INEGI, al cierre de 2024 se realizaron 20 mil 74 llamadas al 911 por ruido excesivo en la entidad. Es un aumento de 42 por ciento respecto a 2023, cuando se contabilizaron 14 mil 95 reportes. En términos simples, son alrededor de 55 llamadas diarias solo por este motivo.

El ruido se convirtió así en la tercera causa de llamadas al número de emergencias en Coahuila, únicamente por debajo de la violencia familiar y la presencia de personas agresivas. En el contexto nacional, la entidad ocupa el séptimo lugar con más reportes de contaminación por ruido excesivo. Coahuila no solo destaca en seguridad. También en decibeles.

El ruido como detonante cotidiano

La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana ofrece otra pista para entender el fenómeno. Durante el cuarto trimestre de 2025, 36.3 por ciento de la población de 18 años y más dijo haber tenido al menos un conflicto o enfrentamiento en su vida cotidiana. Entre los motivos más frecuentes aparece el ruido, por encima de disputas mayores o hechos delictivos.

No se trata de un detalle menor. El ruido se instala como una fricción diaria que erosiona la convivencia. No todo conflicto empieza con un delito. A veces empieza con la bocina del vecino o con el tráfico que no descansa.

Lo que dice la norma cuando el sonido rebasa el límite

En Coahuila, la generación de ruido excesivo no es solo una molestia social. También puede constituir una falta administrativa. A nivel estatal, la Ley para Combatir el Ruido regula la contaminación sonora producida por fuentes fijas y móviles, incluidos equipos de sonido, vehículos y escapes sin silenciador.

En el caso de Torreón, el Bando de Policía y Justicia Cívica considera infracción perturbar la tranquilidad de las personas por emisiones de ruido que rebasen los límites permitidos o que se produzcan en horarios de descanso. Las sanciones pueden ir desde multas hasta arresto administrativo, dependiendo de la conducta y su reincidencia.

El marco legal existe. El reto está en su aplicación cotidiana, especialmente cuando el ruido no proviene de una fiesta evidente, sino del flujo constante de la ciudad.

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El tráfico también hace ruido, aunque parezca normal

Cuando se piensa en ruido, casi siempre se imagina una bocina a todo volumen o una fiesta nocturna. Sin embargo, una parte importante del sonido urbano proviene de las vialidades.

El tránsito vehicular genera niveles de ruido que pueden rondar entre los 70 y 75 decibeles en avenidas con flujo constante. Para ponerlo en contexto, una conversación normal se sitúa alrededor de los 60 a 65 decibeles. Una calle tranquila por la noche puede rondar los 50. Una biblioteca se acerca a los 40.

Las normas ambientales que se usan como referencia en México establecen límites de 55 decibeles en zonas habitacionales durante el día y de 50 durante la noche. El tráfico, incluso sin claxon ni música, puede rebasar esos niveles de forma sostenida.

Cuánto ruido soportamos y cuándo empieza el desgaste

El oído humano puede adaptarse al sonido, pero eso no significa que no haya efectos. En términos de salud auditiva, exposiciones prolongadas por encima de los 85 decibeles ya se consideran riesgosas. No es el nivel de una calle común, pero sí el de motocicletas, escapes alterados o equipos de sonido mal regulados.

La diferencia es clave. Un ruido breve puede ser molesto. Uno constante se vuelve desgaste. No siempre genera daño auditivo inmediato, pero sí afecta el descanso, la concentración y el ánimo. De ahí que la contaminación por ruido sea también un tema de salud y de convivencia urbana.

La paz también se mide en decibeles

Los más de 20 mil reportes de contaminación por ruido excesivo no hablan solo de vecinos intolerantes ni de fiestas fuera de control. Hablan de una ciudad que suena más de lo que descansa. De vialidades saturadas. De normas que existen y que a veces no se conocen. De una convivencia que se tensa cuando el volumen sube.

La paz no siempre se rompe con violencia visible. A veces se fragmenta poco a poco, con motores, bocinas y música que nadie pidió escuchar. En ese sentido, medir el ruido también es medir la calidad de vida.

Porque al final, vivir en ciudad no significa vivir en estruendo permanente. Y porque aprender a escuchar, incluso el silencio, también es una forma de convivencia.

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