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El colapso inminente de La Laguna

Autor/a:  Héctor Esparza

Crédito de la fotografía: El colapso inminente de La Laguna voces nómadas

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El colapso inminente de La Laguna

Autor/a:  Héctor Esparza

Crédito de la fotografía de portada: El colapso inminente de La Laguna voces nómadas

Francisco Rodríguez Lozano es periodista de investigación y editor de Semanario, suplemento del periódico Vanguardia; el trabajo más reciente que publicó debería sacudirnos (aunque ocurrirá en cualquier momento), puesto que confirma el hundimiento del territorio a causa de la sobreexplotación del acuífero de la Comarca Lagunera.

El Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) confirma la subsidencia –hundimiento de la tierra- en una superficie cercana a los 3 mil kilómetros cuadrados, en algunas zonas los hundimientos rondan los 13 a 14 centímetros por año, “lo que la convierte en la extensión más grande del país” con este problema, escribió el periodista lagunero.

“La causa principal de estos niveles de hundimientos son atribuidos a la extracción desmedida del agua del acuífero, señala Daniel Hernández Luna, integrante del Departamento de Servicios Geodésico de la UNAM”, citó Rodríguez Lozano en su reportaje publicado el lunes 22 de julio de este año y que puede leerse en internet.

En diferentes temporadas han ocurrido hundimientos en el territorio, los más recientes detectados están en Mieleras, en las márgenes del río Aguanaval al sur de Torreón, donde un par de dolinas y una extensa abra sorprendieron a los habitantes y fue foco de atención para catedráticos de la Universidad Autónoma de Coahuila quienes analizan el comportamiento del fenómeno, sin embargo, las investigaciones de la UNAM confirman que este proceso de subsidencia ocurre en casi todo el territorio.

Las imágenes satelitales analizadas por los expertos de la UNAM “revelan que el 20 % de la población en La Laguna se encuentra en zonas con velocidades de subsidencia mayor a cinco centímetros al año, la mayoría está en la parte este de Torreón, en Matamoros y Francisco I. Madero. Es decir, 2 de cada 10 laguneros viven en zonas que se hunden más de cinco centímetros cada año”, continúa el reportaje de Rodríguez Lozano.

En 2012 la dolina que se abrió en un campo de cultivo en el ejido Buen Abrigo fue tema en la agenda periodística, pero desde el gobierno no se abordan con detenimiento estos fenómenos causados por la extracción excesiva del agua subterránea.

Hay que puntualizar que se trata de hundimientos que rebasan las decenas de metros y que no tienen que ver con movimientos telúricos o las placas tectónicas que son mucho más profundas. Son reacomodos de la tierra que ocurren por las siguientes condiciones:

Al contener las aguas de los ríos Nazas y Aguanaval en las presas, se impide también el arrastre de sedimentos como la arena y la tierra que van ocupando los huecos que deja el agua a su paso por el subsuelo. Además, se está extrayendo agua del acuífero de forma acelerada ocasionando un déficit en la recarga: son más de mil millones de metros cúbicos de extracción anual y una recarga que no rebasa los 500 millones de metros cúbicos y que se reduce ante la contención de los ríos; y cada vez se cava a mayor profundidad para sacar agua.

Por otra parte, se suman las sequías constantes y extensas, y las tormentas puntuales, dos variables más que contribuyen con el reacomodo de la tierra: cuando no llueve la tierra se reseca, y al caer la tormenta, el agua busca su cauce abriendo surcos profundos.

Río abajo, en el ejido Tres Manantiales, en Francisco I. Madero, Coahuila, donde solía desembocar el río, las evidencias de la subsidencia son llamativas. En este territorio está El Hundido, es una dolina que supera los 120 metros de diámetro y más de 30 metros de profundidad, es enorme. Cerca de este hundimiento hay otros más recientes donde se aprecian las corrientes del agua de lluvia.

Desde 1991 a la fecha se registran más de una veintena de hundimientos reportados en la región. “deben ser más, porque tengo datos hemerográficos de socavones abiertos en la década del cuarenta”, me comentó el ingeniero Arturo Rosales Quintana, director de la Facultad de Ingeniería Civil a la UAdeC para un reportaje que realicé para la extinta revista Nomádica.

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“Es consecuencia del manejo deficiente de los acuíferos, no los administramos bien y en zonas semiáridas no hay mucha agua. Es una situación que debe preocupar”, le declaró a Francisco Rodríguez el investigador Enrique Cabral Cano responsable del Laboratorio de Cartografía Digital del Instituto de Geofísica de la UNAM.

El tema es sensible porque no se aprecian medidas para intentar por lo menos atenuar el colapso anunciado.

La investigación de Francisco Rodríguez la pueden leer aquí.

También pueden descargar gratuitamente la edición 123 de revista Nomádica donde publiqué un reportaje relacionado con este fenómeno,

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