


Lo que ocurre con el río, el acuífero y el desierto también forma parte de la crisis ambiental
¿Qué relación existe entre las canteras instaladas en el lecho del río Nazas, la extracción de materiales para la construcción, los cerros que son dinamitados para producir cal y cemento, el abatimiento del acuífero lagunero y las recientes observaciones judiciales sobre las prórrogas de concesiones de agua subterránea?
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Todos esos procesos forman parte de una misma discusión sobre biodiversidad, territorio y sostenibilidad. Y esa conexión suele pasar desapercibida porque, cuando se habla de biodiversidad, la conversación pública normalmente se dirige hacia selvas, bosques tropicales o especies emblemáticas en peligro de extinción. Rara vez se piensa en la Comarca Lagunera, en el semidesierto, en los cauces intervenidos o en los cerros fragmentados por la industria extractiva.
Sin embargo, el Día Internacional de la Diversidad Biológica —establecido oficialmente por Naciones Unidas— también obliga a mirar esos territorios locales donde el deterioro ambiental ocurre de manera acumulativa y constante.
En la región lagunera, el río Nazas continúa siendo utilizado como fuente de materiales pétreos para sostener el crecimiento urbano. Al mismo tiempo, distintos cerros son transformados por actividades extractivas vinculadas a la producción de cal y cemento. Son actividades legales y normalizadas dentro del desarrollo económico regional, pero que generan modificaciones profundas sobre el paisaje, la vegetación y los procesos ecológicos.

Recientemente, un juzgado federal ordenó que la Comisión Nacional del Agua informe periódicamente sobre las resoluciones relacionadas con prórrogas de concesiones de agua subterránea en el acuífero lagunero, con el objetivo de verificar que dichas autorizaciones no continúen ni agraven la sobreexplotación existente.
El comunicado difundido por ProdeNazas recuerda un dato central para entender la dimensión ambiental del problema. El acuífero de la región se encuentra en condición de disponibilidad nula, lo que significa que la extracción supera la capacidad natural de recarga.
Ese escenario no puede separarse de la discusión sobre biodiversidad.
La pérdida de biodiversidad no ocurre únicamente cuando desaparecen especies animales o vegetales visibles. También sucede cuando los ecosistemas pierden capacidad de regeneración, cuando el suelo se degrada, cuando disminuye la infiltración de agua o cuando la vegetación natural es removida de manera permanente.
El Valle del Hundido y zonas de Cuatro Ciénegas muestran otro ejemplo de esa presión territorial. En distintas áreas del semidesierto coahuilense, la remoción de vegetación nativa para ampliar superficies destinadas a la producción de forraje ha transformado ecosistemas adaptados durante miles de años a condiciones extremas de aridez.
La eliminación de matorrales y cobertura vegetal modifica la estabilidad del suelo, altera procesos de infiltración y reduce hábitats para reptiles, aves, mamíferos pequeños, insectos polinizadores y microorganismos especializados en ambientes desérticos.
Aun así, estos procesos rara vez aparecen dentro de la conversación pública sobre biodiversidad.
En 2022, durante la Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica, los países adoptaron el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal. El acuerdo establece metas hacia 2030 para restaurar ecosistemas degradados, reducir contaminación y frenar la pérdida de biodiversidad.
El documento identifica entre las principales causas del deterioro ambiental el cambio de uso de suelo, la explotación directa de organismos, la contaminación y las modificaciones sobre ecosistemas terrestres y acuáticos.
La discusión internacional coincide con lo que ocurre en distintas regiones de México.
En el país, buena parte de los esfuerzos de conservación se concentra dentro de áreas naturales protegidas. Son espacios donde existen reglamentos, vigilancia y programas de educación ambiental. Sin embargo, fuera de esos polígonos el territorio continúa transformándose mediante modelos de crecimiento urbano e industrial que mantienen presión constante sobre ríos, acuíferos, cerros y ecosistemas periféricos.
La propia estrategia internacional plantea que la biodiversidad debe integrarse en procesos de planeación territorial y políticas públicas. La conservación no puede depender únicamente de reservas aisladas mientras el resto del territorio pierde cobertura vegetal y capacidad ecológica.
La Comarca Lagunera también enfrenta un problema de percepción ambiental.
Con frecuencia, el semidesierto es entendido como un paisaje vacío o improductivo desde el punto de vista ecológico. Sin embargo, estos ecosistemas contienen formas de vida altamente especializadas y procesos biológicos adaptados a condiciones extremas de temperatura y escasez de agua.
Los mezquitales, matorrales, dunas y zonas ribereñas sostienen biodiversidad regional y funcionan como reguladores naturales del suelo y del agua.
Incluso elementos aparentemente menores cumplen funciones ecológicas importantes. Un tronco seco, por ejemplo, puede convertirse en refugio de insectos, reptiles, hongos y microorganismos. También ayuda a conservar humedad y participa en la descomposición de materia orgánica que mantiene la salud del suelo.
Comprender esos procesos modifica la manera en que se interpreta el territorio.

En la región lagunera, distintos colectivos ambientalistas, estudiantes y organizaciones civiles han impulsado actividades de observación de aves, recorridos por el río Nazas, encuentros ambientales y ejercicios de educación ecológica.
Ese tipo de iniciativas permiten reconocer biodiversidad donde antes solo se veía paisaje urbano o desierto.
El Marco Mundial de Biodiversidad también reconoce la importancia de fortalecer el acceso público a la información, la educación ambiental y la participación social.
La conservación no depende únicamente de acuerdos internacionales o políticas gubernamentales. También requiere observación cotidiana, apropiación comunitaria y conocimiento del entorno inmediato.
Porque la biodiversidad no se encuentra solamente en reservas lejanas o paisajes espectaculares. También está presente en los ríos intervenidos, en los cerros fragmentados, en el acuífero que pierde capacidad de recuperación y en el semidesierto que todavía sostiene vida, aunque muchas veces no se perciba.