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Entre aguas negras y excretas: el desdén cotidiano hacia Torreón y La Comarca entera

Autor/a:  Héctor Esparza

Crédito de la fotografía: 

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Entre aguas negras y excretas: el desdén cotidiano hacia Torreón y La Comarca entera

Autor/a:  Héctor Esparza

Crédito de la fotografía de portada: 

Una imagen, apenas una, basta para reflejar la acumulación de factores que describen con crudeza la relación que tenemos los laguneros —autoridades, ciudadanos, instituciones— con nuestra ciudad.

Es la entrada de la colonia Torreón 2000, al norte de la ciudad y justo frente al aeropuerto. Allí, donde cada domingo se venden gorditas, menudo y raspados, donde hay tránsito constante de personas, lo primero que se impone a la vista —y al olfato— es un charco denso de aguas negras mezcladas con lluvia. La escena, aunque particular, no es excepcional. La lluvia reciente colapsó el drenaje, botó tapas de alcantarilla y generó una laguna inmóvil, pestilente, que persiste desde hace días. No es la única: es una más en una ciudad donde el drenaje revienta cada temporada de lluvias.

Pero esta imagen también revela otra cosa: antes de las lluvias, el pavimento ya estaba cubierto de excretas de perro, la mayoría de mascotas con dueño. Nadie limpia. Nadie reclama. Nadie se hace cargo. Esas excretas están ahí como una alfombra que hemos normalizado, tan comunes como los graffiti descuidados, las llantas usadas para alertar de alcantarillas abiertas y las cocheras que funcionan como basureros improvisados.

No se trata solo de salubridad —aunque lo es, y no menor: Torreón ha registrado brotes de hepatitis y dengue, enfermedades vinculadas a estas condiciones ambientales—. Se trata también de otra forma de violencia: una violencia que ejercemos hacia nuestro entorno, hacia los otros y hacia nosotros mismos. Porque vivir así, aceptarlo, reproducirlo sin cuestionar, es una forma de renunciar.

La respuesta automática suele ser señalar a la autoridad. Y sí, el gobierno tiene una responsabilidad innegable. Los colapsos del drenaje no son nuevos. Se repiten año tras año sin que haya voluntad real de invertir en su renovación. La infraestructura sanitaria de Torreón está rebasada, vieja, ineficiente. Pero en lugar de priorizar su sustitución, se destinan recursos a pasos deprimidos, glorietas o áreas verdes “con diseño”, mientras el drenaje colapsa una y otra vez.

Sin embargo, la crítica no puede detenerse ahí. La imagen también interpela al ciudadano. ¿Qué hacemos con nuestra ciudad? ¿Nos pertenece? ¿La cuidamos? ¿O la habitamos como si no fuera nuestra, como si estuviéramos de paso? ¿Qué hacen las escuelas, las universidades, las iglesias, las ONG? ¿Por qué tanta indiferencia?

Porque sí hay conocimiento técnico, diagnóstico y propuestas. El Instituto Municipal de Planeación (IMPLAN) ha trabajado desde hace años en documentos clave como el Programa de Acción Climática Municipal (presentado formalmente otra vez este 14 de julio), que incluye campañas de arborización, infraestructura verde, diagnóstico de vulnerabilidades climáticas, estrategias de mitigación y propuestas para un transporte urbano más eficiente. Allí están los inventarios de emisiones, los mapas de riesgo, las recomendaciones técnicas. Todo eso existe desde 2022. Pero permanece en archivos, sin urgencia, sin aplicación sistemática, sin voluntad política de fondo.

Mientras tanto, seguimos en la rutina de la omisión: tiramos basura en lotes baldíos, dejamos a nuestras mascotas defecar en la vía pública sin recoger sus desechos, toleramos las aguas negras sin protestar, comemos en las banquetas contaminadas, como si no pasara nada. Nos hemos acostumbrado a vivir entre la inmundicia.

Este abandono cotidiano, esta normalización del deterioro, no es una casualidad. Es reflejo de una cultura urbana que necesita transformarse. No bastan las campañas ni los reglamentos. Se requiere una reconstrucción del sentido de pertenencia. Torreón, La Comarca lagunera entera, no es un lugar de paso. Es donde vivimos. Y como está hoy, no está bien.

Es tiempo de asumir que esta ciudad no va a cambiar si no lo hacemos nosotros. La autoridad tiene que invertir en lo que importa, y nosotros debemos recuperar la dignidad urbana que hemos perdido entre el lodo, los desechos y el silencio.

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