


Cada año, como un reloj que rara vez falla, el río Aguanaval recuerda su presencia. No lo hace con discursos ni con estadísticas, sino con la fuerza de sus crecientes que rebasan bordos y con filtraciones que vuelven a demostrar que los ríos no se domestican del todo. Su latencia es un pulso que nos hemos acostumbrado a marginar, quizá porque en la región la atención siempre se ha concentrado en el Nazas, ese río emblemático que definió paisajes y civilizaciones. Sin embargo, el Aguanaval, con menos reflectores, cumple una función igual de vital: infiltra el acuífero, alimenta los campos y sostiene comunidades enteras.
Hoy, las notas informativas nos hablan de operativos en Lerdo, de la vigilancia que se mantiene para evitar accidentes tras la caída de un puente y del llamado de la alcaldesa a la población para tomar precauciones. Lo mismo ocurre en Matamoros y Viesca en Coahuila. La creciente del Aguanaval no es un accidente ni una anomalía; es parte de un ciclo natural que hemos preferido mirar únicamente desde la lógica productiva.
En la cuenca del Aguanaval se levantan presas de distintos tamaños, algunas con historia que se remonta al siglo pasado. La Leobardo Reynoso, la más grande, con capacidad de más de 100 millones de metros cúbicos; El Cazadero, que rebosa cuando las lluvias son abundantes; y Santa Rosa. A ellas se suman bordos, presas derivadoras y canales que fragmentan y condicionan el cauce. Todas cumplen con una función práctica: almacenar, distribuir, contener. Pero en esa visión de ingeniería hidráulica se pierde la perspectiva integral del río como organismo vivo, como parte de un ecosistema que no se mide solo en litros ni en hectáreas de riego.
Lo que cada año nos alarma no son los pulsos del Aguanaval en sí mismos, sino los impactos visibles que se derivan de nuestra incapacidad de entenderlos: hundimientos, derrumbes, daños a la infraestructura y comunidades en riesgo. No son desastres naturales, son consecuencias sociales y políticas de haber reducido un río a “recurso”.

Mientras tanto, el Aguanaval ha quedado en segundo plano frente al Nazas. De aquel se habla en la literatura, en las crónicas y en los discursos oficiales; de este, apenas cuando amenaza con desbordar o tumbar un puente. Esa diferencia de trato es sintomática: no se trata solo de geografía, sino de una jerarquía cultural que privilegia símbolos y posterga realidades. El Aguanaval no es menos importante, simplemente lo hemos relegado.
La pregunta que deberíamos hacernos es qué tipo de relación queremos con nuestros ríos. Si continuamos viendo en ellos únicamente agua para la producción agrícola y no como parte de un ciclo natural que debe ser respetado, seguiremos atrapados en la lógica de la emergencia. Operativos de Protección Civil cada temporal, reparaciones improvisadas en canales y bordos, reuniones con funcionarios de CONAGUA para buscar programas de apoyo, y exhortos a la ciudadanía para estar atenta a los pronósticos del tiempo. Todo eso es síntoma, no solución.
El verdadero reto es cultural y político. Cultural, porque implica aprender a leer el pulso del río no como amenaza, sino como recordatorio de que los ciclos naturales sostienen la vida de la región. Político, porque exige decisiones que suelen incomodar a los intereses económicos: detener la sobreexplotación del acuífero, replantear los modelos de riego, y asumir que un río no es solo infraestructura, sino parte de un sistema ambiental que garantiza la viabilidad futura.
Seguir reduciendo al Aguanaval a cifras y bordos es, en el fondo, un acto de soberbia. Creemos que controlamos al río, pero cada creciente nos demuestra lo contrario. El cierre de esta reflexión, entonces, no puede ser complaciente: mientras las autoridades gestionen los ríos bajo la lógica del corto plazo y los productores solo los vean como canales de agua barata, la región seguirá condenada a vivir con el sobresalto de cada temporal.
El Aguanaval late, año tras año, con la paciencia de la naturaleza. ¿Algún día estaremos dispuestos a escucharlo más allá del ruido de los intereses económicos?