Los agroquímicos han contaminado el 80% de los ríos de México y el Nazas no es la excepción

Por Héctor Esparza

La advertencia fue lanzada en el marco de la clausura de la Primera Expo Empresas Irrigación 2026, celebrada en las instalaciones de la UACh, donde ingenieros en Irrigación presentaron los resultados de años de monitoreo en cuencas hidrológicas de distintas regiones del país.

Cada temporada de siembra, millones de litros de fertilizantes nitrogenados se aplican sobre los campos agrícolas de México. Una parte nutre los cultivos. Otra parte, la que nadie contabiliza en las facturas ni en los informes de producción, se filtra silenciosamente hacia los suelos, los mantos freáticos y los cauces de los ríos. El resultado, según especialistas de la Universidad Autónoma Chapingo (UACh), es devastador: el 80% de los ríos del país están contaminados, y los niveles de nitrógeno registrados en zonas agrícolas rebasan lo que establece la Norma Oficial Mexicana.

La advertencia fue lanzada en el marco de la clausura de la Primera Expo Empresas Irrigación 2026, celebrada en las instalaciones de la UACh, donde ingenieros en Irrigación presentaron los resultados de años de monitoreo en cuencas hidrológicas de distintas regiones del país. No se trató de una alerta abstracta ni de un pronóstico a futuro, sino de una realidad medible, documentada y, en muchos tramos, ya irreversible.

La agricultura que envenena lo que riega

El ingeniero Rafael Sánchez Bravo, profesor-investigador del Departamento de Irrigación de la UACh, y su colega Claudio Lobato de la Cruz, egresado de la misma institución y empresario al frente de Soluciones Integrales de Ingeniería Hidroagrícola, coincidieron en señalar un mecanismo que se repite en prácticamente todas las zonas agrícolas del país: los productores aplican agroquímicos y observan rendimiento en sus cultivos, pero no detectan que lo hacen en exceso. Lo que sobra, lo que el suelo no puede absorber, migra.

"En México encabezamos una estrategia que busca reducir la contaminación de los cuerpos de agua, evitar las descargas directas de las granjas y reducir el uso de agroquímicos, ya que estos excesos, en todas las zonas agrícolas, van a parar a los cuerpos de agua", explicó Lobato de la Cruz durante su intervención en la Expo.

El nitrógeno es el compuesto más problemático. Como componente principal de los fertilizantes sintéticos, se aplica en enormes cantidades sobre cultivos de maíz, trigo, sorgo y forrajes. Cuando se usa en exceso, este elemento no desaparece, se convierte en nitratos, iones altamente solubles y móviles que atraviesan el suelo con facilidad y llegan tanto a las aguas superficiales como a las subterráneas. Una vez ahí, son prácticamente imposibles de eliminar sin costosos procesos de tratamiento.

Los resultados del monitoreo realizado por los investigadores de Chapingo son contundentes: en los ríos ubicados en zonas agrícolas, los niveles de nitrógeno se encuentran fuera de la Norma Oficial Mexicana. Esto significa que el agua de esos cauces no es apta para consumo humano, y que los ecosistemas que dependen de ella sufren procesos de eutrofización, pérdida de oxígeno disuelto y colapso de la biodiversidad acuática.

85 ríos principales, el 80% contaminados

México cuenta con aproximadamente 85 ríos principales y más de 50 ríos secundarios, arroyos y afluentes. Según los especialistas de la UACh, cuatro de cada cinco de esos cuerpos de agua presentan contaminación vinculada, al menos en parte, a la actividad agrícola. La lista de los más afectados incluye nombres conocidos del centro y sur del país.

El Río Lerma-Santiago acumula décadas de descargas industriales y agrícolas. El Río Atoyac, que corre entre Puebla y Tlaxcala, recibe impactos de desechos de ambos orígenes. El Río Tula, en Hidalgo, es irrigado con aguas negras que luego se utilizan en cultivos, cerrando un ciclo de contaminación que se retroalimenta. En Veracruz, ríos como el Tecolutla, el Nautla y el Blanco presentan altas concentraciones de nitrógeno por el uso de fertilizantes. El Río Nexapa enfrenta riesgo alto por los escurrimientos de zonas dedicadas al cultivo de flores.

Claudio Lobato de la Cruz informó que actualmente trabaja en tres proyectos —en Jalisco, Veracruz y Chiapas— orientados a transformar los residuos de megagranjas agrícolas y porcinas en biofertilizantes. El objetivo es reducir la contaminación del agua y reemplazar los insumos sintéticos con alternativas de origen orgánico. Es, en palabras del propio especialista, una apuesta por cerrar el ciclo en lugar de romperlo.

Crisis hídrica agravada: sequía más desperdicio

El diagnóstico que ofrecieron los ingenieros de Chapingo no se limita a la calidad del agua. La cantidad también está en juego, y las cifras son igualmente preocupantes.

En 2026, la agricultura consume entre el 75% y el 77% del agua dulce disponible en México. De esa cantidad, se estima que más del 60% se pierde por infiltración y evaporación, principalmente por el uso de técnicas de riego obsoletas y fallas en los sistemas de conducción. El agua que debería llegar a los cultivos termina evaporándose en canales sin revestir, filtrándose en tramos sin control o dispersándose en superficies que no la necesitan.

A esto se suma una situación climática adversa. México acumula tres años consecutivos de sequía severa, con un déficit de lluvia del 24% por debajo del promedio histórico registrado hasta marzo de 2026. La combinación de menos agua disponible y mayor desperdicio está profundizando una crisis que ya era estructural.

Rafael Sánchez Bravo complementó el panorama señalando otro factor frecuentemente ignorado: la deforestación de las cuencas hidrográficas. Sin vegetación, el suelo pierde su capacidad de retener el agua de lluvia. En lugar de infiltrarse y recargar los acuíferos, el agua escurre superficialmente, arrastrando sedimentos, agroquímicos y materia orgánica hacia los ríos. Las ciudades, explicó el investigador, sufren las consecuencias en sus drenajes urbanos.

Ana Bertha Ponce Pacheco, empresaria egresada de Chapingo, subrayó que los estudios técnicos sobre cuencas son herramientas indispensables para la preservación del suelo, el agua y la biodiversidad, pero advirtió que su aplicación requiere algo que no se obtiene solo con ciencia: la participación activa de las comunidades. Sin ese componente, ninguna estrategia técnica resulta sostenible.

El Nazas y el Aguanaval: una advertencia local

La Comarca Lagunera no es ajena a este diagnóstico. Aquí, el río Nazas —columna vertebral histórica de la región, fuente de agua para la agricultura, la ganadería y el desarrollo urbano de Torreón, Lerdo y Gómez Palacio— enfrenta desde hace décadas los efectos combinados de la sobreextracción, la contaminación y el cambio climático. Los investigadores de la Universidad Tecnológica de Rodeo han documentado la presencia en afluentes del Nazas de elementos como fierro, molibdeno, flúor y nitratos, algunos de ellos en concentraciones que rebasan los límites establecidos por la NOM-127 para agua de consumo humano.

El origen de parte de esa contaminación apunta a la actividad minera —específicamente a la mina Navidad, en el municipio de Indé—, pero la problemática de los agroquímicos añade otra capa al deterioro. El uso excesivo de pesticidas y fertilizantes en la agricultura ha llevado a la contaminación de las aguas del río, afectando tanto a la flora como a la fauna, según consigna el análisis regional disponible sobre el estado actual del Nazas.

La situación del río Aguanaval es igualmente reveladora. Un estudio publicado en el XII Congreso Nacional de Irrigación describe cómo la agricultura en la parte baja de su cuenca —el llamado "Cuadro Bajo de Matamoros y Viesca"— ha dependido históricamente del aporte de nutrientes que el propio río transporta en sus crecidas. Sin embargo, este sistema de aprovechamiento tradicional convive hoy con prácticas de riego intensivo en la cuenca del Nazas que sí requieren aplicaciones regulares de agroquímicos, y cuyos residuos eventualmente alcanzan los suelos y cuerpos de agua adyacentes.

El contexto más amplio lo aporta una investigación publicada en 2026 en la revista científica Environmental Monitoring and Assessment, realizada por investigadores adscritos a instituciones mexicanas y titulada "Evaluación espacial de la contaminación del agua subterránea por plaguicidas en el polo agroindustrial La Comarca Lagunera en México". El estudio analizó 38 pozos de abastecimiento distribuidos en municipios de Coahuila y Durango —Francisco I. Madero, Matamoros, Torreón, San Pedro, Viesca, Lerdo, Gómez Palacio y General Simón Bolívar— y encontró presencia de plaguicidas en el agua subterránea de la región. Los pozos analizados sirven tanto para riego agrícola como para abastecimiento urbano, lo que convierte el hallazgo en una alarma de salud pública, no solo ambiental.

Este dato es especialmente relevante a la luz de lo planteado por los investigadores de Chapingo: si la superficie agrícola lagunera aplica de manera sistemática fertilizantes nitrogenados y otros agroquímicos, una proporción de esos compuestos inevitablemente migra hacia el subsuelo y hacia los cauces. El Nazas y el Aguanaval no son excepción a la tendencia nacional; son parte de ella.

Soluciones que ya existen, voluntad que falta

El foro de la Expo Empresas Irrigación 2026 no fue solo un espacio para el diagnóstico. Los ingenieros de Chapingo presentaron también soluciones concretas, varias de ellas ya en operación. La conversión de residuos de granjas en biofertilizantes es una de ellas. La modernización de los sistemas de conducción y riego, para reducir el 60% de pérdidas actuales, es otra. La reforestación de cuencas para restaurar la capacidad de retención hídrica constituye una tercera línea de acción que, según Rafael Sánchez Bravo, requiere atención urgente.

Griselda Sánchez Bravo y el docente Alejandro Ramiro Bautista, también participantes del foro, coincidieron en señalar la importancia de vincular a los estudiantes del Departamento de Irrigación de la UACh con los pequeños y grandes agricultores, con los municipios, con las autoridades ambientales. La universidad, dijeron, tiene la capacidad de ofrecer soluciones integrales; lo que se requiere es que los tomadores de decisiones estén dispuestos a escucharlas.

México no tiene un problema de conocimiento técnico sobre el manejo del agua y los agroquímicos. Tiene un problema de implementación, de regulación y, sobre todo, de voluntad política para enfrentar las consecuencias de décadas de agricultura intensiva sin controles suficientes.

Mientras esa voluntad llega, los ríos siguen recibiendo lo que les sobra a los campos.

Fuente base: Boletín 002, Primera Expo Empresas Irrigación 2026, Universidad Autónoma Chapingo (CODICS). Investigación complementaria: Góngora Echeverría et al., "Evaluación espacial de la contaminación del agua subterránea por plaguicidas en la Comarca Lagunera", Environmental Monitoring and Assessment, 2026; El Siglo de Durango, "Río Nazas, enfermo por polución", 2022; Cháirez Araiza y Palerm Viqueira, "Aniegos y agricultura en la parte baja del río Aguanaval", XII Congreso Nacional de Irrigación.

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