


Por el doctor J. Guadalupe Luna Ortega
En el norte de México hay tierras que, a simple vista, parecen agotadas. Suelos claros, duros, agrietados por el sol y castigados por décadas de sobreexplotación agrícola, sequías prolongadas y prácticas que rompieron su equilibrio natural. Sin embargo, bajo esa superficie aparentemente estéril, aún hay posibilidades de recuperar la fertilidad del suelo.
En regiones semidesérticas de Coahuila y Sonora, una alianza entre ciencia, comunidades indígenas y semillas nativas busca recuperar la capacidad de los suelos para producir y demostrar que la agricultura puede generar un impacto favorable en las tierras agotadas.
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Mucho antes de que existieran tractores, fertilizantes sintéticos o sistemas de riego a gran escala, los pueblos originarios del norte de México ya habían aprendido a convivir con la escasez de agua y la dureza del clima.
Los Seris, o Comcaac, habitan desde hace siglos la costa y el desierto de Sonora. Su historia está marcada por la resistencia a la colonización, al despojo territorial y a uno de los entornos más extremos del país. Su conocimiento del territorio —del mar, del desierto y de los ciclos naturales— les permitió sobrevivir donde otros fracasaron.
En tanto los Irritilas, pueblos originarios de la Comarca Lagunera, se desarrollaron en torno a sistemas lacustres hoy casi desaparecidos. Su agricultura, adaptada a ambientes áridos y semiáridos, dependía del manejo cuidadoso del suelo, del agua y de la diversidad biológica. La desaparición de las lagunas y la expansión de la agricultura industrial borraron no solo ecosistemas, sino también prácticas ancestrales profundamente ligadas al equilibrio ambiental.
Hoy, esos saberes vuelven a dialogar con la ciencia.
La infertilidad de los suelos semidesérticos no ocurre de un día para otro. Es el resultado de procesos acumulativos:
Cuando un suelo pierde su biología, deja de infiltrar agua, de retener nutrientes y de sostener raíces profundas. Se vuelve dependiente de insumos externos y cada vez menos productivo. En ese punto, la desertificación ya no es una amenaza futura, sino una realidad.

Frente a este escenario, la agricultura regenerativa propone un cambio en la percepción que tenemos del suelo al considerarlo un organismo vivo, no solo un soporte inerte.
La iniciativa impulsada desde la Universidad Politécnica de la Región Laguna, en colaboración con universidades del norte del país y con las comunidades Seri e Irritila, parte de una idea sencilla: si se restauran los procesos biológicos del suelo, la productividad vuelve por sí misma.
Eliminar el arado mecánico —la llamada cero labranza— permite que hongos, bacterias y raíces reconstruyan la estructura del suelo. Las enmiendas orgánicas, como compostas y biochar, aportan carbono estable, mejoran la retención de agua y sirven de refugio para microorganismos. Los inoculantes microbianos aceleran la recuperación de suelos que llevaban años degradados.
Poco a poco, el suelo cambia de color, de textura y de comportamiento. Donde antes el agua escurría o se evaporaba, ahora se infiltra. Donde antes las plantas sobrevivían apenas, ahora resisten mejor la sequía.
En los suelos semidesérticos, las capas superficiales —los llamados horizontes— suelen estar erosionadas o ausentes. La agricultura regenerativa busca reconstruirlas:
El horizonte orgánico, casi inexistente en estos paisajes, se forma con rastrojos y coberturas vegetales que protegen el suelo del sol extremo.
El horizonte superficial, clave para la producción, se enriquece con carbono y materia orgánica, aumentando notablemente su capacidad de retener agua.
Más abajo, las raíces profundas y las micorrizas activan el subsuelo, reciclando minerales que durante décadas permanecieron inaccesibles.
Así, el suelo vuelve a funcionar como un sistema integrado, no como una simple capa donde se depositan semillas.
En este proceso, las semillas juegan un papel central. Las variedades criollas de maíz y frijol, conservadas por generaciones, han aprendido a crecer con poca agua, suelos pobres y climas impredecibles.
A diferencia de muchas semillas híbridas comerciales, estas razas locales poseen:
La selección masal en campo, los bancos comunitarios de semillas y el fitomejoramiento participativo permiten que estas semillas no solo se conserven, sino que sigan evolucionando frente al clima cambiante. En seguida la explicación más amplia de estos conceptos:
Selección Masal Estratégica: A diferencia de la selección comercial, los agricultores seleccionan las mazorcas de plantas que demostraron mayor resistencia al estrés hídrico y plagas y enfermedades durante el ciclo actual. Se eligen plantas de porte medio con raíces profundas.
Bancos Comunitarios de Semillas (Casas de Semillas): Son espacios locales de almacenamiento que mantienen la viabilidad del grano mediante métodos tradicionales (como el uso de ceniza o cal) y modernos (control de humedad), permitiendo el intercambio entre comunidades para evitar la erosión genética.
Fitomejoramiento Participativo: Colaboración entre científicos y campesinos para fortalecer rasgos específicos de las razas locales (como el maíz Cónico o Bolita) sin recurrir a la modificación transgénica, asegurando que la semilla "aprenda" de los cambios climáticos de 2026.
Las semillas híbridas comerciales a menudo fallan ante la irregularidad de las lluvias, mientras que las razas autóctonas poseen:

Este proyecto no busca únicamente mejorar rendimientos. Busca algo más profundo: reconciliar la producción de alimentos con la restauración del territorio y la dignidad de quienes lo habitan.
En un contexto de crisis climática, pérdida de suelos fértiles y dependencia creciente de insumos externos, la experiencia de los Seris e Irritilas muestra que otro camino es posible. Uno donde el suelo vuelve a respirar, las semillas vuelven a adaptarse y la agricultura deja de ser intensiva para convertirse, de nuevo, en una práctica de cuidado.
Este trabajo es el resultado de una convergencia profundamente necesaria. La iniciativa es desarrollada por el Dr. J. Guadalupe Luna Ortega, miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNII) y maestro investigador de tiempo completo, ademas miembro honorifico del conacyt del estado de coahuila, y participante activo del programa Estancias Posdoctorales por México 2025, adscrito a la Universidad Politécnica de la Región Laguna, y apollado por el rector David Ruiz Mejia y el contador Fernando Martinez Leaños, quien articula ciencia del suelo, agricultura regenerativa y territorio.
El proyecto se fortalece con la colaboración del asesor principal Dr. Edgar Omar Rueda Puente, perteneciente al sistema nacional de investigadores SIN nivel III, maestro investigador de la Universidad del Estado de Sonora, así como tambien la colaboracion del Dr. José Luis García Hernández, perteneciente al sistema nacional de investigadores SIN nivel III y maestro investigador de la Universidad Juárez del Estado de Durango, cuya participación aporta una visión complementaria desde la investigación aplicada y la formación académica. A su vez, este esfuerzo contribuye directamente al desarrollo de la Maestría en Agricultura Orgánica Sustentable, a través del trabajo del Ing. José Miguel Martínez Torres, colaborador de la Universidad Juárez del Estado de Durango.
Más allá del ámbito académico, el proyecto cobra un sentido profundo gracias a la participación activa de los pueblos originarios. Salvador Chávez Luevanos (Xava Tolvanera) y Enrique Robles Barnett, presidentes de las naciones Irritilas en Coahuila y Seris en Sonora, respectivamente, representan el vínculo vivo entre el conocimiento científico contemporáneo y los saberes territoriales ancestrales.
En conjunto, esta alianza demuestra que la agricultura regenerativa en suelos semidesérticos no es solo una estrategia técnica, sino un proyecto de largo aliento, donde la ciencia dialoga con la historia, el suelo con la memoria y la producción de alimentos con la dignidad de los pueblos que han aprendido, durante siglos, a habitar el desierto sin destruirlo.
Muchas felicidades por este magnífica publicación y proyecto aprobado por la Secihti.. Felicidades a voces nómadas por esta honorable acción de divulgar quehaceres tecnológicos y científicos de investigaciones como la del Dr Gpe Luna.. saludos respetuosos
¡Gracias! Saludos respetuosos de vuelta.