


En un mundo donde la lucha por la igualdad de género sigue vigente, visualizamos esta meta como un horizonte aún por alcanzar. La conmemoración del 8 de marzo nos recuerda la importancia de honrar el pasado, actuar en el presente y construir un futuro verdaderamente equitativo.
Esta fecha, reconocida internacionalmente por la ONU desde 1975, hunde sus raíces en las manifestaciones de mujeres que, desde principios del siglo XX, exigieron derechos fundamentales como el voto y condiciones laborales dignas. En México, el impulso definitivo llegó con la primera Conferencia Mundial sobre la Mujer (1975), marcando un antes y un después en nuestra historia.

Estamos viviendo un momento histórico, fuera de opiniones partidistas y enfocada completamente en el papel de las mujeres en la sociedad, la elección de la doctora Claudia Sheinbaum como presidenta de México, marca una pauta en la historia de México en temas de género, su trayectoria y preparación profesional con suerte se convertirán en un referente para todas aquellas niñas y mujeres que deseen estudiar un Doctorado en cualquier área y desarrollarse en la investigación científica, también para aquellas que quieran llegar a ser presidentas de la Nación, esto es un triunfo colectivo que refuerza la importancia de visibilizar el papel de las mujeres en la ciencia y la política además de que simboliza un avance tangible para las mujeres en espacios de poder.

Referentes femeninos
Inspirar con ejemplos reales y acercarlos a la población es una de las mejores estrategias con las que contamos para avanzar en temas de brecha de género, de esta forma la apropiación y participan ciudadana en estas problemáticas puede llegar de manera consciente y la solución llegar a hacerse realidad.
Una realidad que no podemos ignorar es que solo el 33% de las mujeres a nivel global estudian carreras STEM, según los datos de la UNESCO. En nuestro país, la cifra es aún más crítica: 30% de investigadoras científicas son mujeres.
Dentro del título, mujeres que cambian al mundo, no puedo dejar pasar la oportunidad de hacer hincapié en la doctora Eva Ramón Gallegos, investigadora del IPN y no podemos negar que es un faro de esperanza con el desarrollo de su experimento basado en terapia fotodinámica donde logró eliminar lesiones premalignas de cáncer cervicouterino y el virus del papiloma humano en etapas iniciales. Su historia no es solo un éxito para el área de la medicina; es un recordatorio de que la ciencia necesita diversidad para innovar. Como ella misma afirma: «Cada avance científico debe incluir perspectivas de quienes históricamente han sido excluidas».



Semillas de cambio
Como investigadora joven tengo plena confianza que comenzar a trabajar localmente es la base de muchos avances a gran escala, implementar el impacto a nivel local por poner un ejemplo; colaborando con aquellos departamentos que pertenecen a los gobiernos municipales, teniendo una participación activa ha reflejado nuestro compromiso con generar un impacto y cambio real más allá de los resultados de un experimento en el laboratorio.
Otro punto a resaltar es empoderar mediante el ejemplo, creando espacios de divulgación de temas científicos y actividades que logren acercar la ciencia y la tecnología a la población para que esto genere una apropiación de las temáticas y finalmente una consciencia social.
Otra estrategia que considero que es infalible para planear soluciones es la creación de redes y alianzas, ya que enfrentar las problemáticas y temas de importancia desde un punto de vista multidisciplinario es fundamental y en este caso particular puntualizamos la complejidad del tema, se exigen acciones globales coordinadas, y aquí radica la relevancia de planes estratégicos internacionales e integrales como la Agenda 2030 de la ONU, un plan que no solo promete desarrollo sostenible, sino justicia para toda la sociedad. Frente a todo un universo de desafíos a los que nos enfrentamos día a día como sociedad y específicamente como mujeres, tomar acción es parte de nuestro deber social, y trabajar con todas las herramientas posibles la meta final.
Para concluir este texto quiero recalcar que el futuro de la equidad es siempre colaborativo, no debemos verlo como un sueño imposible o completamente lejano, si no como un compromiso diario que requiere acciones concretas: medios de comunicación responsables, políticas públicas con perspectiva de género y una sociedad dispuesta a erradicar sesgos.
Como escribió Sor Juana Inés de la Cruz: “No estudio para saber más, sino para ignorar menos”. Hoy, las mujeres mexicanas estudiamos no solo por conocimiento, sino para transformar nuestra realidad.