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Son las doce y el sol se encuentra en su punto más alto. Nos reunimos alrededor de la mesa para compartir la comida que han preparado en la misión del Aita Angel Olaran en Wukro, en la región del Tigray en el norte de Etiopía. Hoy es el turno de Jon, quien nos ofrece unas bonitas palabras antes de tomar asiento y disfrutar del regalo que supone esta comida. “Y si no hay comida, compartiremos amistad” como dice el Aita Angel cada vez que alguien llega de visita a la misión y pregunta si habrá comida suficiente también para los recién llegados.

El Aita Angel, padre en euskera, es también Abba Melaku, como le llaman en la ciudad de Wukro. Él, símbolo de humildad, puso al servicio de los demás todo lo que le pertenecía, y tras 20 años en Tanzania, pisó tierra etíope hace más de 25 años con la misión de construir una escuela. Le esperaba una tierra yerma, de las más áridas del país, donde los árboles y pozos de agua brillaban por su ausencia, y la región crecía empobrecida a causa de repetidas sequías y la eterna guerra con la vecina Eritrea. La guerra se llevó al frente a la mayoría de los hombres, de los cuales pocos volvieron de vuelta a sus casas. Muchas de las mujeres etíopes tuvieron que vender sus cuerpos para sacar adelante a sus familias y fue así como el SIDA se llevó por delante a muchas de estas mujeres, fracturando familias y dejando huérfanos a muchos pequeños y pequeñas.

A pesar de las grandes dificultades que siguen acechando al país a día de hoy, muchos de los vecinos de Wukro han tenido la oportunidad de soñar y hacer realidad un futuro mejor; pudiendo estudiar, montar su propio negocio o sencillamente viviendo en una tierra en la que volvía a crecer vida. Es imposible resumir en varias líneas el trabajo que el Aita Angel, junto con la gente que lo ha apoyado, han llevado a cabo durante las más de dos décadas de trayectoria. Son, incontables pozos de agua, plantaciones de árboles, desarrollo de técnicas de plantación en tierras baldías, acompañamiento a personas mayores y niñas y niños huérfanos, inauguración de una escuela profesional, pero, sobre todo, la siembra de una gran ilusión, esperanza y alegría. Haber brindado a la sociedad con herramientas para que hayan podido decidir y construir una vida más digna.

El programa de los huérfanos, el proyecto más personal del Aita Angel, nació al poco de su llegada a la pequeña ciudad de Wukro. Observó cómo todos esos niños y niñas huérfanos, carecían de familia, pero disponían de un techo bajo el que vivir. Y fue así como pensó en trasladar esa figura materna y paterna a sus casas, huyendo del concepto orfanato. Agrupó a niños y niñas de edades similares, quizás con alguna pequeña diferencia de edad para que pudiesen cuidarse entre ellos, y varias mujeres serían contratadas para cocinarles, atenderles cuando hiciese falta y ser la figura adulta de la casa. Durante más de dos décadas el Aita ha visitado cada noche una de las casas. Cada una de las visitas era motivo de alegría y juntos conversaban cantaban, bailaban, dibujaban y se abrazaban a la luz de alguna vela (o años más tarde con la linterna de algún móvil).

Aquella noche en el cielo no cabía una estrella más y juntos caminábamos hacia casa de Samu. Lo habíamos conocido hace cuatro años cuando el pequeño tenía esa misma edad y cojeaba a causa de una enfermedad que los médicos no conseguían diagnosticar. Varios años más tarde, el pequeño había sido operado y debía seguir haciendo ejercicios para poder conseguir por fin caminar con normalidad. Se fue la luz, uno de los habituales cortes en la zona, encendimos nuestras linternas y seguimos caminando. En la casa recibieron al Aita Angel con un cariño incondicional, prácticamente a oscuras y a la luz las linternas solares, lo que allí no se había extinguido eran las sonrisas y la alegría.

Samu vivía con su abuela, una señora muy mayor que nos recibió con una sonrisa y que a duras penas podía dedicarse a su nieto. En la casa contigua vivían Haizea, Lettish y Genet, tres jóvenes adolescentes con una grave enfermedad, que las condenaba a estar postradas en la cama y necesitar ayuda las veinticuatro horas del día. El Aita se sentó en la esquina de la cama junto a Lettish, se cogieron la mano y conversaron en Tigriña (la lengua de la región del Tigray, en el norte de Etiopía). De repente ella reía con lo que le contaba el Aita. A su lado, Samu correteaba y nos intentaba explicar con todo lujo de detalle cómo había sido su operación en el talón. El Aita le insistía en que hiciera sus ejercicios y juntos practicaron los saltos a la pata coja sobre el pie «malo». Tras despedirnos y abandonar el hogar, a todos nos invadía un nudo enorme en la garganta cuando el Aita rompió el silencio refiriéndose a Lettish, «Ella siempre tiene una sonrisa dibujada en la cara que nunca se le borra, y cuando la sonrisa es más forzada, es porque tiene un fuerte dolor debido a la enfermedad que padece. Cada día admiro su fuerza, valentía y aplomo hacia la vida». En silencio, sin poder pronunciar palabra, seguimos nuestro camino.

Días más tarde el Aita nos acompañó a pie a la estación donde nos despedimos con un hasta pronto sin poder contener las lágrimas. Él sonreía mientras le explicaba que, desde que nos abrió las puertas de su casa hace cuatro años, se había convertido para nosotros en un guía, y que sus palabras nos acompañaban y ayudaban ante muchas situaciones y decisiones.

Gracias por abrirnos los ojos y el alma, por enseñarnos a cómo mirar al pobre, por enseñarnos que las personas tienen derecho a mentir, por enseñarnos a entender el significado de la compasión, por mostrarnos razones para amar Etiopía más de lo que ya hacíamos, por dejarnos una huella inextinguible y por transmitirnos tanto amor. Eskerrik asko bihotzez.


En caso de querer hacer una donación económica al proyecto de Angel Olaran, es posible hacer un ingreso en la siguiente cuenta Kutxabank con el concepto «huérfanos»:

ES62 2095  5041  15  1061674080

Código Swift: BASKES2BXXX

Actualmente la página web de Angel no está en funcionamiento y, de hecho, tenemos el placer de estar colaborando en el rediseño de la nueva web. Hasta entonces para cualquier pregunta se puede contactar con Angel en info@angelolaran.com.

5 comentarios
  1. Rosa
    Rosa Dice:

    Henard, precioso lo que cuentas. Nudo en la garganta.
    ¿Ahora estáis otra vez por allí?

    Muy bien rehacerles la web. Y en colaborar pidiendo aportaciones. Como testigos de su obra, sois los que podéis hacerles la mejor “publicidad “.

    Europa ha perdido una gran pareja.

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    • Henard
      Henard Dice:

      Gracias Rosa por tus comentarios tan bonitos! Ojalá estuviésemos de vuelta allí, pero no. Solo que hemos tardado un tiempo en publicar el post 🙂
      Te mantenemos informada de la nueva web para que le puedas echar un vistazo cuando esté lista. Un abrazo!

      Responder
  2. Jontxu
    Jontxu Dice:

    jando jadirka Henard, Dani…
    acabo de leer el articulo por fin…
    Daniel, en su habitación de 4 m cuadrados en medio de Wukro, tenia 18 años ( 2011), era huérfano, seropositivo y totalmente ciego. Vivía completamente sólo, con un bastón, un colchón, un montoncito de ropa en una esquina y un ordenador que le habla cuando teclea.
    Hoy, es licenciado en Derecho en la Universidad de Mekele, lidera la asociacion estudiantil de afectados por vih, ha sido el primero en su promoción y mejor expediente academico de Wukro. Además, desde su habitación, llegaba a la misión de Saint Mary sin caerse, de memoria.
    Ese es Abba Melaku.
    Eso es Etiopía.
    Gracias por entenderlo y por contarlo.
    Un día volvemos y os lo presento!
    muxu haundi bat bikote

    Responder

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