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La línea que separa Kenia de Etiopía no sólo traza una frontera, si no la preservación de un país cuya identidad y costumbres han permanecido inalterables durante siglos. Etiopía, antigua Abyssinia, es el único país africano que, pese haber sido ocupado, nunca ha sido colonizado. Un hecho diferencial en un continente demasiado marcado por la influencia de las antiguas potencias europeas. Sus tradiciones, gastronomía, cultura, lengua y facciones de sus gentes hacen de él un país singular en el cuerno de África.

Etiopía conserva su propio calendario y alfabeto, su cocina basada en teff (un cereal que prácticamente solo se cultiva entre sus fronteras) y sus danzas con movimientos de hombros únicos en el mundo. Tomar café en Etiopía es participar en una ceremonia en el que sirven café recién tostado y molido, envuelto por el aroma del incienso. Comer es todo un ritual, con su preciosa costumbre de compartir el plato de comida con cualquier persona que se les acerque, alimentando a amigos y conocidos acercando a su boca un puñado de comida del plato que comparten como signo de amistad y respeto. En definitiva, un país único con una de las identidades mejor conservadas de África.

Actualmente, el país se encuentra rodeado de zonas en conflicto, desde la complejidad de Somalia, a la inestabilidad de Sudán del Sur, la eterna guerra con Eritrea o la fragilidad de Yibuti. Además, son demasiado habituales los conflictos internos entre las principales etnias, Oromo, Amhara y Tigriña. Las políticas del país han provocado que en Etiopía haya más de 3 millones de desplazados por motivos étnicos, siendo una de las mayores crisis de desplazamiento interno del mundo. Tras varias décadas de gobierno de etnia Tigriña, el reciente cambio de gobierno encabezado por Abiy Ahmed Ali, actual premio nobel de la paz y de etnia Oromo, auguran nuevos retos en la política y gestión de los conflictos del país.

Un país de naciones

Que la región sur del país se llame “Región de las Naciones, Nacionalidades y Pueblos del Sur” (RNNPS) no es casualidad. El sur de Etiopía, en pleno valle del Rift, comprende una de las áreas con mayor diversidad de tribus del Este de África, muchas de las cuales conservan intactas sus tradiciones ancestrales.

La mayoría de estas tribus se encuentran repartidas en la región RNNPS, donde el 90% de sus habitantes vive en áreas rurales. Durante los días de mercado, las gentes de las tribus más aisladas se dejan ver en los pueblos con mayor comercio. Si bien muchos de ellos no hablan amárico, la lengua nacional de Etiopía, en las nuevas generaciones se puede apreciar un leve cambio y una mayor apertura hacia el cambio. La visita de miles de turistas al año y, sobretodo, las nuevas tecnologías, son los grandes vectores del inevitable cambio social de las tribus del sur.

Para visitar las tribus, existe un gran negocio alrededor del turista. Desde chóferes y coches para llegar a las zonas más inaccesibles, a guías, traductores y scouts para acompañarlos durante la visita en los poblados. Generalmente, se avisa a las tribus de la llegada de la orda de turistas y éstos se visten con sus mejores galas para atraer a las cámaras de los turistas. Cada foto tiene su precio según cuanta gente aparezca en la foto. Es en este momento en el que el turista decide quién merece salir en su reportaje y, por ende, recibir el aguinaldo como recompensa a su estrafalario atuendo. Para los menos afortunados, mañana podrán probar suerte con la nueva remesa de turistas.

Si bien no aprobamos el modelo de explotación turística de las tribus, es cierto que a la vez supone un soporte económico valioso para su gente. A pesar de que lo que cae en manos de la tribu sea la parte más pequeña del pastel.

Como contraparte, en el sur también hay formas alternativas de ver algunas de las tribus. Métodos menos invasivos, siendo siempre conscientes que el turismo es un elemento disruptivo en la vida de las tribus, en las que como visitante uno puede simplemente pasear por la aldea sin avisar previamente. Eso sí, realizando la correspondiente aportación al jefe de la tribu y confiando que el reparto se haga de la forma más democrática posible.

Harar, entre Etiopía y Somalia

Siendo un país de mayoría cristiana ortodoxa, en el este prevalece la influencia islámica proveniente de la península arábica. La cercanía al mar rojo y a Somalia otorga al este un aire musulmán que contrasta con el resto del país. Pasear por las calles de Harar es viajar al norte de África, a las medinas del Magreb atestadas de gente, comercio y olor a especias. Ciudad amurallada repleta de mezquitas en la que las llamadas al rezo son la sintonía entre idas y venidas de hombres con chilabas.

La otra cara de la moneda de la influencia de sus países vecinos es la adicción al «khat» (o qat) de la gran mayoría de jóvenes y hombres del pueblo. La planta de khat es una hierba que se masca y produce una sensación de euforia y estimulación. Tras mascarla durante varias horas el efecto es de evasión del tiempo y del espacio. Utilizada en el pasado por los campesinos para combatir el cansancio y el hambre durante las jornadas de labranza, actualmente se consume para ocupar las horas del día y evadirse de la realidad. Visto desde fuera, más que euforia, parece producir un adormecimiento de las neuronas, lo cual anula cualquier interacción posible con el consumidor de khat.

Uno camina por las calles de la parte antigua de la ciudad esquivando a personas que pasan sus horas acostadas en el suelo con la cabeza asentada sobre una de sus manos. Mascan khat mientras observan a los transeúntes embriagados por los efectos de la planta. Algunos sonríen y muestran su dentadura verde, uno de los signos más visibles del incesante consumo durante años.

El comercio del khat supone uno de los sustentos económicos de muchas familias, donde contrabandistas comercian con la planta aprovechando la cercanía a Somalia. El eterno conflicto somalí y la inexistencia de un gobierno sólido propician que los contrabandistas campen a sus anchas. Es de noche y esperamos al autobús que cruza la frontera entre el norte de Kenia y Etiopía, Amira, una joven de origen etíope y etnia Somali residente en Inglaterra, nos explica que el oficio de su tía consiste en introducir ilegalmente grandes cantidades de khad desde Etiopía a Kenia.

Otro legado de la influencia árabe es el comercio de camellos. En los mercados de ganado el camello es el gran protagonista, siendo su carne la más preciada por los etíopes del este. Los camellos invaden carreteras y caminos, devoran los tímidos matorrales que se adivinan entre la tierra árida y son uno de los medios de transporte de mercancías de larga distancia más económicos. Cuanto más al este, mayor número de camellos se encuentran.

De camino a la frontera con Somalia, enlatados en una vieja furgoneta, nos topamos con el campo de desplazados de Qoloji. Es el mayor asentamiento informal del país, con casi 80.000 personas viviendo en condiciones deplorables. Los habitantes de Qoloji son de la etnia Somali (provenientes del área geográfica ubicada entre las fronteras de Etiopía, Kenia, Somalia, Yemen y Yibuti) que vivían en la región Oromia y se vieron obligados a huir de sus tierras para salvar sus vidas de las amenazas de sus compatriotas Oromo. La situación de los habitantes del campo es crítica, con abundantes sequías, racionamientos extremos de agua y escasas esperanzas de regresar a sus tierras de origen.

Peregrinación a los orígenes

Lalibela es el lugar más sagrado para la población cristiana ortodoxa etíope. Sus características iglesias excavadas y talladas en la roca son su mayor signo de identidad, convirtiendo a la ciudad en el principal destino turístico del país. Este hecho contrasta enormemente con la precariedad de infraestructuras para acceder a la ciudad, con carreteras sin asfaltar durante las últimas horas de viaje, es un destino en el que la inversión de infraestructuras parece haberse centrado en la construcción del aeropuerto, utilizado en su mayoría por turistas y las clases altas.

El 7 de enero se celebra la navidad etíope (Gena), una de las fechas más señaladas en la iglesia ortodoxa etíope. La navidad reúne a miles de peregrinos procedentes de todos los rincones del país. La convicción y devoción de muchos etíopes, son el motor de su peregrinaje durante largas jornadas hasta la llegada a su destino. Días e incluso semanas durante las que dependen de la hospitalidad de la gente que encuentran en su camino, proporcionándoles comida y un lugar donde pasar la noche. Su equipaje es ligero, un par de viejas chanclas, unas telas blancas alrededor del cuerpo y un palo a hombros de donde cuelgan su portainjeras, el equivalente a nuestra fiambrera.

Las calles de la ciudad se colman de peregrinos que forman campamentos improvisados en los alrededores de las iglesias. Lonas impermeables de color azul cubren el suelo del campamento, escasos centímetros separan a los peregrinos que descansan bajo un sol abrasador. Prácticamente todos ellos duermen a la intemperie, cubiertos con mantas y con suerte alguna lona impermeable y a primera hora de la mañana forman colas interminables para llenar sus botellas y bidones de agua para beber, cocinar y lavarse. El fervor se respira en el ambiente, la imagen de la ciudad y sus peregrinos parece salida de un libro de historia de los tiempos de Jesucristo.

Impregnados por la devoción, es inevitable contagiarse de la espiritualidad y bondad tanto de peregrinos como de la gente local. Son precisamente éstos últimos quienes se organizan durante días para ofrecer comida y lavar los pies a los recién llegados, un acto de respeto y solidaridad frente al pobre.

Durante los 40 días de ayuno que preceden a la navidad, los vecinos de Lalibela reúnen fondos para comprar 2 vacas. En la víspera de navidad, docenas de personas hacen turnos de forma altruista para cocinar durante toda la noche sopas de carne que repartirán entre los pobres y peregrinos como fin del ayuno.

Etiopía es un país único que, pese a las dificultades a las que debe enfrentarse a diario, siempre nos ha mostrado su cara más amable. Con Etiopía cerramos una etapa del viaje, la de nuestros pasos por África del Este. Dejamos África con la convicción de que nos volveremos a encontrar, con la sensación de que dejamos un pedazo nuestro en ella y con la satisfacción de que nos llevamos su fuerza, su alegría y la dignidad de un pueblo que lucha incesante contra las adversidades.

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17 comentarios
    • Dani
      Dani Dice:

      A ver si tardamos menos en escribir el próximo! Esque Etiopía ha sido tan intensa que no nos ha dejado espacio para actualizar el blog! Un beso

      Responder
  1. Vicente
    Vicente Dice:

    Fantástico artículo .. Parece que estamos con vosotros recorriendo los lugares que visitáis. Repito, fantástico!!!

    Os estáis acomodando.. Jeje
    Más relatos.. más relatos.
    No tardéis tanto.

    Responder
  2. Antonia
    Antonia Dice:

    Como siempre, feliz de volver a leeros, de seguir viajando con vosotros y de sentir todo lo que tan maravillosamente describís en este post.
    Seguid escribiendo…

    Responder
  3. Casero
    Casero Dice:

    Qué buen artículo, podría venir en cualquier guía. ¿Etiopía es un primer buen destino para adentrarse en el África no cercana?

    Os lo pide todo el mundo, coleguis, tenéis que escribir más. Más artículos como este, pero también más de vivencia, de viaje, de aventuras que os pasan en cada paso que dais

    Os mando un abrazo muy fuerte, nos cruzamos unos audiítos!

    Responder
    • Dani
      Dani Dice:

      Gracias! Pues Etiopía es sin duda uno de los paises más especiales de África del Este, pero también es complejo. Adentrarse en África por primera vez desde Etiopía es sumergirse en un mundo totalmente distinto y de costumbres únicas. Pero también es ver de cerca la miseria, la desigualdad y la precariedad de la falta de un sistema de salud digno. El sistema de transporte público etíope es duro, no sólo por la falta de horarios y comodidades, si no porque es un escaparate de las miserias de una parte significativa de la población. Decenas de invidentes, niños vestidos con harapos, personas con diversidad funcional y en definitiva, pobres, evidencian la otra realidad del país y hacen tomar consciencia al viajero de la suerte que ha tenido de nacer en la parte del mundo fácil. Eso también es Etiopía, y eso también es África. Quizás en otros países el viajero puede escapar más fácilmente de esas escenas, en Etiopía no es tan fácil.

      Con eso no pretendo desanimar a elegir Etiopía como primer destino, nosotros así lo hicimos en 2016 y desde entonces estamos enamorados de ella.

      Así que respondiendo a tu pregunta, sí, elige Etiopía y así nos tomamos unas birras y te contamos todo lo que necesitas saber! 🙂

      Un abrazo!

      Un abrazo!

      Responder
  4. Rosa
    Rosa Dice:

    1) Mira que dejar África!
    2) Qué lacra lo de la droga es.
    3) Ojalá en los poblados se espabilaran y cobraran por las visitas a las agencias.
    4) Peregrinación: Me da la sensación de que en países menos desarrollados económicamente el aspecto espiritual del ser humano está más desarrollado. Ya nos contaréis tras vuestras próximas experiencias, espero.
    Como siempre, disfrutando de vuestros posts.

    Responder
    • Dani
      Dani Dice:

      Gracias por tu comentario Rosa!

      1) Ya… No llevamos ni un mes fuera que ya estamos pensando en cuando volver… A África claro. 😉

      2) Totalmente, es un patrón común en entornos en los que la violencia e inseguridad están más presentes. Y ojo, que ahí también entra el alcohol pese a que socialmente no se vea como tal…

      3) Ojalá, aunque es difícil teniendo en cuenta el actual nivel educativo de las tribus. Poco a poco…

      4) Yo creo que es por un tema de necesidad. En Etiopía (y podríamos extenderlo a muchos países del África subsahariana) hay una parte significativa de la población que no tiene nada, y mucha gente no tiene a nadie. Imagino que el creer en algo y sentir que almenos hay «algo» que está a tu lado es un mecanismo de la mente para seguir adelante y aprender a aceptar las dificultades de la vida. En las grandes ciudades, la gente de clases medias-altas están mucho más desconectados espiritualmente.

      Un beso!

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