Mombasa Old Town Football
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Habibi, yalla yalla!

Son las 6 de la mañana y en las calles de la ciudad vieja de Mombasa corretean varios niños en dirección al océano. Acaban de salir de la mezquita. Grupos de hombres y jóvenes no pierden tiempo para tomar su baño matinal, la marea es perfecta y no hay mejor forma de empezar el día que con un poco de ejercicio.

Minutos antes, nos habíamos despertado con la primera llamada al rezo de las mezquitas. La llamada que indica que el sol asoma por horizonte. Hoy es viernes, y desde primera hora las calles se tiñen del blanco de las chilabas, se impregnan en aroma de café intenso y de chapati (tortas de harina) recién hecho.

La ciudad vieja de Mombasa es un pequeño oasis árabe rodeado por una urbe que nunca descansa. Alejada del bullicio de matatus, coches y motos que invaden frenéticamente cada rincón de Mombasa, la ciudad vieja todavía conserva esa esencia local, en la que uno de los principales pilares de su existencia y preservación es el sentimiento de comunidad y respeto de sus habitantes.

La Old Town es un lugar en el que al transeúnte que está de paso no suscitará mayor atracción que la de pasear por los restos de una ciudad que alguna vez fue algo. Sin embargo, aquél que tenga la oportunidad de vivir en ella, por breve que sea, quedará embriagado tanto por la historia de sus calles como por la hospitalidad de su gente.

La salida del sol desde la Old Town de Mombasa es marca el primero de los rezos del día para la comunidad islámica local

Una ciudad aislada

Mombasa es la segunda ciudad más grande de Kenia, después de su capital, Nairobi. Además, tiene el mayor puerto de África oriental. Los cimientos de la ciudad se construyeron en una isla interior de la costa keniata en la que sus aguas profundas otorgaron una ventaja competitiva respecto el resto de puntos de la costa oriental africana. Durante siglos fue un enclave disputado por árabes, portugueses, suajilis e ingleses. Entre todos ellos, los que dejaron un mayor legado en la ciudad antigua fueron sin duda los árabes. Todavía se puede pasear por sus angostas calles repletas de edificios balconados, mezquitas y madrasas (escuelas donde se estudia el Corán).

Son tan solo 3 las vías de acceso a la isla de Mombasa, a través un puente, un dique o un ferry. Esos tres puntos de acceso se convierten en ríos de coches y gentes en las horas punta. Por la mañana, infinidad de personas se adentran a la isla para trabajar en las oficinas de bancos o empresas (los que menos), o para vender sus productos, tanto en comercios formales (tiendas) como en informales (venta ambulante o en puestos de calle). Ese flujo de gente entrando a primera hora de la mañana y saliendo a última de la tarde, transforman la cuidad en un atasco interminable en el que los ruidos de motor y cláxones se hacen fuertes en cada rincón de la cuidad. En todos salvo en el corazón del Old Town, en el que sus estrechas callejuelas sólo permiten el paso a un puñado de motos y Tuk-Tuks.

Los Tuk-Tuk de la Old Town son una pieza imprescindible para el transporte de personas y mercancías

Caminar por la Old Town es viajar al pasado, en tiempos en los que una amalgama de culturas de distinta procedencia inundaba la ciudad. Conviven en ella árabes, suajilis e indios, la mayoría de ellos musulmanes, y esa mezcla de orígenes se hace presente no solo en su gente sino en su gastronomía. En las calles más concurridas uno puede disfrutar de un Pilau o Biriani (típicos platos suajilis) con toques de curry indio mientras degusta un té de especias árabe. Es tal la influencia arábiga, que en varios restaurantes locales sirven Pilau (arroz con especias) con carne de camello.

Uno de los desayunos típicos de la costa es café o chai y Mahamri con alubias cocinadas con coco

La hora del café

Cada día, cuando el sol se encuentra sobre la mitad occidental de la ciudad y la sombra da tregua al sofocante calor, Mohammed y sus ayudantes preparan el puesto de café y té a escasos metros de Fort Jesus, el fuerte que los portugueses construyeron hace más de 400 años y que sigue en pie.

Mohammed lleva sirviendo café y té a sus vecinos 42 años. Ubicado a los pies de la casa de Sir Mbarak Hinawyrd, un reputado omaní que cedió parte del patio de su palacete para uso público, cada tarde sobre las 15h prepara el mejor café de la ciudad. No es sólo un puesto de café, es uno de los ejes centrales de la vida de muchos hombres de la zona. Durante nuestros días en la ciudad, no faltamos ni un solo día a nuestra cita con el café, como tampoco faltó ninguno de sus asistentes habituales.

Mohammed lleva 42 años sirviendo el mejor café del este de África

Las conversaciones en suajili con toques árabes que tenían esos hombres indicaban que ese lugar era el centro social más codiciado de Mombasa. Todo lo que pasaba en la Old Town se comentaba allí, noticias de Kenia, del tiempo, de la festividad por el aniversario del nacimiento de El Profeta que sucedería en unos días…

El ritual siempre era el mismo, cuando uno llega al puesto del café debe dar la mano a todos los que se encuentran alrededor de la palmera que custodia el lugar. Nos tomó un par de días identificar que algunos de los hombres nunca daban la mano a Henard, preguntamos a Mussa el porqué, y nos dijo que era porque unos eran chiitas bohra y otros sunitas. La siguiente pregunta fue, «Y quiénes son los que no le pueden dar la mano?», a lo que nos contestó, «Eso no importa, todos somos iguales, lo de chiitas y sunitas son tonterías políticas… Todos somos iguales». Y muy disimuladamente, miro al infinito y empezó a hablar del tiempo.

Nada mejor que un buen café para disfrutar de las historias de nuestros compañeros de tarde

En una cosa sí tenía razón Mussa, y es que, desde el primer momento, nos trataron como unos más. Formamos parte de su comunidad, cada tarde llegaba un hombre mofletudo, con una sonrisa perenne y barriga de buen vivir, cargado con una bolsa llena de Mitais (bollitos dulces). Ofrecía sus dulces a todo el mundo, un regalo para la comunidad, y a nosotros nos hacían sentir, aunque fuera por unos días, parte de ella. Nunca nos aceptó ni un solo chelín a cambio.

Desde hace unos años, varios jóvenes se encargan de preparar y servir el té y café, bajo la mirada cómplice de Mohammed

Indios Bohra en el Este de África

En la Old Town conviven comercios de todo tipo. En una de las calles principales encontramos una pequeña tienda en la que nos recibe un hombre con rasgos indios tras el mostrador. La tienda está repleta de grandes cubos con todo tipo de patatas y cereales fritos, dulces a base de leche y pastelitos dulcísimos. Kutub Mithai es un negocio familiar que lleva décadas en la Old Town y que te transporta al corazón de India nada más entrar. Pese a que su hijo Juzer ha nacido en Mombasa, sorprende la pasión con la que habla de los productos familiares y de su ascendencia india.

Los indios no llegaron a esta parte de África por casualidad. Durante finales del siglo XIX, los ingleses quisieron unir la costa de Kenia con el lago Victoria, en el extremo occidental del país, con una línea de ferrocarril conocida popularmente como “el tren lunático”. Los británicos prefirieron usar a miles de indios de las castas inferiores en lugar de emplear a africanos locales, aduciendo que estos últimos eran vagos y menos disciplinados. Durante 5 años, los indios expatriados trabajaron sin descanso hasta que finalizaron los casi 1000km de vías férreas del proyecto. Más de un siglo después, la línea sigue en funcionamiento, pese a que los convoyes y las vías fueron recientemente reacondicionadas por el país que lidera (de largo) el desarrollo de las infraestructuras africanas en el siglo XXI, China.

Muchos de los indios que sobrevivieron a las pésimas condiciones de trabajo permanecieron en el país, principalmente en Nairobi y, en menor número, en Mombasa. La comunidad india keniata se caracteriza por su espíritu emprendedor y sobretodo, por su hospitalidad y generosidad con las comunidades más desfavorecidas, niños huérfanos, discapacitados y familias pobres.

Juzer y su padre preparan los pedidos en su pequeña tienda de la Old Town

Pasamos cada tarde por la tienda, probando las docenas de variedades de productos que tienen. Hablamos sobre la India y nos invitan a dar el salto a Asia y conocerla. Al rato de estar hablando suena la llamada al rezo. Nos explican que ellos son musulmanes Bohra, una secta de la rama chiita del islam. Pertenecer a una pequeña comunidad que, entre otros aspectos, se caracterizan por su interés a estudiar y en el uso de nuevas tecnologías. Tanto es así, que son de las pocas tiendas en Old Town (quizás la única) con una sofisticada tienda online, con reparto a domicilio en casi toda la ciudad. Nada hacía presagiar que lo que parecía una tiendita familiar local, sería en realidad un negocio cuyo volumen de venta online superaba al de la tienda física. Otro ejemplo más de la capacidad emprendedora de una comunidad que no ha parado de reinventarse desde su llegada hace más de cuatro generaciones.

Atardece en Fort Jesus

El sol está sobre la línea del horizonte, es ahora cuando se hace posible pasear de nuevo por las calles de la ciudad vieja. A escasos metros de Fort Jesus, encontramos el Swahili Pot, un espacio para jóvenes y start-ups en el que trabajar y compartir ideas.

El proyecto nació a partir de una iniciativa privada, en la que los miembros se benefician de las infraestructuras y actividades promovidas desde el Swahili Pot. Es un espacio seguro y agradable en el que desarrollar ideas de negocio, con salas de estudio, galerías para artistas, espacios comunes abiertos… Es un pequeño oasis de paz en medio de una ciudad bulliciosa.

Iniciativas como esa demuestran que Kenya, al igual que muchos otros países africanos, está haciendo grandes avances para mejorar la calidad de los estudios y las oportunidades de los jóvenes emprendedores del país.

Unos metros más abajo, justo a los pies del fuerte, otros jóvenes aprovechan los últimos minutos de luz del día para jugar a fútbol en uno de los campos de fútbol más espectaculares de la ciudad. Tener el privilegio de jugar ante un fuerte de más de 400 años de historia sólo está al alcance de unos pocos.

Niños juegan a fútbol en Fort Jesus, el punto más emblemático de la ciudad

Anochece en la Old Town

La ciudad vieja de Mombasa es tan ajetreada durante el día como silenciosa y solitaria por la noche. Un día más, muchos de sus tenderos y visitantes saldrán de sus calles poco después de la llamada a la oración del Isha (el último rezo del día).

La esencia de sus siglos de historia sigue viva en Mombasa, incluso por la noche, pese al contraste de las nuevas edificaciones de Nyali, el barrio de moda al otro lado de la ría, la silueta de la ciudad vieja recuerda que sigue conservando esa atmósfera árabe y suajili que durante tantos siglos ha atraído a viajeros y comerciantes.

Los minaretes de las mezquitas son la seña de identidad de la línea de edificios de la Old Town

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7 comentarios
  1. Paqui
    Paqui Dice:

    Me encanta cómo describís cada rincón y su gente porque hacéis que nos traslademos allí.
    Éste sí es un viaje de lujo, digan lo que digan.
    Qué bien saber que allí, a los de fuera, les ofrecen tortitas a cambio de nada y les hacen sentir como en casa. Cuánto por aprender en estos lares…
    Un abrazo fuerte!

    Responder
  2. Rosa
    Rosa Dice:

    1) Todo muy idílico, excepto que algunos no quisieran sar la mano a Henard. ¿Cómo se lo tomó?
    2) Cuidado con la insinuación de iros a la India, que igual empiezan a haber nervios por Vitoria y Mataró: “Pero qué traman ahora estos chicos”.
    3) Qué interesante lo del Swahilly Pot. Gustaría saber cuánta emprendeduría y de qué tipo se genera.
    4) Tienen razón en los comentarios previos, leyéndoos le parece a uno que esté viviendo el ambiente de la ciudad. Gracias por compartir vuestra aventura.

    Responder
    • Dani
      Dani Dice:

      Hola Rosa! Respondo tarde pero vamos allá…

      1) A banda de si se lo tomaba bien o mal, lo que quizás más le «molestaba» era el estar siempre a la expectativa de si podía o no estrechar la mano a alguien.

      2) Pues la insinuación se ha cumplido y aquí nos tienes, en el sur de la India. Tras casi 3 semanas todavía estamos en periodo de adaptación del cambio radical entre viajar por el este de África e India.

      3) En general hay una parte de la población keniata bastante emprendedora. Hemos conocido a mucha gente con ideas y con ganas de hacer cosas de cierta innovación en el marco keniata. El problema viene en que hay muy poco apoyo por parte del gobierno e instituciones para que puedan desarrollar esas ideas y crear negocio.

      4) Gracias! Aunque somos conscientes de que últimamente estamos un poco desconectados…

      Responder
  3. Antonia
    Antonia Dice:

    Como echaba de menos vuestros posts !! Voy leyendo y siento como si yo misma estuviera viviendo vuestras experiencias. Me encanta como describís esos lugares que están tan lejos pero que sois capaces de acercarlos tanto a los que estamos en otro continente…
    Os quiero
    Sed felices!!!

    Responder

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