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Entramos a Malawi desde el suroeste, a través de la frontera con Zambia. Los últimos kilómetros en tierra zambiana discurren en una carretera de escasa vegetación y poco después de cruzar la frontera empezamos a sentir como inmensos bosques de color verde intenso envuelven el minibús.

Malawi está bañado por el lago homónimo en prácticamente todo su extremo oriental, mientras que la mitad occidental y las tierras del sur están cubiertas por tierras fértiles y montañas rebosantes de vida. Esas condiciones lo situaron como uno de los destinos preferidos entre los exploradores de mediados del siglo XIX.

Esos mismos exploradores, financiados y amparados por gobiernos europeos, recorrieron el país analizando los recursos naturales del mismo y, entre tanto, estableciendo misiones desde las que evangelizar a las culturas locales. Todavía quedan vestigios de esos tiempos en un país en el que cada escasos kilómetros uno se topa con una pequeña aldea construida alrededor de una misión. Es sorprendente ver como la presencia de esas misiones sigue vigente y actualmente convierten a Malawi en uno de los destinos más populares entre los voluntarios.

Durante nuestro paso por el país, nos aproximamos a algunos proyectos de voluntariado, a lugares turísticos y a zonas de cultivo explotadas por grandes corporaciones extranjeras. Intentando comprender el porqué pese a ser un país con tantos recursos naturales, tan alta presencia de capital extranjero y con una situación de estabilidad política prolongada durante décadas, sigue siendo el cuarto país más pobre del mundo.

El lago Malawi es fuente de vida y recursos naturales para malauíes, tanzanos y mozambiqueños

Recursos naturales

Una de las ventajas de desplazarse por el país en transporte público es que, debido a su lentitud y multitud de paradas en el camino, uno puede aprovechar para admirar los paisajes y observar cómo transcurre el día a día de sus habitantes.

Durante nuestros trayectos a lo largo y ancho del país vemos infinidad de plantaciones, grandes extensiones de cultivos que se han apoderado de gran parte del territorio. Malawi vive principalmente de exportar tabaco, un producto que además requiere de grandes cantidades de madera para su secado. Esto conlleva que Malawi esté sufriendo desde hace décadas los estragos de la deforestación debida a la agricultura. Si a ello le sumamos que su segundo producto de exportación es el té, con necesidades madereras similares al tabaco, no es difícil advertir que su economía tiene una dependencia directa con el uso y devastación de sus recursos naturales.

Visitamos la región sur del país, donde se concentra la mayor parte de las plantaciones de té. Si uno observa el paisaje sin cuestionarse cómo es la vida de los agricultores de la zona, queda totalmente fascinado por el contraste de las plantaciones de verde intenso a los pies de la cordillera de Mulanje. La estampa es imponente, repleta de actividad por dondequiera que uno mire o camine. Mujeres cargando troncos de madera sobre sus cabezas, agricultores con sacos a la espalda recogiendo hojas de té, camionetas transportando las cosechas, niños jugando cerca de las plantaciones y decenas de personas caminando de un lado para otro. En la lejanía, contrastan las enormes fábricas de procesado de té, en su mayoría de capital inglés, sudafricano e indio, los principales beneficiados del negocio del té.

Mujer caminando entre plantaciones de té

La vida de la gente local depende absolutamente del té, es lo primero que ven al despertarse, a lo que dedican la mayor parte de sus días y el producto que está transformando su entorno. El gobierno de Malawi, en aras de frenar la deforestación de la zona, ha establecido distintas medidas de preservación de sus bosques. Ha prohibido la venta y uso de carbón vegetal y está promoviendo la plantación de pino y cedro en las montañas cercanas a Mulanje. A pesar de ello, dichas políticas no han venido acompañadas de alternativas o soluciones para la gente local. Con una jornada de 48h semanales y un salario inferior a 50€ mensuales, no tienen otra alternativa que la de perpetuar la tala ilegal y el uso de carbón vegetal para seguir con sus tareas diarias. En una zona en la que no hay canalización de gas y los precios de combustibles son inalcanzables para la mayor parte de la población, el único recurso que tienen para cocinar y calentar sus casas es la madera. Las políticas promulgadas sin tener en cuenta la realidad local sin estériles, una simple arma de propaganda electoral para que los ojos de la comunidad internacional miren hacia otro lado.

El negocio del voluntariado

Los antiguos exploradores del África subsahariana no dedicaron sus días únicamente a la búsqueda de nuevas tierras y recursos para sus estados, algunos también aprovecharon su estancia para construir misiones evangelizadoras. El objetivo de las misiones era predicar la palabra de Dios entre las comunidades locales a cambio de ofrecer ciertas mejoras venidas de occidente, principalmente comida, salud o educación. Un modelo presente no sólo en los países subsaharianos, si no en gran parte de los países en vías de desarrollo. Muchas de esas misiones no sólo siguen en pie en la actualidad, si no que suponen un eje central en muchos núcleos a lo largo y ancho del país.

A lo largo de las carreteras malauíes no dejan de verse carteles con indicaciones a las misiones de la zona

La mayoría de extranjeros que nos cruzamos durante nuestra estancia en Malawi están vinculados de alguna forma con alguna misión o proyecto de voluntariado. Nos sorprende ver cómo un país que no ha sufrido ninguna guerra desde su escisión de Gran Bretaña en 1964 siga siendo uno de los países más pobres de África y por ende, objetivo de un gran número de proyectos de desarrollo. A Malawi la denominan “The warm heart of Africa” (El corazón cálido de África), tierra de gentes pacíficas y hospitalarias, lo cual atrae cada vez a un mayor número de voluntarios.

En las zonas turísticas, algunos alojamientos (principalmente backpackers) invierten parte de sus beneficios en la comunidad local. No es extraño ver alojamientos que ofrecen su “Volunteering pack” en el que el voluntario paga al alojamiento por participar en proyectos locales durante entre 2 y 4 semanas.

«Los voluntarios pagan mucho dinero por participar en el proyecto, no sé dónde va ese dinero. Ellos vienen, hacen unas clases en inglés a los niños, y se van. Quizás deberían enseñar a los profesores para que ellos sean capaces de dar una educación en inglés por sí solos.», comenta una madre del barrio sur de Nkhata Bay.


El problema de la sostenibilidad de los proyectos es la piedra en el zapato de muchas ONGs. El planteamiento de proyectos desde occidente sin conocer la realidad local y la necesidad de ofrecer voluntariados vacacionales como financiación del proyecto conlleva que los proyectos se perpetúen en el tiempo, con un impacto local inversamente proporcional al impacto que tiene en las redes sociales.

Evidentemente, hay muchos proyectos exitosos tanto en Malawi como en el resto de países subsaharianos, sin embargo, sorprende ver como siguen existiendo misiones lideradas por occidentales desde hace décadas. ¿Cómo es posible que no se haya podido hacer un traspaso local, a gente debidamente formada durante años, para que las comunidades puedan seguir a delante sin depender de occidente? Quizás la respuesta está en los intereses económicos que se esconden tras la ayuda al desarrollo.

En cualquier caso, hemos conocido proyectos diseñados desde una base local, como el UNU House, en Nkhata Bay. Proyecto iniciado por Anton, Annetta y Nicole, 3 alemanes que construyeron un espacio de no-violencia en el que los niños del barrio pudieran compartir un espacio de juego, música, teatro y deporte. Desde el inicio involucraron a Martha, una mujer de Malawi con experiencia en las necesidades de la comunidad local, a la que traspasaron la totalidad de la gestión del proyecto. Actualmente es un caso de éxito en el barrio.

Turismo como alternativa a la precariedad

En Malawi las zonas turísticas están muy repartidas por toda su geografía. Principalmente ubicadas alrededor del lago como lugares idílicos para hacer actividades acuáticas, el país posee dos parques nacionales en los que hacer safaris, así como zonas rurales de gran atractivo para los amantes de la montaña.

En el sur visitamos la cordillera de Mulanje, una reserva natural en la que los precios de acceso y pernoctación son ridículamente bajos. La entrada al parque (con derecho a estar tantos días seguidos como uno desee) es de 1,17 € por persona. Pernoctar en cualquiera de sus refugios públicos también cuesta 1,17 € por persona y noche, con derecho a agua, leña para cocinar e incluso utensilios de cocina. Esos precios tan bajos son el reflejo de la precariedad en la que viven los guardabosques y el personal de los refugios. El papel del turismo en estas zonas debería ser el de dignificar la vida de las personas que están al servicio del mismo, y con esos precios es evidente que es imposible.

Chambe Hut, una de los 9 refugios públicos de la reserva natural Mulanje Mt.

El acceso al parque se puede hacer sin guía, pese a que es altamente recomendable ir con uno si se quiere hacer alguna cima. Los guías no sólo conducen al turista a la cima, sino que también pueden portar su equipaje. Los guías sí que están mejor pagados, aunque como todo en África, su salario va a depender de la habilidad de regateo del turista y, sobretodo, del éxito que haya tenido en las semanas anteriores. El hambre es muy mal amigo de los sueldos dignos.

En uno de los refugios coincidimos con Chris, un inglés que lleva 15 años visitando la reserva. En esta ocasión, lo hace no sólo por el placer de caminar entre sus montañas, si no para llevar a cabo un análisis del turismo en la zona con el fin de democratizar los precios y poder potenciar un turismo de calidad en la región. Eso es solo la punta de lanza para que la gente local disponga de alternativas al sector primario.

Sin embargo, todavía queda mucho por hacer. Todos los guías, guardas forestales y transportistas de la zona de Mulanje son hombres. Es imprescindible involucrar a las mujeres en tareas históricamente de hombres, como guías de montaña, conduciendo vehículos o navegando embarcaciones. En el parque nacional Chobe, en el norte de Botswana, hace años que se inició un proyecto para incluir a las mujeres en el sector turístico. Estas iniciativas no solo permiten a las mujeres ser más independientes, sino que garantizan la calidad del turismo en la zona. Es nuestra responsabilidad como turistas tomar partido, apostando por un turismo en el que las condiciones de la gente que está a su servicio sean tan atractivas como nuestras anécdotas de viajes.


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6 comentarios
  1. Paqui
    Paqui Dice:

    Echamos de menos vuestros post cuando vuestro camino os obliga a retrasarlos! Pero vale la pena 🙂
    «El hambre es mal amigo de los sueldos dignos»! Qué verdad! En cualquier parte del mundo desarrollado o en vías de desarrollo es así. Y duele el alma cuando lo piensas detenidamente, hambre!!!… pero a los pocos minutos volvemos a nuestro día a día y a nuestra materialista vida y hasta parece que se nos olvida.

    Nunca me había fijado en Malawi… quizás nunca me había fijado en África. Gracias por hacérmelo mirar.
    Un besazo.

    Responder
  2. Rosa
    Rosa Dice:

    Una pieza más en el rompecabezas del análisis de la pobreza del continente. Espero que, cuando finalicéis el periplo (palabro dedicado a Henard), podáis brindarnos una visión global de las causas. Me gustaría saber si creéis que la regeneración es posible.

    Muy de acuerdo con vosotros en la responsabilidad del turista de pagar bien los servicios que se le ofrecen.
    Interesantísimo post, como siempre. Aprovechad, que el tiempo pasa volando.

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    • Dani
      Dani Dice:

      Hola Rosa, gracias por tu comentario.

      Yo creo (o confío) en que sí es posible una regeneración, África lo tiene todo para salir adelante. La cuestión aquí es a qué precio y cuánto tiempo le va a llevar. Hay demasiados intereses económicos sobre el continente, tanto por parte de las antiguas colonias como por otras potencias como Estados Unidos o China, y esa pobreza supone una ventaja para ellos.

      Haremos todo lo posible por identificar las causas, y a la vuelta las comentamos alrededor de un café.

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  3. Rafel
    Rafel Dice:

    Fantàstic post, xics.
    Aporteu els detalls necessaris per entendre millor, la realitat d’Àfrica.
    Una abraçada a tots dos.

    Responder

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