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Asomados por la ventana del tren en el que viajamos, contemplamos el paisaje y buscamos los grandes cultivos de un país que se posicionó como uno de los mayores exportadores del sur de África en los años 90. Curiosamente, nunca llegamos a divisar las plantaciones desde la pequeña ventana de nuestro compartimento. 

Rondaba el año 2000 cuando el gobierno de Zimbabue, en el poder desde que en 1980 el país logró la independencia de la colonia británica hasta su derrocamiento 37 años después, lanzó una reforma agraria que permitió revalidar su victoria. La reforma consistiría en expropiar las tierras de cultivo sin obligación de indemnizar a sus dueños, en su mayoría blancos zimbabuenses, que llegaron de la mano de la época colonial y no abandonaron el país tras la independencia.

Por aquel entonces, Zimbabue había intentado retener a los granjeros blancos de origen británico, principalmente por su conocimiento agrícola y sus maquinarias. Este hecho diferencial le permitió obtener una producción agrícola relevante y lo hizo situarse como unos de los mayores exportadores de cereales y tabaco del sur de África, con una alta tasa de alfabetización del país que alcanzaba el 83%. El denominado granero del sur de África marchaba a la perfección.

Esa riqueza no era gratuita, ya que los jornaleros eran sometidos a largas jornadas de trabajo a cambio de salarios irrisorios, mientras los blancos zimbabuenses seguían sumando hectáreas y producción en sus granjas.  No obstante, algunos de los granjeros blancos promocionaron de forma particular la alfabetización de sus empleados.

La reforma agraria entró en vigor de la noche a la mañana, los granjeros británicos debían abandonar los cultivos, maquinarias, ganado, granjas y marchar con lo puesto. En cuestión de horas, sus trabajadores se habían convertido en los guardias que vigilarían que el abandono de los británicos se realizaba ordenadamente. A ninguno de ellos se le pasaría por alto ningún movimiento inoportuno por parte de los granjeros para intentar escapar con sus bienes. 

En poco tiempo los hasta entonces terratenientes, se tuvieron que hacer con una inventiva y originalidad sinigual con el fin de poder escapar con sus bienes.

Mis amigos me invitaban a celebrar mi supuesto cumpleaños en sus granjas. Tras celebrar y comer durante horas, abandonaba la granja cargada de regalos de cumpleaños. Era su táctica para poder sacar de sus casas sus preciados bienes y venderlos antes de abandonar el país.

Los antiguos jornaleros se habían hecho con las granjas según mandaba el gobierno, pero la ausencia de energía, agua corriente y conocimiento para volver a ponerla en marcha hizo que muchas de ellas quedasen en desuso. Fue así como la producción agrícola descendió en picado.  

Tras años de supeditación a la colonia, decisiones políticas provocaron que el pueblo zimbabuense sufriese de nuevo, esta vez con una economía que se había derrumbado, y el que fue el granero del sur de África, ya no era capaz de garantizar su autosuficiencia.

Hoy, 19 años después de los sucesos, y 10 años después de la última crisis, el país se vuelve a enfrentar a una nueva inestabilidad económica.

6 comentarios
  1. Vicente
    Vicente Dice:

    Como se repite la historia en la mayoría de los países africanos. Cuando tienen la posibilidad de llevar las riendas del país se va al traste. Occidente tiene mucha culpa, pero que mala suerte tienen con sus políticos!!

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    • Henard
      Henard Dice:

      La corrupción que inunda muchos de los países es una lacra que no deja de poner trabas para permitir el desarrollo en muchos casos, pero como dices, no olvidemos el poder que las grandes potencias económicas ejercen sobre el continente.

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  2. Joaquim Boj
    Joaquim Boj Dice:

    La maravillosa África con su enemigo más peligroso, los mismos africanos. Un fuerte abrazo y mucha suerte en vuestro camino para conocer al ser humano.

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    • Henard
      Henard Dice:

      Gracias por tu comentario Joaquim.

      El cantante marfileño Alpha Blondy ya lo canta en les imbéciles, «les ennemies de l’Afrique ce sont les Africains». Pero, claro, no es su único enemigo.

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