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Nos encontramos bajo el edificio residencial más alto de África, 54 plantas de apartamentos en perpetua metamorfosis en el corazón de Johannesburgo. Construido como icónico edificio residencial de lujo durante el apartheid, pasaría poco después a convertirse en hogar para gánsteres, prostitución y tráfico de drogas, para acabar siendo actualmente el verdadero hogar de familias del Congo, Zimbabue, y el propio Sudáfrica.

Ponte, hoy

Sus 484 apartamentos, peluquería, lavandería, restaurante take away, supermercado e internet-café, hacen que Ponte sea una pequeña ciudad contenida dentro de la ciudad de Johannesburgo. “Uno tiene todo lo que necesita dentro de Ponte”, exclama Gill, uno de los chicos que trabaja como guía para la ONG Dlala Nje cuyo objetivo es desafiar percepciones y crear oportunidades, y nos acompaña en la visita a Ponte. Dlala Nje organiza inmersiones en la ciudad y experiencias en los barrios más incomprendidos. Con mucho esfuerzo han podido crear un centro comunitario en la planta baja de Ponte y poder así ofrecer un entorno seguro de aprendizaje para los niños y jóvenes.

Un grupo de niñas juega en uno de los pasillos de Ponte

Ponte ha sido, desde que abrió sus puertas en 1975, un nítido reflejo de lo que sucedía en la ciudad de J’burg (Johannesburgo entre los locales). Nos adentramos en Ponte para descubrirlo.

Atravesamos las puertas giratorias de hierro que hacen de entrada y salida del edificio con tecnología biométrica de huella dactilar. Las puertas giran ininterrumpidamente; familias que vuelven a casa con la compra, jóvenes que se saludan efusivamente mientras abandonan el edificio, y el bebé que llora a la espalda de su madre. En el ascensor que nos lleva a la planta 51, una chica mira el móvil mientras levanta la mirada y nos explica que está cansada, que hoy ha dormido poco.

Los 8 ascensores que llegan a las 54 plantas de Ponte

Ponte, ayer

Construido durante el apartheid como edificio residencial de lujo, Ponte se proyectó como icono de las clases altas de raza blanca en los barrios de Berea y Hillbrow.

La comunidad negra, confinada en Soweto, y con acceso terminantemente prohibido a los barrios de blancos a excepción de para trabajar en la cocina y en el jardín, mantuvo las comunidades separadas durante años.

Desafiando las leyes del apartheid, en 1985 las parejas mixtas se convirtieron en una realidad en los barrios de Berea y Hillbrow, donde se encuentra Ponte. Así fue como estos dos barrios pasaron de ser la cuna de las oportunidades y el éxito, a convertirse en la denominada zona gris (por ser el color que emerge de la mezcla del negro y el blanco).

La transformación en zona gris, trajo consigo cortes indefinidos del suministro eléctrico, el hundimiento de la economía local, la renuncia por parte de la policía de patrullar la zona, la ocupación de gran parte de los edificios de la zona, y el abandono de la zona por parte de la élite blanca. Los barrios y edificios de Berea y Hillbrow quedaron desiertos, con la incertidumbre de quién sería el próximo en habitar la zona.

Esta situación, sumada años más tarde al fin del apartheid y la apertura de fronteras como parte de las políticas de Mandela, propició una oleada de migrantes africanos en busca de oportunidades en el nuevo Sudáfrica. Congoleños y zimbabuenses, en su mayoría, encontraron un Ponte City vacío del que los blancos habían huido, y del que hacía años que los gánsteres locales habían tomado posesión. A los recién llegados, no les quedó otra que atenerse a las condiciones de los gánsteres que ocupaban el edificio.

Ponte, la decadencia

La prostitución, el tráfico de drogas y armas y los alquileres indecentes para los migrantes recién llegados se convierten en protagonistas en el interior del rascacielos. Los gánsteres con tal de hacer negocio, hacinan a 10.000 personas en un edificio construido para albergar a 2.000 personas.

Fueron años negros para Ponte. Sin electricidad ni ascensores que funcionasen, la mejor forma que encontraron los vecinos para deshacerse de sus basuras fue lanzándola al núcleo (el patio de luces) de Ponte desde sus ventanas. La basura se fue acumulando en el núcleo y llegó a alcanzar la planta 14. La elevada altura del edificio junto con la decadencia de Ponte en aquel momento hizo que se convirtiese en el centro de suicidios de la ciudad. Aún se desconoce la cifra de cadáveres que se encontraron entre la basura cuando años después se vació el núcleo de kilos y kilos de desechos.

El núcleo de Ponte City

Ponte, el renacimiento

En 2003 Kempston Group, propietario del edificio, con la vista puesta en el mundial de futbol que se celebraría en 2010, toman las riendas del edificio para hacerle un lavado de cara. Dennis y su mujer, los actuales gerentes del edificio, son unos de los pocos blancos viviendo en Ponte.

Las primeras acciones de dignificación del edificio consistieron en retirar toda la basura acumulada durante años. Con el fin de evitar recaer en la espiral de suicidios y lanzamiento de basura, se sellaron todas las ventanas del núcleo, añadiendo una sensación de claustrofobia debida al aire estancado en los pasillos.

Descendemos hasta el núcleo de Ponte para hacernos a la idea de lo que pudo ser aquello invadido por la basura años atrás. Las escaleras que nos conducen al núcleo son estrechas, y la escasa luz nos obliga a llevar un paso lento, asegurando la sujeción en cada paso. El lugar es oscuro y húmedo, el clima es sobrecogedor, estamos sobre la base del edificio, construido sobre las rocas originales de Johannesburgo. Alzamos la mirada para encontrar el final del eminente edificio. Se hace el silencio. Imaginamos por unos minutos cómo fueron los años más oscuros de Ponte. Es inevitable estremecerse. Gill interrumpe el momento añadiendo un último dato sobre Ponte, “¿Sabéis que en Ponte se han rodado escenas de películas taquilleras? Creo que la última fue “Resident Evil”.

Se vislumbra una tímida sonrisa, ¿quién le iba a decir al arquitecto de Ponte que su lujoso edificio acabaría siendo escena de una película apocalíptica? De haber sabido la historia de su edificio de antemano, seguramente hubiera deseado que la historia de Ponte hubiera sido simplemente eso, un cúmulo de escenas de una película de ficción.

Vista desde del exterior de Ponte City

Queremos hacer una mención especial a la mejor revista de crónicas de larga de distancia por darnos a conocer Ponte City en su última revista anual de 5W. Por si no los conocéis, aquí su página web: https://www.revista5w.com/

15 comentarios
    • Henard
      Henard Dice:

      Gràcies Dídac!

      Ara, al menys des del que vam poder conèixer nosaltres, tot i que es un lloc hostil en els seu conjunt, es un lloc habitable. En qualsevol cas, ens va faltar també veure l’interior dels apartaments i parlar amb més llogaters, ja que l’únic apartament que vam veure era propietat de la ONG, i es probable que no fos un bon indicador de l’estat de la resta d’apartaments (que segur hi ha haurà de diversos estats), però malauradament ho desconeixem.

      Respecte als seus anys foscos, és difícil imaginar-ho tot i haver estat allà.

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  1. Àngel
    Àngel Dice:

    Brutal… Imaginar los operarios vaciar este cilindro inmundo lleno de cadáveres mientras los traficantes se lo miran desde las plantas altas, dientes doradas y pistola en mano… Brrr…

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  2. Fuentes
    Fuentes Dice:

    Estamos aquí ama y yo mano a mano comentando está última publicación. Brutal tener la sensación de estar ahí con vosotros a través de vuestras palabras. Grande pareja!

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  3. Elena
    Elena Dice:

    Gracias por compartir tantas experiencias, historias y lugares. Estoy aprendiendo tanto con vosotros!!
    Se os echa mucho de menos pero cada post vale la pena la espera y la distancia!
    Un beso grande a los dos!

    Responder

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